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Celso Piña reúne a miles en Cervantino

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GUANAJUATO, Gto.– Apenas una hora y 20 minutos duró el sueño convertido en realidad. Celso Piña, el acordeonista regio, se consagró como uno de los artistas más esperados del Festival Internacional Cervantino.

Anteanoche, durante su concierto en la Explanada de la Vieja estación de Ferrocarril–uno de los nuevos espacios al aire libre que abrió el festival en esta edición, reunió a miles de sus admiradores en un concierto de vallenato.

Como parte del programa “Callegenera” que organizó el Gobierno de Nuevo León, en su calidad de Estado invitado de honor, el acordeonista nacido en Monterrey en 1953, puso a bailar o al menos a tararear –porque bailar era contra las reglas– hasta los mismos policías que resguardaban el espacio que desde antes de las siete de la noche ya se encontraba ocupado por los habitantes de la ciudad y turistas cervantinos que querían cantar al ritmo de “Cumbia sobre el río” y “Bésela ya”.

Pasadas las once de la noche, el llamado “Rebelde del acordeón” apareció por fin sobre el escenario acompañado de su Ronda Bogotá, para deleite de los asistentes que desde las 22:00 horas pudieron escuchar los ritmos de Monterrey a través de las interpretaciones de Los Siriguayos, quienes tuvieron a su cargo la primera parte del concierto englobado en la línea “Música del mundo”.

Nadie de movió de sus lugares hasta que vieron subir al escenario a Celso Piña de chamarra roja abriendo las manos en señal de cariño y diciendo: “Gracias Guanajuato, donde la vida no vale nada”.

Nadie pudo contener el grito de “Celso Piña, Celso Piña” cuando lo vieron tomar su acordeón y marcar las primeras notas de “Macondo”, en memoria de Gabriel García Márquez, y luego de “La Piragua” muy al estilo del músico regiomontano.

Fue una noche esplendorosa a pesar del viento helado que sólo sentían los que habían quedado en la lomita o los que estaban siguiendo el concierto desde sus casas, pues la Explanada de la vieja estación de Ferrocarril, que durante todo el año es una casa de cultura, está enclavada entre dos cerros con casas donde los habitantes instalaron sus sillas, casi como palco.

A las 12:30 de la noche, el hechizo se acabó y los miles de asistentes que llegaron hasta el concierto de Celso Piña, fueron abandonando esa parte de la ciudad y tomaban la salida hacia Silao, caminaba en hordas hacia el centro de Guanajuato o tomaban por las calles de arriba de la Alhóndiga de Granaditas. Un rico concierto para cerrar el domingo del segundo fin de semana del Cervantino.

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