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Viva la tradición de elaborar pibipollos

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Los campechanos mantienen viva la tradición de elaborar pibipollos, aunque uno de cada 10 lo hizo de manera tradicional o enterrado y los demás en hornos de panaderías principalmente, para recordar a sus muertos, en cuyo honor colocaron altares.

De acuerdo a la tradición y creencias, en el Día de Muertos las almas de los difuntos salen del inframundo y vagan en la tierra.

En los altares son colocados diversos elementos, entre ellos flor de cempasúchil e incienso para que encuentren el camino al altar, donde se alimentan de frutas, pan, dulces, chocolate y pibipollo.

Para las familias campechanas la fecha no pasó inadvertida, aunque con el paso del tiempo algunos aspectos han sido modificados sin perder su esencia, como el uso de hornos de panaderías y panificadoras para el cocimiento de los pibipollos.

En promedio, en un horno fueron cocinados unos 200 pibipollos. El costo por unidad osciló entre los 25 y 40 pesos.

Algunas familias conservan esta tradición en sus hogares con las formas ancestrales, como la familia Segovia López, que desde temprana hora empezó a preparar los ingredientes y a excavar el hueco para el “pi”. En tanto, los Hernández Magaña dejaron todo listo desde la noche anterior.

Con ayuda de sus cuatro hijos, Carlos Hernández, con domicilio en la colonia Minas, con pico y pala cavó en el patio de su casa. En un lado amontonó piedras y en otro tierra, que más tarde usaría en el “horno” sobre la leña y para cubrirlo.

Su esposa Jacinta Poot, con ayuda de una vecina, revolvían la masa con manteca y aceite. En la estufa estaba la olla donde se cocinaba el col. Limpiaron las hojas de plátano que cortaron en el patio y las pasaron por el fuego para dejarlas suaves y manipulables.

Tras agregar carnes de pollo y puerco y bañar de col cada pibipollo, le colocaron las tapas de masa. Luego los cubrieron con hojas de plátano. Una vez que las piedras ardían, procedieron a enterrarlos.

Entre 120 y 150 minutos tardó el cocimiento. Todo el proceso, desde que inicia la preparación del pibipollo hasta sacarlo cocido, implicó más de seis horas.

La elaboración de un pibipollo, entre un horno de panadería o panificadora y el tradicional enterrado, marca diferencia en sabor.

Uno de los productos de mayor demanda fue la masa, y fueron comercializadas alrededor de dos toneladas. El microempresario de la masa y la tortilla Carmelo Salvador Jiménez, estimó que vendió alrededor de 500 kilos.

Las huacaleritas del mercado principal “Pedro Sáinz de Baranda” vendieron más de una tonelada. En promedio cada una puso en venta cuatro cubetas de a 25 kilos cada una.

 

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