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OAXACA de naturaleza escultural

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Nuestro recorrido comienza en dirección al corazón de la abrupta sierra mixe. A media hora de Mitla y a 70 kilómetros del centro de Oaxaca se localiza un paisaje de cascadas petrificadas, un fenómeno que sólo se creó en dos lugares del mundo, aquí y en Pamukkale, Turquía.

El camino accidentado serpentea entre la sierra y permite admirar las tonalidades de las montañas que contrastan entre la aridez de la tierra y el verdor de la vegetación que se combinan en este escenario.

Los lugareños se ofrecen como guías y quién mejor que ellos para contarnos un poco de este paraíso llamado Hierve El Agua. Para descender a la “raíz” de estas cascadas petrificadas nos equipan con largos y robustos bastones de madera que servirán de apoyo.

Ejercitamos las piernas bajando unos cuantos escalones que, metros más adelante, se convierten en piedras. Hay que pisar con mucha precaución, por lo que se recomienda llevar calzado cómodo y resistente a largas caminatas.

Mientras llegamos al primer mirador, nos rodean altos encinos y diferentes tipos de cactáceas: tetechos, nopales y biznagas.

Desde este punto, nuestra mirada advierte un escenario que por su belleza podría ser una alucinación: un oasis entre cerros marrones, compuesto por dos pozas de agua verde esmeralda que destacan por la blancura de la tierra que las rodea, y dos atractivas cascadas, de las que no cae agua, precisamente.

Su gran atractivo es que, a través de los años, el caudal de agua cargada de minerales (calcio, potasio y azufre) que escurría por estas dos moles de piedra, de 12 y 30 metros de altura, se secó formando estas cortinas rocosas con superficie arrugada, haciéndolas ver como velas derretidas.

Hace dos mil 500 años las caídas de agua formaron parte del sistema de riego de los zapotecos, quienes les dieron un significado sagrado por haber dado vida a sus cosechas.

Aunque su nombre está asociado a manantiales de aguas termales, la temperatura de Hierve El Agua no es caliente; en realidad oscila entre los 22° C y los 27° C.

Al fin llegamos a esas albercas naturales que se desparraman en la cima de las cascadas. El sitio es como una enorme terraza con piscinas de borde infinito, desde donde se contempla la sierra. Aquí, un par de ancianos mojan sus pies, mientras que unos mochileros canadienses no dudan en echarse unos chapuzones. Decidimos seguir su ejemplo, nos despojamos de la ropa y nos zambullimos para refrescarnos.

Después de nadar concluimos nuestra estancia en una zona de descanso con unas banquitas que rodean un frondoso árbol. El silencio que predomina en Hierve El Agua invita a leer un libro, meditar o, lo que hacemos nosotros, quedarse aquí, en actitud contemplativa, convenciéndonos de que este paisaje sí es de a de veras.

 

El inframundo

A 50 minutos del centro de Oaxaca se encuentra el inframundo de la cultura zapoteca, un recinto ceremonial llamado Mitla que enaltece el culto a la muerte, resguardando los restos de personajes de alto rango de esta civilización.

Los zapotecos adoraban a sus antepasados y creían en la existencia de un paraíso subterráneo, ya que sus generaciones anteriores surgían de la tierra. A pesar de que no hay datos exactos del surgimiento de este centro ceremonial se sabe que después de vivir dos mil años en el valle, el dios de la muerte y el inframundo, Pitao Bezelao, les señaló el lugar en el que debían construir la entrada a la eternidad, así nació Mitla.

El tiempo aproximado de recorrido en esta zona arqueológica es de dos horas.

Evelyn Velazquez

Evelyn VelazquezNuestro recorrido comienza en dirección al corazón de la abrupta sierra mixe. A media hora de Mitla y a 70 kilómetros del centro de Oaxaca se localiza un paisaje de cascadas petrificadas, un fenómeno que sólo se creó en dos lugares del mundo, aquí y en Pamukkale, Turquía.El camino accidentado serpentea entre la sierra y permite admirar las tonalidades de las montañas que contrastan entre la aridez de la tierra y el verdor de la vegetación que se combinan en este escenario.Los lugareños se ofrecen como guías y quién mejor que ellos para contarnos un poco de este paraíso llamado Hierve El Agua. Para descender a la “raíz” de estas cascadas petrificadas nos equipan con largos y robustos bastones de madera que servirán de apoyo.Ejercitamos las piernas bajando unos cuantos escalones que, metros más adelante, se convierten en piedras. Hay que pisar con mucha precaución, por lo que se recomienda llevar calzado cómodo y resistente a largas caminatas.Mientras llegamos al primer mirador, nos rodean altos encinos y diferentes tipos de cactáceas: tetechos, nopales y biznagas.Desde este punto, nuestra mirada advierte un escenario que por su belleza podría ser una alucinación: un oasis entre cerros marrones, compuesto por dos pozas de agua verde esmeralda que destacan por la blancura de la tierra que las rodea, y dos atractivas cascadas, de las que no cae agua, precisamente.Su gran atractivo es que, a través de los años, el caudal de agua cargada de minerales (calcio, potasio y azufre) que escurría por estas dos moles de piedra, de 12 y 30 metros de altura, se secó formando estas cortinas rocosas con superficie arrugada, haciéndolas ver como velas derretidas.Hace dos mil 500 años las caídas de agua formaron parte del sistema de riego de los zapotecos, quienes les dieron un significado sagrado por haber dado vida a sus cosechas.Aunque su nombre está asociado a manantiales de aguas termales, la temperatura de Hierve El Agua no es caliente; en realidad oscila entre los 22° C y los 27° C.Al fin llegamos a esas albercas naturales que se desparraman en la cima de las cascadas. El sitio es como una enorme terraza con piscinas de borde infinito, desde donde se contempla la sierra. Aquí, un par de ancianos mojan sus pies, mientras que unos mochileros canadienses no dudan en echarse unos chapuzones. Decidimos seguir su ejemplo, nos despojamos de la ropa y nos zambullimos para refrescarnos.Después de nadar concluimos nuestra estancia en una zona de descanso con unas banquitas que rodean un frondoso árbol. El silencio que predomina en Hierve El Agua invita a leer un libro, meditar o, lo que hacemos nosotros, quedarse aquí, en actitud contemplativa, convenciéndonos de que este paisaje sí es de a de veras.
El inframundoA 50 minutos del centro de Oaxaca se encuentra el inframundo de la cultura zapoteca, un recinto ceremonial llamado Mitla que enaltece el culto a la muerte, resguardando los restos de personajes de alto rango de esta civilización.Los zapotecos adoraban a sus antepasados y creían en la existencia de un paraíso subterráneo, ya que sus generaciones anteriores surgían de la tierra. A pesar de que no hay datos exactos del surgimiento de este centro ceremonial se sabe que después de vivir dos mil años en el valle, el dios de la muerte y el inframundo, Pitao Bezelao, les señaló el lugar en el que debían construir la entrada a la eternidad, así nació Mitla.El tiempo aproximado de recorrido en esta zona arqueológica es de dos horas.

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