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Estudiantes me traen agradables recuerdos

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Para Gladys María Chío López ser maestra le costó mucho trabajo, primero porque eran ocho hermanos, segundo, el sueldo era tres pesos pero a ella no le importó, con esfuerzo obtuvo luego la plaza estatal y luego la federal con la que se jubiló con más de cuatro décadas de servicio, hace 12 años.

La escuela donde pasó más tiempo dando clases en la “Apolonio Rivas” hoy “Miguel Alemán Valdez”.

La mentora dijo que inició la carrera magisterial luego de terminar la secundaria a los 16 años, y aunque su progenitor Ramón Chío Villacís fue un obrero del Ingenio La Joya, a siete hermanos le dio carrera, sólo una hermanita no quiso.

Agregó que le costó trabajo terminar la carrera de licenciatura en educación, a los 50 años de edad me dieron el título, “pero conseguí mi objetivo”.

Todos mis hijos siguieron mis pasos, siempre les digo que ser maestro es dar de sí, que se entreguen a su trabajo y que no sea sólo por el sueldo que reciben.

Entre sus alumnos siempre recuerda a Gilberto Sarmiento, un chico de quien decía era muy travieso, “y no era verdad, no era travieso, un Día del Maestro me llevó un ramos de flores, ese es un regalo que nunca se me ha olvidado” dijo dubitativamente la maestra Chío.

A la mayoría de mis alumnos los recuerdo, algunos son profesionistas y otros se mueven en la política.

CONVICIÓN Y VOCACIÓN

El docente debe demostrar ser educador por convicción y vocación, comprometiéndose con la calidad educativa, actualizándose, siempre apoyado por los padres de familias y el gremio magisterial para estar renovados en enseñanza e infraestructura para el bien de la niñez, del Estado y de México.

Dijo la maestra Gabriela Trinidad Ordóñez Pech, con 12 años de servicio, pero sólo siete es los que tiene reconocidos en la dependencia. Actualmente es maestra de la Escuela Primaria “Guadalupe Victoria”.

Estar aquí es decirlo fácil, un docente tiene que aprender a convivir con la gente del lugar donde llega, conocer sus costumbres, sentarse con ellos para explicarles como van sus hijos en la escuela.

Todo empezó en la Sierra Mijedes de Oaxaca, en la comunidad San Pedro Mixtepec, un lugar inhóspito, donde las bajas temperaturas son normales.

“No era propiamente una escuela, pero hay que llamarla así”, de esa manera cumplió con su labor educativa por convicción y vocación.

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