Inicio»Local»Miles peregrinan a iglesia de Hool

Miles peregrinan a iglesia de Hool

0
Compartidos
Google+

HOOL, CHAMPOTÓN.— Mujeres y hombres de mediana y avanzada edad, niños, adolescentes y jóvenes, cargados de fe y devoción, avanzan a paso lento. La procesión baja las escalinatas, y entre cientos de brazos que se estiran para tocarla, con flores o ramos de ruda, sobresale con su manto con los colores del cielo, la milagrosa Virgen de la Candelaria, madre de los hooleños y de muchos miles de peregrinos de diversas partes de la Península, que regresan al santuario a agradecer favores, orar por “algún milagro” o solicitar su intercesión.

Es en los últimos días de enero y los primeros de febrero cuando esta pequeña comunidad de no más de mil 500 habitantes, se convierte en el punto de convergencia de miles de devotos de la Virgen de la Candelaria, a la que los niños que se inician en la devoción sólo conocen como Virgen de Hool o Virgen de la Aguada.

Llegan, se forman en una fila de más de 600 metros, oran unos momentos, y después, en el adoratorio ubicado en el exterior del templo y santuario, depositan una vela o veladora para pedir favores o agradecer los ya recibidos. Acto seguido caminan lentamente hasta la aguada, donde con el lodo verdoso y húmedo se dibujan una cruz en la frente para simbolizar que regresarán a este mismo sitio cada vez que puedan, como agradecimiento por la protección de la Virgen María en su advocación de Candelaria.

¿Cuándo comenzó la veneración a la Virgen? Precisar fecha exacta resulta sumamente complicado. En mi caso, lo ignoro, refiere doña Francisca, octogenaria, y quizá una de las personas de mayor edad en la población.

“No nací en Hool. Llegué a edad muy corta, vine con mis padres procedente de Dzibalché. Lo que puedo decir es que desde edad temprana ya había la fiesta, por supuesto no como en la actualidad. Simplemente se rendía veneración a la Virgen”.

De manera oral ha trascendido que la veneración comenzó cuando se le apareció a un lugareño en los primeros días de febrero en la laguna de “Santa Rita”, un cuerpo de agua que se ubicaba a 20 kilómetros de Hool. “Si me preguntas por dónde se localiza, la verdad no lo sé. Hasta hoy no la conozco”, expone doña Francisca.

El relato continúa. Ya lo habíamos escuchado, pero demuestra con ello que la tradición oral persiste firme. Poco después que la Virgen hizo acto de presencia en la laguna de Santa Rita, se optó por enviarla a Sihochac, pero la Virgen retornaba al lugar donde apareció, y por eso los lugareños decidieron ubicarla en la cima del cerro. Ahí permaneció y dio origen a la edificación de su santuario.

 

LA HISTORIA

Dentro de lo poco que existe en referencia a la Virgen de Hool y de la iglesia construida en su honor, los archivos históricos de la Arquidiócesis de Yucatán asientan que fue edificada a finales del siglo XVI. Se usó material perecedero de la región, y posteriormente con el paso de los años material pétreo.

Ya con la pequeña edificación, centro de adoración religiosa denominada en ese entonces “Capilla de visita”, dieron inicio los servicios religiosos de vez en cuando, pues no se contaba con un clérigo de manera permanente.

Poco a poco se fueron difundiendo los milagros atribuidos a la “Virgen de la Aguada”, y hoy su devoción se ha extendido hacia puntos distintos del Estado, numerosas comunidades de la Península e incluso de lugares del centro y norte del país.

Las familias recorren largas distancias en carretera —los jóvenes en bicicleta o motocicletas—, y al llegar al pueblo suben las empinadas escalinatas hasta la cima del cerro en donde fue edificado el amplio santuario, donde la Virgen se expone a la veneración de los feligreses, en medio de cuidadosas medidas de seguridad por los grupos apostólicos de la parroquia, para evitar que la imagen se deteriore o sufra algún daño.

La realidad es que la vigilancia sólo impone orden y evita aglomeraciones, pues el lugar infunde algo místico o divino, y se convierte en el sitio perfecto que permite que el alma y el espíritu alcancen la paz y la tranquilidad. Cuando menos por un momento se dejan atrás los problemas cotidianos, principalmente aquellos que no cura la ingesta de medicamentos prescritos por profesionales de la salud.

La armonía es total. Rodillas en tierra, el mentón que se junta con el pecho, las manos en triángulo perfecto se posan y se apretujan, se dejan escuchar murmullos, se musita, se elevan oraciones y plegarias, se pide por la salud del enfermo, por el hijo o hija ausente. Por eso y mucho más.

Noticia anterior

“Uno de nuestra casa”

Siguiente noticia

Un pueblo que aparenta que el tiempo se detuvo