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Nos volveremos a ver: Andrés Kusiak

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En tanto el padre polaco Andrés Kusiak recordó a los fieles de la parroquia de San José Obrero que “el mundo es chiquito y algún día nos volveremos a ver”, adultos, jóvenes y niños realizaron a las puertas del templo una jornada de oración en silencio con la esperanza de que al obispo José Francisco González González se le ablande el corazón, recapacite y tenga misericordia con los sacerdotes salvatorianos, a los que expulsó de la Diócesis de Campeche.

El padre de la Sociedad del Divino Salvador ofició misa de 10 de la mañana en la que hasta ayer fue su parroquia, luego de varios años de rescatar y fortalecer la fe de incontables familias, y encontró múltiples expresiones de reconocimiento y solidaridad a su trabajo y entrega, y afirmaciones de que la feligresía siempre recordará a los salvatorianos con alegría.

Al término de la eucaristía, los fieles se colocaron a las puertas de la parroquia, pronunciaron el Padre Nuestro y oraron en silencio durante 10 minutos, como parte de la jornada de recogimiento que iniciaron el pasado jueves en espera de que el obispo González mostrara humildad, arrepentimiento y cambiara de proceder.

En la fachada de la parroquia fueron colocadas dos mantas con los textos siguientes: “Gracias por todas sus enseñanzas, su cariño y servicio. ¡Lo han hecho de manera ejemplar! Perdón en nombre de los campechanos por este trato” y “Misericordia para los salvatorianos”.

A las puertas de las viviendas de los alrededores también fueron instaladas mantas y leyendas de apoyo a los sacerdotes polacos y de repudio a González González.

Algunos fieles no pudieron reprimir las lágrimas y otros estallaron en contra de José Francisco, como la señora Diani Beatriz, quien reprochó las arbitrariedades del pastor católico. “Los sacerdotes están amenazados, no pueden decir nada en contra del obispo porque los expulsan como perros, como lo hizo con el padre Sebastián”, aseveró, y agregó: “Yo defiendo a todos los sacerdotes, no sólo a los salvatorianos. ¿Por qué? Porque soy católica, pero no solapo pendejadas del obispo”.

A las palabras de Diani Beatriz siguieron aplausos y gritos exigiendo la renuncia del representante del catolicismo en Campeche.

En esos momentos arribó el decano de San Román, Andrés Hernández Tinoco, acompañado por el párroco de Chiná, José de los Santos Saldívar Ahumada, quien al parecer sería el nuevo cura a cargo de San José Obrero. Ambos pertenecen a la congregación de Hermanos de Jesús.

Sin embargo, Hernández Tinoco, argumentó que sólo acudió a despedirse del padre polaco Andrés Kusiak. “Aún no sabemos quién quedará en la parroquia, y probablemente tarde en llegar porque falta considerar algunos aspectos”.

Finalmente, al cuestionarlo en torno al comunicado del superior provincial de la Sociedad del Divino Salvador, Piotr Filas, desmintiendo al obispo Francisco González, se limitó a decir que no incursionará “en esa temática tan compleja, porque hoy en día es tan fácil subir documentos que no se pueden afirmar”.

Despedida

Entre lágrimas, aplausos y mariachi fue despedido anoche en la parroquia de San José Obrero el salvatoriano Andrés Kusiak, quien en emotiva  misa de 7:30 agradeció la hospitalidad que los campechanos le dieron a él y a los otros padres polacos de la Sociedad del Divino Salvador.

Tras siete años de reconocida labor sacerdotal, educativa y social, el último salvatoriano que quedaba en Campeche retornó a su país dejando vacío y tristeza y fieles enojados contra el obispo José González González.

En la misa, donde también ofició por los XV años de Guadalupe Farfán Solís, recordó a los sacerdotes Sebastián Korczak, Jacobo Trzopec y Tomás Chlebowski, quienes por más de un lustro convivieron con los fieles “y encontraron hermanos, padres y abuelos, a los que llevaremos por siempre en el corazón”.

“Confío en que seguirán con la misión del padre Jordán —creador de la Sociedad del Divino Salvador—. Mientras haya sobre la tierra una persona que no conozca ni ame a Dios sobre todas las cosas, no pueden permitirse un instante de descanso”.

Asistieron grupos religiosos como los de Adolescentes y Jóvenes de Cristo Salvador, padres y estudiantes de la Fray e Instituto Mendoza.

Kusiak dijo que nunca olvidará la comida típica y a las familias que los apoyaron. “Nos vamos contentos de la Diócesis de Campeche”, expresó.

Tras más de cinco minutos de aplausos, dio su última bendición, recibió recuerdos y hasta le llevaron mariachi, “para que no se olvide que en Campeche hay católicos que por siempre llevarán un corazón salvatoriano”, explicó una mujer con ojos llorosos.

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