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Cristo, luz del mundo: obispo

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En el cuarto domingo de Cuaresma, el obispo José Francisco González González instó a la grey católica a encontrarse con Cristo, la luz del mundo que ilumina y libera de toda ceguera moral y espiritual.

Ante decenas de fieles que se dieron cita en la Catedral para escuchar la misa dominical del mediodía, el pastor de la Iglesia hizo alusión al Evangelio según San Juan, cuando Jesús sanó a un ciego de nacimiento y rememoró el pasaje bíblico cuando sus discípulos le preguntaron:

“Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿quién pecó, él o sus padres? A lo que Jesús respondió: Es una falsedad preguntarlo, porque ¿cómo pudo haber pecado antes de nacer?, ¿cómo podría ser castigado por pecado de sus padres? Ya había dado respuesta el profeta Ezequiel: No repitan más el proverbio: los padres comieron uvas agraces, los hijos sufren dentera. Ni él pecó, ni sus padres sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida”.

“Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó en los ojos al ciego, diciéndole: Ve y lávate en el estanque de Siloé (que significa: enviado), el hombre fue y se lavó y al volver ya veía. La gente que lo conocía de nacimiento se preguntaba: es este el hombre que estaba ciego, otros señalaban, se le parece, a lo que el ciego respondió, ¡yo soy!”

González González dijo que el relato es sobrio y lo que interesan son las interrogaciones y de las constantes preguntas, van a ir en aumento las revelaciones sobre Jesús, en boca del mismo ciego. Primero responde que “ese hombre llamado Jesús lo curó”.

Ya bajo presión en los interrogatorios, el ciego confiesa a Jesús como “un profeta” aunque posteriormente, el hombre curado llega a afirmar su creencia en Jesús como “el Hijo de Dios”.

Los ojos del joven estaban ciegos, pero gradualmente se fueron abriendo a la verdad sobre Jesús. Los fariseos se empecinaron en no querer ver esa verdad, expuso el pastor de la Iglesia.

El ciego tiene fe, y atestigua cuán veraz es la palabra de Jesús. No se avergüenza del Señor, aunque la presión es fuerte para hacerlo desistir. Cuando no se está dispuesto a aceptar la verdad y hay presión para que otros no lleguen, es una especie de corrupción, señaló.

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