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Debutan los pibipollos de mariscos y arrachera

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A la centenaria tradición de elaborar los pibipollos con los ingredientes tradicionales de xpelón,  pollo, gallina y cerdo, los campechanos le agregaron las especialidades de mariscos y arrachera, con la misma finalidad: colocarlos en los altares para el disfrute de las almas de nuestros difuntos.

El método fue similar. Enterrado en los patios de las casas u horneados en los restaurantes o panaderías, elaborados con el mismo guiso (col) y envueltos también con hojas de plátano y amarrados con majagua.

Campeche cumplió una vez más la tradición de los pibipollos. Desde muy temprano la masa, la manteca, el pollo, la gallina, el puerco y otros insumos inundaron las cocinas de cientos de hogares para recibir a sus difuntos con tradición, color, sabor y olor.

Guadalupe Gasca Heredia y Dianela Cohuó Tinal, de  Santa Lucía, relataron que desde las cuatro de mañana despertaron para lavar el pollo, limpiar las hojas, preparar el col y empezar con el “trajín” acostumbrado en estos días de cada año.

La receta es la misma que usaba la bisabuela, porque además de degustar este rico platillo, buscan heredar la tradición que cada vez cuesta más mantener, y es que en esta ocasión hacer tres pibipollos grandes y uno mediano tuvo un costo de mil 500 pesos, entre 350 y 400 pesos cada uno, y 50 pesos más si le agregaban xpelón.

Esta celebración se replicó en al menos el 70 por ciento de los hogares campechanos, donde la crisis económica quedó olvidada por un instante, “ya que si hay algo que un buen mexicano no debe olvidar es recordar a sus muertos con sus platillos favoritos, y es el pibipollo el preferido de todos”, manifestó Brenda Jiménez, quien acompañada de su familia elaboró 15 piezas. “El pí sabe mejor si se comparte”, aseveró.

Claudia Pérez Dorantes y Pánfilo Gutiérrez afirman que la gastronomía no está peleada con la tradición, y mucho menos con el estómago, por lo que como una forma de innovar y experimentar nuevos sabores, optaron por elaborar pibes de arrachera y camarones, que tienen los mismos ingredientes que un pibipollo tradicional, sólo que el producto principal no es el pollo, la gallina o el puerco.

Pánfilo Gutiérrez, empresario especializado en carnes y cortes finos, indicó que es la primera vez que elabora estos pibes de arrachera, y aunque pensó que no tendría eco entre sus clientes, vendió más de 45 piezas. Fue una bonita experiencia que se puede replicar, afirmó.

La chef Claudia Pérez Dorantes, especialista en pescados y mariscos, también quiso innovar y presumir la receta de sus bisabuelas, quienes desde hace 30 años preparaban pí de camarón, y reconoció que las ventas fueron muy buenas.

De pollo, puerco, gallina, arrachera o camarón, coincidieron que el pí debe comerse bien dorado y con orillas delgadas. Para ello “se debe dejar hora y media en el horno”, aseguró el panadero José Hipólito Gasca Heredia.

Manifestó que cada vez es mayor el número de amas de casa que prefieren llevar a hornear sus pibipollos que enterrarlos, ya que es menos “el trajín, y por 35 o 40 pesos evitan encalorizarse y disfrutar mejor del día”.

Wilberth Pech Aké afirmó, en cambio, que no hay nada mejor que enterrar el pí, ya que independientemente del sabor que le da la hoja de pixoy, la tierra y la leña, enterrar el pibipollo es honrar la memoria de su padre. “El nos enseñó a hacerlo, y hoy que ya no está, lo hacemos por él”.

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