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La danza es una pasión, dice Ana Rosa Cáceres

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A sus 82 años de edad, la recientemente galardonada con el Premio Campeche, maestra Ana Rosa Cáceres de Baqueiro, asegura que ha cumplido sus dos grandes sueños: una hermosa familia y su escuela de danza, que a 67 años de su fundación ha formado a 48 generaciones, con alumnas que han triunfado en el mundo.

La maestra recibió al reportero en su academia, ubicada en la calle 12 número 193 del Centro Histórico, donde primero vio crecer a sus hijos biológicos y después formó a sus hijas artísticas.

Mira hacia su interior en busca de recuerdos y a su mente regresan sus inicios. “En la danza podría decir que llevo toda una vida. Tenía cuatro años de edad cuando entré a la escuela de la maestra Lupita Núñez Peraza, que se encontraba en Mérida. Mis papás querían que yo entrara al Instituto Nacional de Bellas Artes, pero la edad mínima era de siete años, así que seguí asistiendo con mi maestra Lupita”, recordó.

Al ajustar los siete años sus papás la llevaron a Bellas Artes a estudiar, pero nunca dejó de ir  a la escuela de la maestra Lupita Núñez. Después llegó a vivir a la ciudad la rusa Nina Shestakova, a quien se acercó para seguir estudiando y aprender nuevas cosas.

En 1950 se graduó de maestra en Bellas Artes, y ese mismo año la invitaron a bailar en Campeche, porque en ese tiempo clausuraba el Jardín de Niños “Florinda Batista”, y la directora Ledia Rosado sabía por una tía que ella bailaba. Así que la invitaron para que se presentará en el teatro del PRI, que se encontraba sobre la calle 12 del Centro Histórico.

“En la década de los 50´s no existían los medios de comunicación de ahora, la gente no veía televisión, si acaso había un radio en la casa, y cuando la gente me vio bailar de punta, sintió un entusiasmo muy grande. Yo apenas tenía 15 años. Recuerdo que me rodearon muchas madres de familia, pidiéndome que les diera clases a sus hijas”.

Me dijeron que en Campeche nadie sabía nada de ballet y no había ninguna escuela de danza, y siendo aún adolescente me aventuré a abrir la primera academia. “¿Cómo era  posible que no se tuviera? ¿Qué hacían las niñas por las tardes? Esas preguntas me hice y me contestó al mismo tiempo: “solo se sentaban a costurar o a tejer”.

Suspira profundamente cuando el recuerdo se aparca en esa etapa. De su primer local en la  casa de la señora Isaura Rodríguez de Baqueiro, que se encuentra frente al parque de San Francisco, donde estuvo dos años. Después pasó a la casa de una tía que vivía en Guadalupe, sobre la calle 10, donde permaneció otros cuatro años. De su época como maestra de danza del Instituto Campechano, donde la invitó el director, Ermilo Sandoval, quien también le hizo el favor de prestarle en las tardes un salón para que diera clases particulares.

“Amo tanto a Campeche, que me casé en esta bella ciudad”, enfatizó. Aquí nacieron mis hijos, y para ello rentamos una casa, donde es ahora la Academia de Danza “Ana Rosa Cáceres de Baqueiro”, que al paso de los años fue adquirida por mi esposo Jorge Alberto Baqueiro Rodríguez. “Si esta casa hablara, diría mucho. Después yo le decía a mi esposo que necesitaba esa casa para hacer mi escuela, y un día me dijo que era nuestra y que podía hacer lo que yo quisiera”.

 

NADA ES FÁCIL EN LA VIDA

“Empezamos a hacer la escuela. Las cosas se dicen fáciles, y nada lo es en este mundo, pero cuando tú quieres y deseas algo y pones esfuerzo y empeño, lo logras poquito a poquito. La danza es una pasión, un amor que sientes por algo, y si tienes la suerte de que tus padres te apoyen en eso que te gusta, pues te desarrollas con más facilidad”, apuntó.

Por ser casa grande, primero se hizo un salón, y después el otro. Se les fue equipando y estableciendo como debería ser, con todas las medidas y necesidades que requerían los bailarines. En la escuela se tienen cinco pianos, cada año le compraba por abonos uno a don Leovigildo Gómez “Viluch”. Al terminar de pagarle, agarraba otro, y así lo fuimos haciendo a través de 67 años.

Con el tiempo empezamos a traer maestros de todo el mundo, para que enseñaran lo nuevo e innovador, y con ello tener mejor preparación.

Gracias a la danza, muchos jóvenes han tenido la oportunidad de salir de Campeche, para conocer nuevos lugares. Ahora tenemos una exalumna, María Daniela González, que está en Francia. Otra primera bailarina, Carla Paola Lastra, que está en Guadalajara. Son muchas las que vienen, pero todas tienen una meta, ya que estudian seis años infantiles y seis años profesionalmente.

La satisfacción más grande fue ver realizada esta escuela. Todos nos vamos a morir, no sabemos cuándo, pero me voy con una gran satisfacción de dejarle a Campeche una escuela digna, porque hay de escuelas a escuelas. Esta es una academia que cuando viene la gente se asombra de verla. Todos los salones tienen el equipo que se necesita.

 

MATRIMONIO DE 64 AÑOS

Me siento muy orgullosa de mi familia. Tengo 64 años de casada con Jorge Alberto Baqueiro Rodríguez, con quien tuve cinco hijos. Dios no me mandó a ninguna niña, porque todas las niñas de mi academia son mis hijas, y con eso me basta.

Mis cinco  hijos son Jorge Alberto, Carlos Emilio, Gerardo Antonio, Fernando de Jesús y Ricardo Enrique Baqueiro Cáceres. Son hombres de bien y honestos que tienen sus propias familias. Esa es una satisfacción muy grande para cualquier padre de familia, y haber logrado esta escuela con muchas dificultades, trabajo y carencias, yo no tengo como agradecerle a Dios lo que me ha dado.

Sobre el Premio Campeche, expresó que es una satisfacción muy grande, porque son varias las personas y autoridades involucradas que dijeron sí por mí. Es una satisfacción ver que todo el trabajo que has hecho se valora. Di clases 15 años en el Instituto Campechano, 25 años en la Escuela Secundaria Técnica No. 1 la llamada “Prevo” y 67 años en mi escuela de danza Ana Rosa Cáceres. Entonces otorgarme ese premio me llena de orgullo, porque pienso que todas las personas nos vamos a ir, pero todas debemos dejar una huella de lo que hacemos.

Recordó que en 1989 recibió la Medalla San Francisco de Campeche, y que  nunca pasó por su imaginación obtenerla. Fue una gran sorpresa.

Con amplia sonrisa señala que se encuentra muy bien de salud, y que tuvo la suerte de que dos de sus hijos se hicieran cargo de la escuela. Ricardo, que es el menor, se hizo cargo de la parte artística, y Gerardo de la administrativa, que se combina con buen equipo, ya que no contratan a cualquier tipo de maestra.

“Soy una persona normal. Mi vida es normal, un ama de casa cualquiera, una maestra, una mamá cualquiera que se preocupa por su casa, su familia y su escuela. Nada extravagante. No fumo, no tomo, ni juego, tengo una alimentación saludable y una vida tranquila”.

Entre bromas y cotorreo su hijo Gerardo, que llegó a media entrevista, reveló que a su mamá le encantan los dulces y los postres, y se quedó a escuchar cosas que no sabía de su mamá. “Es la primera vez en la vida que alguien le pregunta desde hace cuánto que dejó de bailar”.

Ante ello, Ana Rosa señaló  que nunca ha dejado de bailar, y cuando lo hacía más seguido, su esposo se moría de celos. Me decía, vas a salir con vestido largo, no te vayas a poner un vestido corto, no vayas a dar vuelta y se vaya a levantar la falda. En fin, me atormentaba. Cada año me iba a México a cursos de verano a Bellas Artes. Entonces me decía, anda ve, baila todo lo que quieras, pero aquí no, por eso dejé de bailar, estaba muy joven.

Dio tantos años clases, que de repente se encuentra a uno que otro alumno como Brígido A. Redondo, que era su alumno estrella, porque a él le gustaba bailar, cantar y recitar, cuando eso a ningún hombre le gustaba hacerlo.

Me encanta bailar la danza clásica, porque es lo máximo, lo más grande, porque no cualquiera se para en una zapatilla de punta a bailar y a brincar en un escenario, y entre estas dos se compaginan. La danza  es parte de mi vida y mi  vida está dividida en mi familia y en la danza. No hay cabida para más, sostuvo.

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