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Deforestación en el 30% de selvas de Champotón

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CHAMPOTÓN.— Caoba, cedro, ciricote, chechén negro, granadillo, amapola, jobo, chacá, cencerro, pucté, ramón, tinto, ceiba y muchos otros árboles de las que se obtienen maderas preciosas, blandas y duras, forman parte de la diversidad boscosa de la ampliación forestal del ejido Champotón.

Ampliación distante de la cabecera municipal, que colinda al norte con terrenos del ejido Luna, municipio de Escárcega, al sur con Guatemala, al este con el ejido Bolonchén de Rejón y al oeste con terrenos de la ampliación de Pomuch. Precisamente esa lejanía con la cabecera municipal en gran medida provocó la pérdida de poco más de 27 mil hectáreas de las 90 mil con que contaba originalmente.

Román Ortegón García, excomisario ejidal de Champotón, refiere que “desde los años 80 la ampliación empezó a tener invasiones de gente de otros puntos del país. Esa situación se agravó en 1994, y de ese tiempo a la fecha los problemas se han multiplicado. Hoy la ampliación forestal, si bien es cierto que en el papel pertenece al ejido Champotón, en la práctica no es así”.

“Los ejidatarios podremos tener todas las ganas del mundo de ir a la ampliación a trabajar y explotar los recursos maderables de manera sustentable y con permisos, pero más de dos mil invasores no nos dejan. Nos corretean y amenazan incluso con armas de fuego”, puntualizó.

 

ORO VERDE

De filosas hachas, con machetes de doble filo, los invasores desgajan centenarios árboles de caoba. Sucumben también granadillos, dzalán, jabín, cedro, ciricote y tinto.

Cincuenta años atrás, quizá muchos más, talar árboles era parte de una actividad “normal”, con escasas restricciones. Llevar los rollos a aserraderos de Macachí, cerca de la hoy Junta Municipal de Felipe Carrillo Puerto o al de la ciudad de Champotón no era complicado. Cientos, miles de pies cúbicos de madera se convertían en tablas o tablones, y más tarde los transformaban en puertas o ventanas de casas de la Unión Americana, incluso de Europa, rememoran don Justino Ramos y Felipe Chablé Ek,  ‘madereros’ de esas épocas de gloria.

Ahora, desde espacios de poder en la Comisaría Ejidal, se ha atentado no sólo contra el patrimonio de los champotoneros, sino también de la humanidad, pues acaban con uno de los “pulmones” del planeta, denunciaron a su vez Aurelio Caamal Quetzal, Samuel González Torres, José Manuel Gallegos Samudio, Luis Felipe Escamilla Delgado y Ernesto Reifor.

Varios de los que han sido comisarios, acusan, se han despachado con la cuchara grande, y citan como ejemplo a José del Carmen “El Gallo” Delgado, que permitió a los invasores de la ampliación forestal talar árboles.

No creemos que lo hacía de a gratis. Concluyó su periodo pero trabajó para que su sucesor fuese Delio Marín Buenfil, y lo logró. Ambos unieron fuerzas con Luis Antonio Che Cu, y permitieron a los invasores continuar deforestando.

Durante el periodo del excomisario Delio Marín Buenfil (a) Moguel, la situación se agravó. Permitió o cerró los ojos a las acciones de deforestación de más de 20 mil hectáreas de la reserva. Se repartieron miles de pesos entre ellos.

Hay invasores que comentan que pagaban 70 mil pesos cada uno, y recibían como “compromiso” que los gobiernos Estatal y Federal tendrían que otorgarles las miles de hectáreas invadidas. Se lograría a base de manifestaciones y plantones, recuerdan los ejidatarios.

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