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Viven ‘solos y encerrados’

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Aunque somos de la tercera edad, estamos vivos, expresaron vecinas que habitan en el Centro Histórico de la ciudad y que resienten  soledad, nostalgia y añoranza, pues el primer cuadro de la ciudad, al llegar la tarde se vuelve “un pueblo fantasma”.

Hilda Adam Yabur explicó que en la mayoría de las calles se pueden contabilizar de dos a tres casas habitadas, casi todas por personas de la tercera edad e incluso hay casos donde sólo habita un inquilino.

La situación se agudiza porque el comercio se ha alejado y se ha concentrado prácticamente alrededor del zócalo de la ciudad, donde aún hay movimiento.

“Realmente los que habitamos en el Centro Histórico vivimos una soledad tremenda,  encerrados en nuestras viviendas y los fines de semana en que acudimos a la iglesia, es triste caminar en las calles, pues no te cruzas con nadie”.

Entre semana hay movimiento pero sólo en ciertas partes, generado por el Instituto Campechano, consultorios, dependencias y tiendas, pero después de la ocho de la noche,  salir es exponerte. “Tenemos vigilancia y constantes rondines de la policía, pero no se quita el ambiente de soledad, lo que emocionalmente es terrible”.

Indicó que el centro de la ciudad, en sus años de esplendor, dejó entre sus recuerdos una época maravillosa. “Di catecismo 34 años, rechazaba alumnos porque no daba para tener tantos grupos, hoy, aún abierto a todo público, los grupos no rebasan los 15 niños”.

El centro era muy bullicioso, por el tránsito de personas y el constante paso de venteros. Por la tarde todos sacaban sus sillas a las puertas de las calles. Todos los vecinos se saludaban y convivían, mientras su hijos jugaban.

Consideró que es importante repoblar el Centro Histórico y apoyar el mantenimiento de los inmuebles por parte de las autoridades, ya que no sólo se pone en riesgo la belleza arquitectónica de las casas, sino que genera la proliferación de fauna nociva y el derrumbe de las casas abandonadas.

Alba Rodríguez Acuña, vecina de la calle 61, se sumó  al llamado de la intervención de las autoridades para devolverle al centro de la ciudad parte de su esplendor.

“Tengo 49 años viviendo en esta casa, pero  he vivido desde que nací dentro del Centro Histórico, y había un ambiente muy bonito en esa época. Los niños salíamos a jugar, esta calles tenían vida, nos conocíamos todos, la gente se sentaba a las puertas desde las cinco de la tarde, y ahora vivimos en soledad terrible y encerrados en nuestra viviendas”.

Indicó que la gente se empezó a ir por el deterioro de sus viviendas y las restricciones de la autoridades. No hay libertad ni de arreglar la casa. No podemos pintar las puertas a nuestro gusto, y  que eso nos anime  a vivir. Hoy estamos sujetos a lo que el Gobierno y el INAH digan.

“No sólo nos afecta sentimental sino económicamente, y de la misma forma se está impactando al comercio, con miles de trabas. No hay estacionamientos, creo que no hay interés de que la gente venga. Es un centro fantasma. Desde el viernes en la tarde no hay un alma en la calle, puede uno ver desde la pared de la muralla hasta el Palacio de Gobierno.

“Hay pura gente senecta, pero no las ves en sus puertas, ya no se abren las ventanas, vivimos encerrados”, lamentó.

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