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Juan XXIII y Juan Pablo II ya son nuevos santos

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En una solemne ceremonia celebrada en una Plaza de San Pedro vestida de gala y abarrotada por una multitud de fieles provenientes de todo el mundo —unos 800 mil en total— y vista por unos dos mil millones de personas, gracias a la televisión, el Papa Francisco elevó al altar de los santos a los beatos Juan Pablo II y Juan XXIII, definiéndolos “los dos papas valientes del siglo XX”.

Sereno y visiblemente concentrado, durante su homilía Francisco subrayó que Angelo Roncalli y Karol Wojtyla “no tuvieron miedo de inclinarse ante el sufrimiento” ni ante “las llagas del hombre” y así “dieron un testimonio a la Iglesia y al mundo de la bondad de Dios y su misericordia”.

Los nuevos santos, agregó el Pontífice argentino, “fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX”, en el que “conocieron las tragedias, pero no se dejaron amedrentar”, porque lo “más fuerte en ellos era Dios”, dijo recordando que en este día también se celebraba la festividad de la Misericordia, instaurada por Juan Pablo II.

Poco antes del inicio de la ceremonia, luego de besar el altar, Francisco se acercó a saludar a Benedicto XVI con un cariñoso abrazo. Vestido de blanco como todos los cardenales y sacerdotes presentes en la ceremonia, el Papa emérito se encontraba junto a los purpurados que concelebraron con el Papa la misa de canonización.

La jerarquía vaticana estaba ubicada en el lado izquierdo del altar mayor montado en el atrio de la Basílica, mientras que las cien delegaciones oficiales, encabezadas por 34 entre jefes de Estado y de Gobierno, se encontraban en el derecho. En representación de México acudió la primera dama, Angélica Rivera.

“Quisiera expresar mi especial felicidad” por llevar al altar de los santos a estos dos papas a los cuales “une el Concilio Vaticano II”, ya que “el primero lo abrió y el segundo lo llevó adelante en su largo pontificado”, señaló Francisco antes de proceder a la canonización.

Definió a Angelo Roncali “el Papa del Concilio” y a Karol Wojtyla como “el Papa de la familia”.

A las palabras de Francisco siguió el traslado al altar de la Basílica de las reliquias de los dos santo: un fragmento de piel de Juan XXIII, extraído cuando fue exhumado, y una muestra de sangre de Juan Pablo II, contenidos en dos cápsulas. Ante estas reliquias un diácono celebró el rito del incienso.

LAS PALABRAS QUE TODOS QUERÍAN OÍR

Pronunciando las palabras que acompañan toda canonización, el Pontífice argentino dijo lo que todos los presentes esperaban oír: “En honor de la Santísima Trinidad, en exaltación de la fe católica, en incremento de la vida cristiana y con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los apóstoles San Pedro y Pablo y la Nuestra, declaramos y definimos santos a los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II”.

El Pontífice también hizo saber que Roncali y Wojtyla serían inscritos en el Libro de los Santos estableciendo que “en toda la Iglesia debían ser devotamente honrados”.

Como manda la tradición de la Iglesia de Roma, la proclamación de la santidad de estos dos papas la decretó Francisco luego de las tres peticiones que hiciera el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, quien estuvo acompañado por los postuladores de estas causas, el sacerdote italiano Gianfranco Califano y el monseñor polaco Slowomir-Oderde.

CUATRO PAPAS

Considerada la canonización del siglo, ya que nunca antes en la historia de la Iglesia Católica un Papa, Francisco, había santificado a dos papas concelebrando la misa con nada menos que otro papa, el emérito Benedicto XVI. La ceremonia fue seguida en El Vaticano y en toda Roma a través de unas 14 megapantallas. En todo el mundo se difundió por televisión y cine, y la vieron dos mil millones de personas, según estimaciones oficiales.

Entre la gran masa de gente reunida en San Pedro sobresalían los 700 sacerdotes vestidos de blanco, color símbolo de la pureza de los nuevos santos, quienes impartieron la comunión a los fieles con una sombrilla blanca y amarillo ocre, los colores de la bandera vaticana.

“Desde el punto de vista mediático esta canonización nos dice que la Iglesia es de Dios, no de Juan XXIII o Juan Pablo II. Cada uno de ellos dio su propia contribución como un servicio a la Iglesia de Dios”, dijo Dario Vigano, responsable de la Radio-Televisión vaticana, aclarando en alguna forma el motivo de esta doble canonización.

Este gran evento en realidad inició el domingo desde muy temprano, cuando fue abierta la vía de la Conciliación y los miles de peregrinos que habían dormido en las cercanías, sobre todo polacos, entraron a la zona del evento ondeando sus banderas, cantando y rezando, tal como lo hicieron al final de la canonización.

“Estamos muy contentos, porque nuestro Juan Pablo II ya es santo, pero debo decir que en Polonia no estuvimos de acuerdo con esta doble canonización, aunque ahora esto ya no es importante”, dijo Vladimir, uno de los 150 mil polacos que llegaron a Roma.

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