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Creciente número de menores que laboran

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El trabajo infantil en la entidad es una problemática creciente, pues sólo en lo que se refiere al municipio de Campeche se lleva un registro de más de cuatro mil, entre edades que fluctúan de 10 a 14 años, y figuran como voceadores y ayudantes de oficios como albañilería, carpintería, electricidad, fontaneros y en comercios y supermercados como cargadores, empacadores y mandaderos.

De acuerdo a la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Campeche (Codhecam), en la entidad se detecta trabajo infantil informal en niños de entre 12 y 14 años en los municipios de Candelaria y Hopelchén, pero entre las investigaciones no se descubrió algún tipo de explotación, “ya que es considerado una costumbre para ayudar en el sustento familiar”.

El Ayuntamiento de Campeche dio la voz de alarma, al detectar un creciente número de niños trabajando en la calle, sobre todo proveniente de entidades como Chiapas, por lo que reportó esa circunstancia a las autoridades de Derechos Humanos.

La titular del organismo, Ana Patricia Lara Guerrero, explicó que si bien se encuentran laborando, se demostró que también están inscritos en escuelas, y reflejan buenas calificaciones. Además, existen pocos reportes de quejas o denuncias sobre algún tipo de maltrato.

En comparación con otras entidades, se tiene baja incidencia de trabajo infantil. Se estima que serían más de cuatro mil niños trabajadores y la media estatal se ubicada por debajo de la nacional.

 

LOS “TRABAJOS”

Entre los trabajos que los infantes campechanos desempeñan se encuentran la venta de agua y abarrotes, fabricación de carbón y carga de madera, y en el área de Hopelchén hay quienes se dedican a la recolección de hortalizas y la matanza de ganado. Está última actividad es considerada muy peligrosa, al correrse el riesgo de ser lastimados por las herramientas usadas o por el  animal.

En la ciudad, de acuerdo a Lara Guerrero, es común encontrar a niñas vendiendo periódicos, pero con un  aprovechamiento escolar excelente, “por lo que se les ofrece las mejores facilidades para su educación”.

 

FENÓMENO LEGENDARIO

Por trabajo infantil se entiende toda actividad libre o forzosa de menores de edad para producir bienes o servicios, de manera subordinada o no, en industria familiar o de terceros, remunerado o no, explica Patricia Kurczyn Villalobos, en el trabajo los niños, realidad y legislación.

Es independiente de la remuneración en dinero o especie que reciba para sí o para terceros, aun cuando a la relación laboral se le asigne otra naturaleza o se disfrace con alguna otra figura jurídica.

Por ello, se puede definir el trabajo infantil como la actividad de producción económica de bienes o servicios desempeñada por sujetos menores de edad.

 

CONSECUENCIAS E INCONVENIENTES

La participación laboral del menor para contribuir a la manutención de la familia, cuando el proceso de maduración física y mental no se ha completado, causa inconvenientes de índole moral, biológica, social y psicológica, precipitando su independencia como conducto liberador de sistemas y procesos educativos.

Su temprana inserción en el trabajo limita e imposibilita su instrucción, capacitación y adiestramiento, premisas para disfrutar un futuro digno y decoroso. Su autocapacitación o aprendizaje forzoso obstaculiza su evolución armoniosa y los somete a competencia social desventajosa.

Mutila su desarrollo humano natural, orgánicamente aumentan las probabilidades de disfunciones, produce cansancio prematuro tal vez sin acumular los requisitos para obtener una pensión anticipada, en caso de existir algún sistema de seguridad social.

El bajo rendimiento repercute en la productividad, y como trabajador incapaz o inhábil tendrá inestabilidad en los sistemas de seguridad social, y se convierte en candidato a ella. Las consecuencias del trabajo infantil se harán más evidentes conforme pasen los años, en  una sociedad de niños-adultos.

En América Latina los porcentajes son elevados. En México se habla del 55 por ciento de la población mayor de 12 años, como parte de la PEA, y 19 por ciento de niños entre 12 y 14 años.

 

SITUACIÓN COMPLEJA

La Delegación  de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) aceptó que se está frente a una situación complej, para lo cual se cuenta con un comité interinstitucional, que se encarga del análisis y valoración.

La situación no es fácil, precisa. Muchos de los niños trabajadores acompañan a sus padres a las diversas faenas diarias para no dejarlos solos en sus casas y es donde se enfrentan a peligros mayores.  Además algunos  prefieren trabajar, porque se dan cuenta que tienen sus propios ingresos, con el que adquieren sus cosas y satisfacen sus deseos y necesidades.

Para poder contactar con el trabajo infantil se emprenden recorridos para ubicar y confirmar que se encuentren estudiando, hablar con las familias e invitarles en este apoyo integral a talleres y cursos.

Desgraciadamente la mayoría lo tiene como cuestión de herencia y cultura. Si el padre está acostumbrado de que desde niño se debe trabajar, lo transmite a sus hijos y así sucesivamente a los demás descendientes.

Aunque la mayoría de los niños que trabajan y estudian se encuentran culminando los estudios de primaria, entre 11 y 12 años, en el 2014 las reformas a la Ley Federal del Trabajo bajó de 16 a 15 años la edad mínima para que puedan laborar, con el fin de que se garantice a este sector de la población su pleno desarrollo físico y psicológico.

 

ES MUNDIAL LA PROBLEMÁTICA

La coordinadora de Atención a Niños, Niñas y Adolescentes (ANNA), Daniela Macossay Rodríguez, explicó que la participación de los menores en el trabajo es una problemática a nivel mundial, y se acentúa en los países tercermundistas, como es el caso de México.

Desde 1990, con la Convención de los Derechos de los Niños la ONU y la Unicef crearon planes para poder darles la validez de sus derechos, y el no trabajar, sino disfrutar de su infancia y prepararse para enfrentar a la vida en años posteriores.

Los “focos rojos” se ubican en los municipios de El Carmen y Campeche. El trabajo infantil está aunado a situaciones de pobreza, desempleo y familias disfuncionales. Es una problemática compleja y multidimensional.

Existen niños y niñas trabajadores, pero no son de la calle. Es decir, tienen casa y familia con escasos recursos, y las situaciones son diferentes y únicas, por lo que hace más compleja la situación a atender.

Para poder erradicar el trabajo infantil es necesario operar desde el seno familiar y modificar cuestiones sociales, algo que no es nuevo y se viene presentando desde hace varios años. La problemática se empieza a incrementar, dijo, y coincidió con Lara Guerrero en que es una condición latente en las comunidades rurales.

A los niños se les pone a cumplir jornadas en el campo, por lo que dejan de asistir a la escuela, que es la mayor preocupación. El no asistir a prepararse para el futuro crea un ciclo vicioso, que se reproduce y transcurre generacionalmente.

En algunos casos se recomienda y capacita a los padres en el centros de Desarrollo Comunitario (CDC), localizados en las colonias preferentemente, en diversos oficios. Lo que se pretende es que sean los padres los que trabajen en pastelería, cocina y elaboración de zapatos, entre motros, para que así dispongan de ingresos extras y los hijos se concentren sólo en sus estudios.

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