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Servidores públicos protegieron a Yáñez

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El desastre que prevalece en Oceanografía por los litigios laborales y mercantiles contra el empresario Amado Yáñez Osuna, es parte de la red de corrupción que se tejió desde la primera administración panista, e involucra a jueces, magistrados, abogados, sindicatos charros, funcionarios de Hacienda y Pemex, que operaron a favor del inversionista, acusó Carlos León Ramírez, presidente de la Asociación de Jubilados de Petróleos.

Aunque Amado Yáñez dijo públicamente que no se rendirá y que a su juicio lo atacan a cambio de extorsión —agregó—, lo cierto es que sus nexos empresariales de antaño siempre lo mantendrán en el “ojo del huracán”.

El ejemplo de la catástrofe del entonces emporio Oceanografía arreció hace tres años, cuando inició el calvario de los exobreros por las amenazas, vejaciones y humillaciones de las huestes del empresario naviero, para no pagar liquidaciones.

La diferencia entre el pasado y el presente, es que anteriormente Yáñez Osuna estaba “blindado” hasta por personal de las juntas de Conciliación y Arbitraje, y hoy se niega a enfrentar su realidad y se aferra con uñas y dientes para no cumplir con litigios concluidos y procesos de remate de varias pertenencias que acumuló, enfatizó León Ramírez.

“Desde el inicio de esta pugna laboral, recurrió a intimidaciones para evitar que líderes de los afectados continuaran impulsando acciones y juicios laborales en su contra”.

“Las amenazas de muerte, llamadas intimidatorias a representantes de extrabajadores frenaron las constantes protestas en su contra, y al parecer está involucrado en la quema de una camioneta en las afueras de Conciliación”, consideró.

Pareciera especulación —prosiguió el dirigente de jubilados—, pero el 17 de mayo de 2018, de forma más que sospechosa falleció de un infarto el exobrero José Maximino Pérez Sánchez, de 48 años de edad, aunque algunos testigos dijeron dos personas estuvieron con él antes de que fuera hallado muerto.

También hay que recordar que ese día, dos extrabajadores fueron agredidos. Francisco Miguel Rodríguez recibió siete “piquetes” de arma blanca, mientras Elías Marín sufrió un atentado en el cuello, y por fortuna ninguno falleció, expresó.

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