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TLC: la “tierra prometida” que nunca se alcanzó

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MÉXICO, DF.— Hace más de 20 años el TLC fue: “una oportunidad histórica para la transformación del país”, fórmula ideal para “no llegar tarde a la cita con el nuevo siglo”, y para “ser parte de una verdadera comunidad global”, afirmaba el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.

Hoy, es la reforma energética la que en el discurso gubernamental aparece como “oportunidad histórica” con la cual el país será “capaz de transformar y elevar la calidad de vida de todos los mexicanos”.

Hoy, el Presidente Enrique Peña Nieto se dice convencido de que con la reforma energética “las familias mexicanas podrán sentir en sus bolsillos los beneficios de que nuestra economía vuelva a crecer a mayores niveles, como no ha ocurrido en las últimas décadas. Si aprovechamos esta gran oportunidad se habrán de crear cientos de miles de empleos”.

Hace dos décadas se prometió exactamente lo mismo, en los mismos términos y hasta con las mismas palabras.

El 1 de enero de 1994 entró en vigor el TLC. Pero los tres años previos fueron intensos por las complicadas negociaciones entre los tres países (México, Estados Unidos y Canadá), y también por el abrumador discurso oficial, masivo y agresivo, el cual buscaba que la población mexicana aceptara las bondades de un tratado, decía el Gobierno, que nos sacaría de la mediocridad económica y social y nos llevaría a las grandes ligas del primer mundo.

Con el TLC, el Gobierno de México aseguraba que nuestro país no sólo sería “potencia exportadora, en el marco de la globalización económica” sino, por fin, un país moderno, integrante del mayor bloque comercial del mundo, con suficiente empleo, una industria dinámica y eficiente usufructuaria de la tecnología de punta, con un crecimiento explosivo de las exportaciones, mejores niveles de ingreso, una economía altamente competitiva, sin fugas de mano de obra ni de capitales, el mejor de los tratos con los colosos del norte.

Según Salinas el TLC era “el mejor instrumento que hemos ideado para crear empleos y elevar salarios en México”. También: “Si no damos este paso podríamos quedar fuera de donde está la dinámica de comercio y la generación de empleos, y somos 81 millones de mexicanos y cada año se suman un millón 700 mil adicionales y a todos hay que responderles”.

En síntesis, que con el TLC México y los mexicanos prosperarán; sin él “estaremos condenados al atraso y la marginación”, advertía Salinas de Gortari.

 

Potencia exportadora

La realidad muestra que tanto el TLC como los tres gobiernos que condujeron el país en ese lapso —los de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Caderón—, quedaron mucho a deber.

Ciertamente México es hoy una potencia exportadora, y muchos mexicanos —no la mayoría—, tienen acceso a productos y servicios de más calidad y mejor precio, aunque no los básicos: alimentos, vestido, calzado y servicios públicos.

Los datos de la Secretaría de Economía y del Banco de México dan cuenta de un brinco espectacular en materia de comercio exterior. En el año uno del TLC, 1994, México hizo exportaciones por 60 mil 882 millones de dólares y tuvo importaciones por 79 mil 346 millones. Es decir, un comercio total con el mundo por 140 mil 228 millones de dólares.

Para 2012 —último año con datos al final del periodo— el giro había sido de 180 grados: las exportaciones fueron de 370 mil 706 millones y las importaciones de 370 mil 752 millones. Un comercio exterior total por 741 mil 458 millones de dólares.

Es decir que el flujo total de exportaciones e importaciones fue el año pasado 5.3 veces al registrado en 1994. Las exportaciones se multiplicaron por 6.1 y las importaciones por 4.7.

En el caso particular de Estados Unidos y Canadá, los socios en el TLC, los números oficiales dicen que en 1994 se le exportaron al primero 51 mil 619 millones de dólares y se le importaron 54 mil 834.2 millones, para dar un comercio total con ese país por 106 mil 453 millones de dólares.

En tanto que en 2012, el comercio total con ese país ascendió a 473 mil 110 millones de dólares, que es la suma de 288 mil millones en exportaciones y 185 mil 110 millones en importaciones.

Es decir, en el tiempo del TLC el comercio total con Estados Unidos se multiplicó por 4.4, las exportaciones por 5.6 y las importaciones por 3.4.

En el caso de Canadá, los montos son muy inferiores pero el salto fue un poco más grande. En 1994 el comercio total de México con ese país fue de tres mil 141 millones, y en 2012, de 20 mil 827 millones de dólares. Es decir, 6.6 veces el registrado en 1994.

Si se expresa de otra forma, con base en las mismas cifras, puede verse con mayor claridad la magnitud del cambio en el comercio exterior del país en la era del TLC. Por ejemplo en 1994 México exportó cada día bienes y servicios con valor promedio de casi 167 millones de dólares. En 2012 las exportaciones diarias promediaron mil 16 millones de dólares.

En el mismo sentido, a Estados Unidos se le exportaron en 1994, mercancías por 141 millones 416 mil dólares en promedio al día. En 2012 fueron de 788 millones 615 mil dólares diarios.

A Canadá se le exportaron ocho millones 605 mil dólares por día en 1994. Para 2012 ya eran de poco más de 57 millones al día.

En resumen y con las mismas cifras ya anotadas, se tiene que el comercio total de México con el mundo aumentó en la era del TLC en 429%; las exportaciones totales subieron en 509% y las ventas a Estados Unidos crecieron 571%.

Visto así resulta que en efecto, México aparece hoy con un comercio exterior vigoroso que hace ver al país como una potencia exportadora, como se planteaba en el TLC.

 

Letra muerta

Sin embargo, para la mayoría de los mexicanos todo ese espectacular desempeño del comercio exterior pasó de largo. La economía no creció como se aseguraba, no se crearon los empleos suficientes ni los salarios se recuperaron, no se frenó la migración ilegal a Estados Unidos, no se abatió la desigualdad social ni se redujo la pobreza.

La mejor calidad de vida que se auguraba para todos los mexicanos quedó en letra muerta. Ni por asomo hay en la sociedad, particularmente en sus habitantes de menos recursos, la percepción de que hoy estamos mejor que en 1994.

La economía moderna y pujante, la industria fuerte y el potente sector exportador que se han querido vender como resultado del TLC no han llevado a México al primer mundo, ni sus frutos han llegado a los bolsillos de la gente, ni se han traducido en mejores expectativas de vida para la población.

Peor: México no mejoró su posición en el mundo ni internamente cambió la estructura de la economía. Otra vez, los datos ponen las cosas en su lugar.

Sí. El comercio exterior creció espectacularmente y más las exportaciones, que aumentaron a un ritmo anual promedio superior al 10%. Pero la economía apenas creció a un promedio anual de alrededor de 2.5%.

Sí. La industria manufacturera quintuplicó sus exportaciones, vende más al exterior que el resto de América Latina y se convirtió en el motor de la economía nacional. Pero está igual o peor de concentrada que en 1994.

Lo dice el Inegi: para 2012 había siete mil 13 empresas manufactureras con operaciones de comercio exterior, de las cuales 17% (mil 92) realizan 82% del total de transacciones. Son las macroempresas manufactureras de exportación, con más de 500 empleados.

El restante 18% de las operaciones lo hacen las otras cinco mil 921 empresas, pequeñas, medianas y grandes. Y si el valor total del comercio exterior alcanzó 616 mil 700 millones de dólares en 2012, quiere decir que de siete mil 13 empresas sólo mil 192 —las macro—, concentraron 505 mil 694 millones de dólares, 82% del valor total de las operaciones de comercio exterior de la industria manufacturera del país.

Pero además de la concentración de la actividad de comercio exterior en pocas empresas, lo peor es que en su gran mayoría éstas son extranjeras —estadunidenses las más—, y las que les sirven de proveedoras, asentadas en el país, son sus propias subsidiarias o con matriz también fuera del país.

De tal suerte que, según datos del Consejo Coordinador Empresarial difundidos el 30 de diciembre pasado, las exportaciones mexicanas a Estados Unidos llevan 40% de contenido estadunidense.

De hecho, del boom exportador de México en estos años, Estados Unidos ha sido un gran beneficiario. Carla Hills, la negociadora del TLC por Estados Unidos, escribe lo siguiente en un artículo que en breve publicará Foreign Affairs: “Las exportaciones mexicanas en todo el mundo benefician a la economía de Estados Unidos debido a su alto porcentaje de contenido estadunidense. Y haciendo la imagen incluso más brillante, por cada dólar que gana México en sus exportaciones, gasta 50 centavos en productos de Estados Unidos”.

 

A la baja

Por otra parte, ser potencia exportadora no le ha significado a México cambio alguno en cuanto al tamaño de su economía como proporción de las economías de Estados Unidos y de Canadá; inclusive a escala mundial ha perdido posiciones.

Estadísticas del Banco Mundial señalan que en 1994 el tamaño de la economía de Estados Unidos era 13.7 veces de la mexicana. Y la de Canadá, 1.01 veces de la nuestra.

Para 2012 las cosas seguían igual. Con todo y que el Producto Interno Bruto de México pasó de 534 mil 119 millones de dólares en 1994, a un billón 175 mil 126 millones en 2012, la proporción respecto a la economía de Estados Unidos fue prácticamente la misma.

La de ese país, con un PIB de 16 billones 245 mil millones de dólares en 2012, era 13.8 veces el tamaño de la economía mexicana. Y la canadiense, también en 2012, fue 1.5 veces de la mexicana.

Peor: por el tamaño de su economía México ocupaba en 1994 el lugar número 10 en el mundo, debajo de Brasil pero arriba de España, según el ranking del Banco Mundial. Para 2012 México se fue al lugar 14, una posición debajo de España y seis lugares abajo de Brasil. Estados Unidos, en todo el periodo del TLC, se mantuvo en primer lugar. Canadá pasó de la posición 7 en 1994 al sitio 11 en 2012.

Tampoco le ha ido bien a México en un indicador tan importante como el PIB per cápita, que refleja el estándar de vida de un país y puede interpretarse como la cantidad de dinero que le tocaría a cada habitante, si hipotéticamente se repartiera de manera igualitaria toda la riqueza generada en el país.

En 1994, primer año del TLC, el PIB per cápita de México fue de cinco mil 710 dólares, y el país ocupaba el lugar 53 en el mundo. Para 2012 cayó al lugar 61, con un PIB per cápita de 9 mil 749 dólares.

Muy lejos de Estados Unidos y Canadá. El primero tenía en 1994 un PIB per cápita de 27 mil 776 dólares y ocupaba el lugar nueve. Cayó un peldaño en 2012, aunque su PIB per cápita subió a 51 mil 749 dólares.

Canadá fue de los tres, el único que mejoró sustancialmente: de 19 mil 390 dólares en 1994 y lugar 21, a un PIB per cápita de 52 mil 219 dólares en 2012, con el que brincó hasta el sitio nueve del ranking mundial.

Carlos Acosta Córdova

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