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Sacerdotes pederastas se escudan en la sotana

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En ninguna religión se puede permitir que una persona atente contra la integridad sexual de un menor, porque no sólo transgrede —escudado en la sotana—, los principios morales de Dios, sino marca para toda la vida a la víctima.

Señaló lo anterior Cielo Leyva Montero, secretaria de Vinculación de la organización cristiana Jóvenes en Cristo, al reprobar que un sacerdote católico use su cargo en el Seminario Menor para abusar sexualmente de su alumno.

“Lo que puedo entender de acuerdo a lo que leí, es que el jovencito católico tenía la intención de formarse y a la larga convertirse en cura, pero a cambio fue introducido en las desviaciones sexuales del sacerdote, según lo que es dirimido ante las autoridades”.

“Como jóvenes, y sin pertenecer a las creencias católicas, me parece que se debe castigar con todo el peso de la ley, como actualmente creo que es juzgado el padre, sin importar el peso que tenga una sotana”, aseveró.

Pareciera que los casos de cursas pederastas —prosiguió Leyva Montero—, sólo ocurrían en otros estados y en otras partes del mundo, por lo cual nadie imaginaría que en nuestra Isla era perpetrado un abuso de esta índole.

Al abundar sobre el caso del clérigo Gustavo Alberto Z.T., acusado a finales del 2018 de violación equiparada y abuso sexual contra un menor de edad, expuso que este tipo de casos son secreto a voces, sin embargo, no hay denuncia por temor a críticas y al repudio familiar.

“Estas personas (por los sacerdotes pederastas), se esconden detrás de la sotana para cometer ilícitos, se amparan en los códigos eclesiásticos que ellos mismos imponen para que no se den a conocer sus fechorías, pero la misma la palabra de Dios nos llama a ser valientes y, por ello, se debe denunciar todo acto inmoral que atente contra los niños, jóvenes y familias”.

El padre Gustavo no debe olvidar que la palabra de Dios es clara, pues Mateo 18 dice: “Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar”.

Este menor tenía ilusiones de crecer religiosamente, pero el acusado se las arrancó de tajo, prácticamente lo condenó a olvidarse de la religión y a no creer más en estos falsos guías espirituales, mencionó.

De ninguna manera —aclaró—, culpo a la jerarquía católica, pues no creo que enseñe a ir en contra de la palabra de Dios, pero debe vigilar con mayor pulcritud a quienes portan un hábito, porque estos casos son más que censurables.

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