Inicio»Carmen»Respeto y solidaridad

Respeto y solidaridad

0
Compartidos
Google+

No es un problema nuevo, no, lo del mal estado de las calles tras las intensas lluvias en Ciudad del Carmen es un tema añejo. Ha ocurrido en todas las administraciones municipales, sin excepción. Unas más que otras, dependiendo de los estragos del fenómeno meteorológico, pero con las consecuencias naturales que ello acarrea. No es algo que nos asuste, pero sí, por supuesto, nos preocupa.

Es una situación de la temporada. Lo ha sido siempre. Las informaciones periodísticas del pasado, incluso, no han perdido actualidad. Las mismas descripciones de ayer, encajan perfectamente con el problema de hoy.

Calles despedazadas, sucias, con presencia de hoyancos y láminas de agua permanente, son el retrato del pasado. Pareciera que el tiempo quedó detenido con este asunto.

Y eso, aclaro, que había desagües naturales. Es más: sucedía aun cuando las calles eran de tierra, de arena principalmente, que supondría la absorción inmediata. Pero no ocurría así. Y es que el obstáculo para ello era y sigue siendo la irregularidad del manto freático.

Hay zonas de la Isla, como sucede con algunos tramos de la calle 31, que están abajo del nivel del mar. Una situación natural.

Toda la vida nos hemos quejado del problema. Denuncias que han asumido los ayuntamientos locales, sean del partido político que fueren. Por eso llama la atención que ahora surjan como redentores los mismos que en el pasado no pudieron dar respuesta a ese problema de siempre que hoy se padece.

‘Baches’ en calles mal pavimentadas que dejaron esas administraciones. Paradójico ¿O no?

 

ESTÁN PEOR QUE NUNCA

Nuestras arterias citadinas están destruidas. Es la realidad. Tampoco, claro, al extremo con que la magnifican los agoreros del desastre. Y, desde luego, son vías peligrosas por lo mismo. Pero de eso a que ahora están peor que nunca, hay mucha distancia. Pienso, y creo no equivocarme, que más quedaron dañadas en 1995 cuando los huracanes Opal y Roxana. Y pese a ello salimos adelante.

Lo peor es que en nuestro resentimiento queremos culpar de todo al Ayuntamiento. Algo por demás inútil. Como si las autoridades en general tuvieran responsabilidad de estos desastres. O, más cercano, como si el actual Gobierno Municipal tuviera la culpa de la cauda de errores de planeación de todos sus antecesores. Hay que ser justos e imparciales en la medida de nuestros análisis.

Pero el asunto no queda ahí. Al final de cuentas el problema del deterioro de las calles de Ciudad del Carmen es un tema que nos compete a todos, pueblo y Gobierno. Yo pregunto: ¿Qué hemos hecho nosotros como ciudadanos para cuidar esas arterias urbanas por donde transitamos a diario? ¿Acaso respetamos el Bando Municipal para evitar su deterioro, como el no tirar aguas negras o jabonosas?

Para exigir hay que cumplir. Lo mismo del lado del Gobierno que del ciudadano. Pero si no cumplimos con nuestras obligaciones, ¿cómo le exigimos a una autoridad determinada que a su vez cumpla con sus funciones? O viceversa. Las exigencias se dan en la medida que se otorgue el respeto. Y aquí hemos fallado los habitantes, como si no nos importara esta ciudad que nos ha cobijado.

 

ACTO INDEBIDO

Ha habido acciones de necedad. Cuántas veces concluida la pavimentación de concreto hidráulico, a algún vecino se le ocurre poner de concreto el techo de su casa y utilizan sus trabajadores la calle para preparar la mezcla. Esto es un acto indebido.

Pero si la autoridad actúa y lo sanciona, entonces el villano es el Gobierno. No queremos reconocer que nosotros, como ciudadanos, estamos mal.

Pero sí criticamos. Se nos hace fácil escudarnos tras un teléfono y despotricar en la radio nuestras amarguras contra la autoridad en turno, sea cual fuere, o utilizar un pseudónimo y levantar falsos testimonios en las redes sociales. Porque para eso sí somos buenos. Vemos la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el nuestro. No queremos ver más allá de nuestros errores y defectos. Lástima.

Las calles, pues, son una calamidad en estos momentos. Este rostro urbano nos hiere, nos desagrada, nos martiriza. Los que amamos esta ciudad, de por sí generosa, nos duele ver este panorama. Semeja un fatal abandono. Pero nadie es culpable de lo que la naturaleza causa. O, en otro extremo, somos culpables todos. Pero nadie, Gobierno y pueblo, está exento de la responsabilidad mancomunada.

Nos hace falta solidaridad. Tanto de los que acusan sin verse la ‘cola’ y hoy quieren darse golpes de pecho, como de los que actuamos con pasividad y sólo vemos pasar los embarques del lodo ofensivo contra las autoridades. Si todos pensáramos en el bien común, Ciudad del Carmen fuera otra. Sería —creo que sueño demasiado— como ese pueblo de antaño donde vivíamos en paz soberana.

Pero, claro, lo tenemos que hacer los carmelitas, nativos y adoptivos, pues nada hay que esperar de los que no se identifican con esta tierra aun cuando les mate el hambre. No hay que pedir mucho.

Basta que, pueblo y Gobierno, se respeten, se solidaricen por las causas justas, trabajen con honestidad y, desde luego, se brinden confianza. Algo utópico quizá, pero que puede hacerse realidad.

Noticia anterior

Queman bandera de EU ante la negativa de revisar caso Tamayo

Siguiente noticia

Aeropuerto cumple 70