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Concluye la expulsión de salvatorianos

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La Congregación Salvatoriana desapareció esta semana de Campeche, con la partida del último de sus miembros, Andrés Kusiak, marginado de la iglesia de San José Obrero, incomunicado de la feligresía a la que sirvió durante años y cancelado el sitio donde se hospedaba. Partió en silencio. No hubo despedida.

Así, un capricho de la Diócesis de Campeche borró del mapa citadino a los llamados salvatorianos, que con devoción, cariño, entrega y entusiasmo promovieron y destacaron en el ámbito educativo. De sus manos, el alto nivel de enseñanza, disciplina y desarrollo pudo apreciarse en los colegios Fray Angélico e Instituto Mendoza.

Hoy ambas instituciones prácticamente navegan a la deriva, con constantes cambios en sus administraciones, direcciones y el Consejo General, que han repercutido en el severo demérito de la calidad de la enseñanza y la disminución de su alumnado.

De seguir en esa ruta, estarán cerca de la ruina, como ha ocurrido cada vez que la Diócesis mete las manos en sus planteles. Por lo mismo, ya se habla de la entrega de los colegios a una congregación cuyo nombre aún no se revela, pero que desde que inició este mes están en los planteles.

Se cierra así el capítulo de más de 24 meses de confrontación entre el obispo de Campeche y los miembros de la Congregación Salvatoriana, que tras haber exhibido de mentiroso al primero, llevó al descabezamiento de los segundos, con la expulsión de su director general, Sebastián Korczak, quien hoy reside en España.

Extraoficialmente, la Congregación recibió el ofrecimiento de otra plaza en el país que no fuera Campeche, por las desaveniencias y el celo del obispo González por capturar los ingresos de las instituciones educativas, en la que los salvatorianos invirtieron recursos económicos, que inicialmente la Diócesis se negaba a reconocer, pese a la constancia documental.

De los salvatorianos hoy solo quedará el recuerdo de las convivencias religiosas y educacionales, que marcaron al menos a cinco generaciones de egresados. Solían referir sus miembros que “lo que no se paga en esta vida, se paga en la otra. Que las cuentas que hoy se niegan, Dios las pide al tenerlos cerca”.

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