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Encubren a pecadores

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“Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”.
Mateo 7:15.

Luego de lustros de demandas por abusos de sacerdotes en México, el antepasado jueves el Papa Francisco aceptó la “renuncia anticipada por causas graves” del obispo de Autlán, Jalisco, Gonzalo Galván Castillo. De forma diplomática lo cesó presuntamente por encubrir a un cura pedófilo.

En comunicado el Vaticano informó que el Papa aceptó la dimisión según el artículo 401.2 del Código de Derecho Canónico, que considera las renuncias anticipadas de los obispos por enfermedad y “otra causa grave” que disminuya su capacidad para desempeñar el cargo. Desde luego, falta que tanto el obispo como el sacerdote pedófilo sean legalmente sancionados por sus atrocidades.

Nacido en León, Guanajuato, el 10 de enero de 1951, Galván Castillo era obispo de Autlán desde el 26 de octubre de 2004. Ahí era acusado recurrentemente de mala gestión y encubrir a sacerdotes que abusaban sexualmente de menores. El Episcopado de México nunca intervino. Por el contrario, lo mantuvo 10 años en ese cargo.

Desde 2009 varios medios de comunicación en el país reportaron que un joven de nombre Eric denunció al prelado Horacio López,  por abusos sexuales que sufrió en 2002, cuando tenía 11 años. Años más tarde la víctima y su familia acusaron al obispo Galván Castillo de negligencia, al advertir que el presbítero abusador no sólo no había sido alejado del ministerio sacerdotal, sino que permanecía en otra parroquia de la Diócesis.

El caso nunca se aclaró. Tampoco las quejas contra Galván Castillo de falta de idoneidad para conducir la Diócesis, por ausencia y falta de personalidad. Mientras tanto, el sacerdote Horacio López  aún oficia misas en algún rincón de México, como si nada hubiera pasado.

Entre Galván Castillo y el obispo de Campeche, José Francisco González González, hay muchos hilos similares que se entrecruzan, tanto en el andar como en el proceder.

Si al primero lo acusan de mala gestión y encubrir a sacerdotes culpables de abusos sexuales, el segundo ha dado muestras de malos manejos desde que pisó Campeche, y ahora encubre dos casos de pederastia en la iglesia de Santa Bárbara que se niega a aclarar. ¿Estará buscando transferir a esos curas?

 

GONZÁLEZ Y CASTILLO, PASTORES DE SANDOVAL

Desde hace varios años los laicos de México con profunda fe católica y confiados en sus pastores, se han enterado por los medios de comunicación que muchos sacerdotes no viven como lo marca el Papa Francisco, al tiempo que los jerarcas eclesiásticos los desestiman, refiriéndolos como ataques infundados contra la Iglesia.

La Diócesis de Autlán ha dado mucho de qué hablar en las últimas dos semanas. Ubicada en el suroeste del Estado de Jalisco y sufragada a la Arquidiócesis de Guadalajara desde 1961, padeció los vicios del obispo Gonzalo Galván Castillo desde el 2004, con la bendición del Episcopado de México.

A Galván Castillo lo promovió al obispado el cardenal Juan Sandoval Iñiguez. A su llegada a Autlán se le notificó sobre la situación que enfrentaba esa Diócesis que tiene poco más de 115 sacerdotes, y que ahora se une a una veintena de Diócesis mexicanas en problemas, porque sus jerarcas han encubierto a sacerdotes acusados —con pruebas— de acoso sexual y pederastia.

Coincidentemente, el ahora obispo de Campeche, José Francisco González González, recibió la ordenación diaconal y episcopal del cardenal Sandoval Íñiguez, y fue nombrado obispo titular de Feradi y auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara el 14 de febrero de 2008.

En el año 2009, siendo Galván Castillo obispo de Autlán y José Francisco González González el auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara, los medios de comunicación reportaron la denuncia de abusos sexuales sufridos por el joven Eric, por parte del prelado Horacio López en 2002, cuando tenía 11 años. Ambos sacerdotes debieron estar enterados de la denuncia.

Al advertir que Horacio López no había sido cesado del sacerdocio y que se le había cambiado de parroquia y de diócesis para encubrirlo, la víctima y su familia acusaron al obispo Galván de negligencia y complicidad. De ello también debió estar enterado el auxiliar de la  Arquidiócesis de Guadalajara, González González.

Ante la indiferencia de los eclesiásticos para investigar el abuso, y a lo mejor temiendo alguna represalia, el menor Eric escribió una carta a la Diócesis de Autlán, y la firmó de recibida Galván Castillo. Nunca se hizo nada por ayudar al menor. Nos tomamos el atrevimiento de reproducirla debido a la seriedad que ha tomado este tema en la actualidad.

Los abusos sexuales a menores cometidos durante décadas por sacerdotes es el más delicado y complejo tema para la jerarquía de la Iglesia Católica, acusada de encubrir a curas pedófilos, al transferirlos de templo y minimizar quejas de las víctimas. Es el caso del sacerdote Horacio López y de muchos otros más.

Campeche no es ajeno a esos males que aquejan a la Iglesia Católica. El anterior obispo, Ramón Castro Castro, era conocido por dar rienda suelta a sus aficiones homosexuales en la mansión que se edificó en el cerro de Bellavista. En sus bacanales participaron sacerdotes que en su momento ocuparon altos cargos dentro de la Diócesis.

Ahora se habla de dos curas pederastas refugiados en la iglesia de Santa Bárbara. El hoy obispo González González se ha rehusado a informar.

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