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La dieta: amiga o enemiga

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Todo el mundo habla de la pobre y triste dieta en fiestas, reuniones, Navidad, vacaciones, trabajo, etcétera, pero, ¿realmente entendemos el significado de la dieta?

Dieta, palabras más, palabras menos, es igual a todo lo que comemos y bebemos durante el día. La mayoría de la gente piensa que dieta es tener hambre, comer poquito, comer muchas frutas, verduras, y dejar todos los alimentos que nos gustan.

Cuando platico, que va más ahí que una simple palabra, es con conocimiento, tan sencillo como eso. Haciendo una buena dieta vives de mejor humor, previenes muchas enfermedades, tienes más energía durante el día, te enfermas menos. Entonces, ¿por qué verla como una enemiga si es tan buena onda?

El problema en la percepción de la dieta empezó desde los años 60 más o menos, ahí el concepto en algún punto se distorsionó y valió maceta. Ahora la pobre es odiada, rechazada y malentendida, inclusive hasta por pacientes que están entre la vida y la muerte, pues se les hace molesto modificar su dieta tomando en cuenta que pude ser la solución de la enfermedad, y determinante en el proceso de recuperación.

Pero tenemos hoy que cambiar ese concepto y entender que la dieta puede salvarnos la vida. ¿Todos tenemos un estilo de dieta verdad? A unos les encanta comer tortas de lechón con su refresco bien frío, otros toman mucho café con azúcar “para rendir”, y su buen pan dulce. Algunos se la pasan comiendo papitas durante el trabajo. Muy pocos comen sólo verduras y frutas, y curiosamente son vistos como locos.

Tal vez ya lo sepas, pero tu dieta tiene relación directa con algunos factores como la educación, cultura, lugar donde vives, salud, costumbres, emociones, apatía, motivación, etcétera. Son hábitos creados desde niños por nuestros padres y familia. Si careciste de buena educación nutricional, es más complejo poder modificar los hábitos, pero nunca será imposible con conocimiento y ganas.

Por ejemplo, te daré algunos “tips” para que tu dieta pueda mejorar; hazlo y verás los beneficios en menos de 10 días:

 

-Desayuna máximo una hora después de levantarte.

-Elimina refrescos azucarados. Son veneno para tu salud.

-Elimina el salero de la mesa.

-Toma entre dos a tres litros de agua al día. Un vasito en ayunas es la gloria y modifica el PH de tu sangre.

-Aumenta el consumo de frutas y verduras e inclúyelas en cada comida.

-Un clásico que funciona: desayuna como rey, come como príncipe y cena como mendigo.

-Reduce al máximo bebidas con alcohol.

-De dos a tres veces a la semana, no consumas ningún tipo de carne durante el día.

 

Sé que se lee sencillo, pero cambiar nuestra dieta cuesta y mucho, porque ponemos a prueba nuestra disciplina, las emociones y la constancia. Pero te repito, vale la pena. La dieta deberá ser nuestra amiga por siempre. Deja ya de verla como tu enemiga y empieza el cambio hacia una vida mejor.

Llévate el cambio con calma, paso a pasito, suave, suavecito… como dice la canción. Espero que este artículo le haya sido de utilidad. Nos leemos pronto.

Manuel Sosa Gantús

 

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