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Cuando Kennedy fue asesinado, el mundo y México vivían crisis sociales y de Gobierno

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Pedro Echeverría Várguez

En noviembre de 1963 asesinaron a John F. Kennedy, Presidente entonces de los EU, cuando realizaba una gira por Texas. Dado que en ese tiempo Cuba era el único país rebelde, antimperialista de América, porque había triunfado allí una revolución armada, su Gobierno fue culpado de ser el autor del asesinato. A partir de entonces todas las investigaciones se encaminaron para demostrar que “los comunistas” había asesinado a Kennedy, y a desatar una gran campaña contra ellos. Fidel Castro no solo lo negó sino que adelantó que la Revolución Cubana seguiría siendo el blanco de todas las acusaciones yanquis. Después de 50 años de investigaciones ha quedado claro que fue la CIA y el FBI, y grupos de exiliados cubanos, los que asesinaron a Kennedy para evitar cualquier acuerdo con el Gobierno de Cuba.

Los ejemplos de la Revolución Cubana y los movimientos de liberación en Asia y África, habían provocado un enorme descontento en el mundo despertando la conciencia social. La década de los sesenta había comenzado —con la guerra de Vietnam, la lucha de los negros contra la discriminación racial, la liberación del pueblo argelino, los hippies, los beatniks, los Beatles, los Rolling, la psicodelia, la droga, la liberación de la mujer, un gran movimiento en las calles y plazas. En EU las manifestaciones de negros, jóvenes y religiosos eran imparables, sobre todo exigiendo la salida de los cientos de miles de soldados yanquis de Vietnam. Por ello, se culpaba a los izquierdistas y comunistas del asesinato a Kennedy, cuando en realidad era la derecha radical la que lo asesinó.

En México, en 1963 los jóvenes universitarios comenzaban a manifestarse contra el despotismo y autoritarismo de las autoridades, así como de los maestros y los reglamentos que impedían que los estudiantes se vistieran como querían, se dejaran el cabello largo, o las mujeres se vistieran con pantalones o faldas cortas. Gobernaba Adolfo López Mateos con un PRI que llevaba más de 30 años en el Gobierno; el PAN llevaba más de 20 años como partido derechista de presión, y la llamada izquierda mexicana súper dividida: El PCM, el MLN. El PPS, el POCM, la revista Política y el Espartaquismo, que nacía bajo la dirección de José Revueltas (una fracción), y de Guillermo Rousset, otra. Ambos expulsados del PCM. También aparecía la Central Campesina Independiente (CCI) y otros grupos radicalizados.

En 1963 —días antes del asesinato de Kennedy—, el PRI impuso a Gustavo Díaz Ordaz como su candidato presidencial. Ese año, como ha sucedido en todos los años de campañas electorales, se registraron muchos desprendimientos de políticos para estar muy cerca del PRI. Recuerdo que la CCI de Garzón, Orona y Danzós, así como la revista Política, sufrieron escisiones importantes de dirigentes y escritores (Fuentes, López Cámara, González Pedrero, Flores Olea); lo mismo sucedió en el MLN, que en los dos años anteriores había jugado un papel muy importante dentro de la izquierda mexicana, siendo Cárdenas, Jara, Siqueiros, las figuras prominentes; pero a raíz de la candidatura de Díaz Ordaz muchos “oposicionistas” fueron obligados a decidirse.

En la revista Política de aquel año, pueden leerse larguísimos documentos en los que cada partido hace clara sus posiciones y acusaciones. Lombardo, fundador y máximo dirigente del PPS, por un lado, y Martínez Verdugo dirigente del PCM, peleaban por ser los representantes del PCUS o de la URSS en México, dado que José Revueltas había publicado un año antes su libro: “El proletariado sin cabeza”, en el que demostraba la inexistencia histórica del partido de la clase obrera, y escribía que quienes se decían sus representantes eran simples “antimperialistas de la pequeña burguesía”, que nada tenían que ver con la clase obrera. Tanto el PCM como el PPS y luego el POCM, hablaban de una burguesía progresista y antimperialista que según Lombardo había que apoyar, y el PCM hablaba de apoyo crítico.

El gobierno de Adolfo López Mateos (1958-64) fue el modelo priísta de saber navegar entre dos aguas; mantuvo mareados a la llamada izquierda y a la derecha. Permitió que por la izquierda, Lázaro Cárdenas se moviera apoyando abiertamente a Cuba y creando el Movimiento de Liberación Nacional, y por otro lado, permitió que Miguel Alemán —el ex presidente—, creara una organización anticomunista: el Frente Cívico de Afirmación Revolucionaria, teniendo como directivos a grandes banqueros y empresarios. López Mateos, al mismo tiempo que se afirma de “atinada izquierda”, votando contra la expulsión de Cuba de la OEA, le servía al imperialismo que por medio de la CIA checaba a todos los viajeros que viajaban a Cuba; al mismo tiempo que apoyaba a los empresarios reprimía violentamente a los obreros en huelga.

La realidad es que la década de los sesenta fueron los años de lucha por la liberación de los jóvenes, las mujeres, la familia, los negros, los marginados. Las batallas contra el colonialismo y el imperialismo. Mientras Kennedy era asesinado, convirtiéndose su muerte en uno de los parteaguas históricos, en Vietnam, todo Asia, África y Latinoamérica, los pueblos se levantaban para luchar contra la opresión de que eran víctimas de ese imperio que gobernaba. La guerra de Vietnam duró 13 años más porque los siguientes gobiernos de Johnson, Nixon y Ford así lo ordenaron. El carácter guerrerista del Gobierno de los EU se hizo más grande, y el desprestigio de este país en el mundo no ha dejado de crecer. Después del asesinato de John, llegó de los luchadores sociales Malcolm X (1965), de Luther King en 1968 y de Robert Kennedy el mismo año.

 

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