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Arribo del rey Momo, tradición

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El silencio de aquella tarde fue roto en Ciudad del Carmen con unos estentóreos gritos:

—¡Ya llegó Sebastián con toda su plebe, si alguien se mueve le damos raquiatán!

Y al descompás de una música integrada con caracoles en mano, unos palos y dos viejas guitarras, y con el desacorde de unas voces que interpretaban alguna melodía que más semejaban a unos maullidos, el grupo aquel, de apenas diez personas, recorría las arenosas calles de la Isla.

Era el 20 de enero, el onomástico y cumpleaños de don Sebastián Molás Álvarez, un antiguo trabajador de la finca rústica “La Manigua”, primero a las órdenes de don George Ludewig y posteriormente bajo el mando de doña Josefa Koch de Hahn quien en 1905 adquirió la propiedad.

—¡Ya llegó Sebastián con toda su plebe, si alguien se mueve le damos raquiatán! —gritaban, en coro, los miembros del grupo.

Era la forma en que, año con año, desde hacía algún tiempo (al parecer desde 1887), don Sebastián Molás celebraba su aniversario. Todos los participantes iban disfrazados y, en el caso del festejado, utilizaba, como costumbre, un traje de bufón.

Al final del recorrido, que casi siempre comenzaba en La Manigua y concluía en su domicilio ubicado cerca de La Mostacilla, a don Sebastián se le imponía la corona de El Rey Bufón.

El pueblo, ya por inercia, esperaba cada 20 de enero esta celebración que, por cierto, permaneció hasta 1909, año en que falleció aquel simpático personaje cuyo carácter, afable y alegre, fue prototipo del lagunero dicharachero y muy jovial.

Los habitantes, más por curiosidad que por otra circunstancia, le seguían sus excentricidades, y con él y sus amigos compartía la comunidad su arribo a la ciudad, su paseo por las calles y su coronación en su domicilio particular.

Hay algunas voces —como es el caso de Perfecto Vadillo— que piensan que el Carnaval de Ciudad del Carmen —cuya antigüedad data de 1796— comenzó a celebrarse cada 20 de enero precisamente por este festejo especial que realizaba don Sebastián Molás Álvarez con motivo de su onomástico y de su cumpleaños, sobre todo por los atuendos que él y sus compañeros utilizaban: disfraces de dominós, de bufones y hasta de piratas.

 

COSTUMBRE

Lo cierto es que la costumbre de iniciar el Carnaval carmelita cada 20 de enero surgió a raíz del arribo que los trabajadores chicleros hacían a la Isla del Carmen luego de sus largas faenas en el campo.

Los dueños de los “toldos” aprovechaban esta circunstancia para instalar estas carpas, adelantándose a los días efectivos que para este festejo popular marcaba el calendario. El toldo más famoso era el de “El Tronco” que estaba en “la mal llamada calle de las caricias”, según asienta don Justo R. Acevedo en 1909.

En esas carpas los chicleros gastaban el monto de su salario divirtiéndose no sólo ingiriendo bebidas embriagantes y disfrutando de las mujeres, sino adelantando el carnaval. Allí, en medio de las jaranas y el zapateado, estos trabajadores escogían entre ellos a quien sería coronado como Rey Momo de esta festividad, y en el acto era efectuada la ceremonia.

El elegido era objeto de un simulacro: como corona se le imponía algún objeto a la mano que mayormente era cartón semejando a la diadema real, y el cetro era un madero rústico y casi siempre deforme. La cuestión era divertirse y compartir la alegría de Momo.

Esta costumbre de iniciar el 20 de enero las carnestolendas fue realizada por vez primera en 1892. La nota informativa de la época narra que la celebración tuvo lugar precisamente en el toldo “El Tronco” (que estuvo ubicado en lo que después serían las calles 27 por 30), donde por ese tiempo funcionaba la llamada “Zona Roja”, es decir, el área donde estaban confinados los burdeles y otros antros de vicio. Aquí fue donde se formuló esta costumbre que, casi de inmediato, se arraigó en la sociedad carmelita.

Se comprenderá entonces el por qué del Carnaval que en Ciudad del Carmen surgió en 1796, comenzó a ser el más extenso de la región a partir de 1892 una vez que fue oficializado su inicio el 20 de enero de cada año.

Por ello la costumbre, desde entonces, de marcar la pauta de los festejos a Momo el día en que la liturgia católica recuerda a San Sebastián.

Es en esa fecha en que la población carmelita se vuelca en las calles para presenciar el paso de quien haya sido elegido Rey Momo acompañado de su séquito, para después dar lectura a su esperado decreto.

 

HUMOR

Revisar las páginas de los periódicos que todos los años, para esas fechas, han hablado del comienzo del carnaval carmelita con el arribo del Rey Momo o Feo, es un deleite cuando la descripción es realizada con humor, ingenio y sagacidad.

Con estas cualidades encontré un artículo escrito en 1951 por Antonio Vadillo O’Conué, con un título muy sugestivo: “¡San Sebastián, San Sebastián, quítame mis amarguras: Viva el Carnaval!”. Me parece interesante transcribir parte de este trabajo informativo:

“Hoy —comienza diciendo don Toñico Vadillo— hace su entrada triunfal por la vía marítima, acompañado de sus “lambiscones” en esta “desnutrida” y “famélica” Isla, el rey Momo, acompañado también de su inseparable “mamá”. No viene a implantar o a hacer renacer el “comunismo” ni alguna otra doctrina exótica, porque a semejanza del “compadriaco” nos reímos de los bigotes de Stalin y de las bravatas de Mr. Truman.

“Marx y Engels, que quizás fueron más inteligentes que nosotros, pregonaron el “socialismo”, y nosotros también llevando la contraria pregonamos el “relajismo”. Ellos buscaban igualdad de las “masas”; nosotros buscamos la “rebaja de la masa”. Hablaban de “plusvalía”, nosotros hablamos de “alegría”. Dejando plenamente aclarado esto, proponemos a este “encarecido” pueblo carmelita que si tiene penas, que no las cuente.

“A reír, a divertirnos que en este año “sin cuenta” (50) y el intruso “uno” (1), más trágico que Nelly Muley y más negro que un bongosero de Guanabacoa Cayo Mambi, en el que “Asia”… ya vamos, es un polvorín que amenaza al mundo en dejar a los privilegiados sin cocineros y planchadores, en el que Europa usa bayonetas por palillos de dientes, mientras “Ike” pide limosna de divisiones, en este año por fin, en que la mano de nuestra “doña Leonor” se ve asediada de pretendientes, todos ellos redentores que nos prometen una vida mejor.

“Vamos a la Revolución al grito de ¡Ay, mamá, mis enaguas!, provistos de tambaches de trago a implantar por la fuerza, ya que es costumbre el “relajismo”, ¡Pues viva el “relajismo”! ¡Hombres feos, viejas “rucas”, a colocarse una careta y a darle movimiento al músculo si lo hay, y al trago… que tomorrow, cruda!

“Como este sábado termina la justa deportiva en el que se disputan el primer lugar Campeche y Carmen, y considerando que nosotros no podemos vivir sin los deportes, proponemos lo siguiente: si ganamos, ¡que Dios nos ayude!, iniciaremos el campeonato del viril deporte del “mambo”.

Si perdemos, ¡que Dios nos ayude más!, practicaremos el deporte del “jai-bol” para que las penas que no saben nadar, se ahoguen.

“Pueblo carmelita: este Carnaval es mezquino, tan avaro como la bolsa de un prestamista, tres domingos, ¡qué calamidad! No cabe duda que nos acompañan grandes males. Por lo tanto, prendamos la mecha de la alegría al cañón de la “Bachimba” y que estalle la rebelión en apoyo del “relajismo”. Nuestras bodegas están abarrotadas: ¡Patey! ¡Cañac! y ¡Mambo!… Que el cara de foca las vuelva locas.

“San Sebastián, San Sebastián, quítame mis amarguras: Viva el Carnaval!”.

Hasta aquí el ingenioso comentario de don Antonio Vadillo O’ Conué en donde hace mención de algunos políticos mundiales del momento como José Stalin, o personajes populares carmelitas como el famoso “compadriaco”, y hasta de “Doña Leonor” en similitud a la Presidencia Municipal.

Bien se sabe entonces que el Carnaval de Ciudad del Carmen es no sólo uno de los más antiguos de la República Mexicana dado que la primera ocasión que fue celebrado ocurrió en 1796, sino también uno de los más extensos ya que comienza cada 20 de enero y cuya costumbre surgió en 1892.

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