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A sus 84 años, doña Socorrito sigue trabajando

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Oriunda de Mérida, Yucatán, y con 84 años edad, doña Socorro Luna Mex, mejor conocida como “Socorrito”, sigue activa, valiéndose por sí sola y se mantiene con la venta de diarios y revistas en una esquina de los portales del Centro Histórico. El exgobernador Salomón Azar García la desalojó de esa zona y le decomisó su mercancía.

Nació el 14 de junio de 1932. Quedó huérfana a los siete u ocho años, pues su madre, Epifanía Mex Cruz, murió joven. Tuvo una hermanita que también falleció.

Aunque sólo acudió seis meses a la escuela, aprendió a leer. “Mi mamá murió de pulmonía —relata—. Recuerdo que eran como las 2 de la tarde. Ella me llamó junto a su lecho. Mi papá llegó y la cargó, la metió en un carro y se la llevó… Cuando desperté al día siguiente, estábamos en casa de la hermana de mi mamá. Ahí capté que había muerto”.

El posterior fallecimiento de su padre, Román Luna Hernández, quien trabajaba en un tendajón, también ocurrió cuando aún era menor de edad.

Entrevistada en los Portales del Parque Principal en el Centro Histórico de la capital campechana, la octogenaria voceadora narró que con apenas 10 años de edad inició en esta actividad en Mérida.

La señora se caracteriza por ser aguerrida y de carácter fuerte, lo que le ha permitido sobrevivir ante las adversidades de la vida. Mientras atendía a los clientes platicaba. Las lágrimas aparecieron e intentó ahogar los sollozos. Los transeúntes miraban curiosos, algunos clientes preguntaban por algún periódico o revista, pero al verla llorar, se retiraban.

Un policía turístico acechaba. Luego llegaron refuerzos, entre ellos una mujer agente, tal vez creyendo que la anciana era víctima de agresión. Socorrito los observaba de reojo y a la defensiva, mientras charlaba. La reportera, también. El ruido de sus radios no dejaba escuchar su voz queda y entre sollozos.

Nunca me casé, dijo. Afloraron nuevamente las lágrimas. “Cómo querías que lo hiciera con tanto que sufrí”.

—¿Te maltrataron tus parientes?, inquirió la reportera. En respuesta, asintió con la cabeza, mientras su rostro se acongojaba.

Llegó a Campeche ya adulta, atraída por las fuentes de trabajo, como la aparición del diario TRIBUNA. “Cuando se inauguró el periódico, contrataban voceadores a sueldo”, recuerda nostálgica.

Gobiernos estatales anteriores mostraron desacuerdo porque ella se estableciera en algún lugar para vender, como sucedió en el sexenio de Salomón Azar, quien la mandó llamar para advertirle que si no se retiraba del Centro Histórico, sería desalojada por la policía.

“Salomón hasta me decomisó mi mercancía, pero le dije que la libertad de expresión está permitida en Campeche y en todo el mundo. Además, pago mis impuestos y nunca le he robado a nadie”.

En el sexenio de José Antonio González Curi fue desalojada del puesto que tenía en un extremo de lo que es hoy el parque de las Fuentes Danzarinas.

La voceadora vive temporalmente en el albergue San José. Por mucho tiempo vivió en el Edificio Peña, donde los dueños, por altruismo, la exentaban del pago de la renta. Todos los días está en los Portales, vendiendo periódicos y revistas, y por las tardes alimenta a las palomas de la Iglesia Catedral. “Así viviré hasta el fin de mi existencia”, añade, y sonríe tímidamente.

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