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Juan José Esparragoza “El Azul”, ¿Muerto?

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MÉXICO, DF.— La tarde del pasado domingo 8, el semanario Ríodoce, de Culiacán, Sinaloa, informó del presunto deceso del narcotraficante, cuando convalecía de un accidente automovilístico. El medio citó “fuentes policiacas extraoficiales y personas cercanas a la familia del narcotraficante”.

Horas después, el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, dijo no saber nada de nada. “No tenemos confirmado nada, yo no tengo información”, declaró escueto a la prensa cuando fue interrogado en Madrid, donde se encontraba como parte de la visita de Estado del Presidente Enrique Peña Nieto a España.

Poco más tarde, en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, reiteró la posición oficial durante una conferencia de prensa: “El día de ayer corrió esta versión sobre este delincuente y lo que puedo decirles es que, como lo hemos hecho en el Gobierno de la República y en el gabinete de seguridad en lo particular, es que no damos ninguna información hasta que no estemos completamente seguros de que ésta sea cierta, hasta que no tengamos los elementos.

“Entonces hoy no tenemos mayor información. Hoy solamente ha sido a partir de las redes sociales, a partir de algunos medios que han dicho y han hecho comentarios al respecto, pero no tenemos información que dé sustento al supuesto fallecimiento de este presunto delincuente. En cuanto se tenga alguna información correcta y que tenga el sustento correspondiente lo daremos a conocer”.

Pero en Culiacán se mantuvo la versión del fallecimiento. El martes, el miércoles y el jueves se realizaron misas en memoria del señor “José Moreno” en la parroquia Espíritu Santo, en la colonia Las Quintas. Se trata del mismo barrio donde abundan casas atribuidas a narcotraficantes.

Según reportó Ríodoce, los tres servicios religiosos tuvieron lugar a las 19:15 horas y en todos ellos se mencionó el nombre de José Moreno. “A las misas asistieron familiares y amigos de Esparragoza Moreno”, quienes confirmaron que sus restos fueron cremados. El semanario corroboró que en el libro de registro de la parroquia aparece el nombre de José Moreno.

El Gobierno de Estados Unidos también guardó silencio. A pesar de ser uno de sus principales objetivos entre “los más buscados”, y que ofrece una recompensa de cinco millones de dólares para quien proporcione datos útiles en su captura, ninguna agencia encargada de su persecución declaró nada oficialmente.

En una clara presión contra el histórico jefe del narcotráfico mexicano, Estados Unidos incluyó en 2012 y 2013 a sus hijas y yernos en la lista de personas con las que prohíbe hacer negocios y a las que congela sus activos en ese país.

Con base en la Ley de Designación de Cabecillas Extranjeros del Narcotráfico, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro, sumó en esa lista a Brenda Guadalupe Esparragoza Gastélum y Nadia Patricia Esparragoza Gastélum, así como a sus esposos, Luis Francisco Vallarta Escalante y Álvaro Padró Pastor, éste, ciudadano español de origen catalán.

Las acciones pretendían presionar a Esparragoza Moreno por su lado débil: la familia. Incluso, antes de que los yernos fueran incluidos en la lista, el Gobierno estadunidense pretendió negociar con el capo para que se entregara en algún punto de la frontera. Lo quería en su territorio antes de que apareciera muerto a manos del Gobierno mexicano, confió a Proceso un investigador policial que por razones de seguridad pidió no publicar su nombre.

Nadia Patricia Esparragoza atrajo los reflectores en la década de los noventa.

Este semanario publicó testimonios sobre la operación de El Azul en el Estado de Morelos, donde tenía una casa cerca de la residencia del entonces gobernador, el panista Sergio Estrada Cajigal (Proceso 1433). Junto con Amado Carrillo, “El Señor de los Cielos”, Esparragoza Moreno tejió vínculos con autoridades estatales, como Antonio Salgado, jefe de la Unidad Antisecuestros de la Policía Judicial del Estado.

Una de las fuentes de esa información fue el ex director de la Policía Judicial Federal Adrián Carrera Fuentes —detenido después por sus nexos con Carrillo—, quien describió la fiesta por las bodas de plata de Esparragoza con María Guadalupe Gastélum Payán en 1997, en el hotel La Hacienda, en la carretera Cuernavaca-Tepoztlán.

El festejo contó con protección policiaca y duró hasta el siguiente día. “Desde esa fecha ya no se pudo ocultar la referencia, posteriormente acreditada por la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, de que Nadia Patricia EsparragozaGastélum… tenía vínculos sentimentales con Estrada Cajigal, el gobernador de Morelos”, se asienta en otro reportaje, publicado por la agencia Apro el 20 de mayo de 2009.

 

PESO HISTÓRICO

Por su asociación anterior, apenas se conoció la versión de la muerte de Esparragoza Moreno, en la garita de San Isidro, California, fue colocado un espectacular en el cual el Gobierno estadunidense ofrece una recompensa de cinco millones de dólares a quien aporte información para detener a Caro Quintero, a quien pretende juzgar por el asesinato del agente antinarcóticos Enrique Camarena.

El ex líder del Cártel de Guadalajara purgó 28 años de prisión en México, pero en agosto pasado un tribunal federal ordenó su libertad. Ante la presión estadunidense, la Suprema Corte de Justicia de la Nación revocó su liberación y lo colocó en condición de prófugo.

El alegado desconocimiento del gobierno de Peña Nieto sobre la muerte de Esparragoza Moreno ahonda la especulación sobre el destino del capo, uno de los vértices que por años sostuvo al Cártel de Sinaloa, junto con el ahora detenido, Joaquín “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, quien con la supuesta muerte de El Azul, quedaría como el principal jefe de esa poderosa organización delictiva.

Por más de 30 años el nombre de Juan José Esparragoza Moreno ha sido parte de la historia del narcotráfico en México. Pero a diferencia de otros jefes históricos, como Rafael Caro Quintero y el propio Chapo Guzmán, ha estado consistentemente en segundo plano. Y también a diferencia de Guzmán Loera, quien comenzó en la organización como pistolero, El Azul ingresó al negocio de las drogas como financiador para el cultivo de mariguana.

En las investigaciones del asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena, ocurrido en Guadalajara en 1985, El Azul ya era mencionado —junto con Manuel Salcido Azueta, El Cochiloco; Miguel Ángel Félix Gallardo; Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo, “Don Neto”—, como uno de los jefes del tráfico internacional de droga.

Su papel ha sido clave en el desarrollo de los narcotraficantes sinaloenses y en especial del fortalecimiento del Cártel de Sinaloa. Además de su liderazgo en éste, ha sido vinculado al Cártel de Guadalajara, de Caro Quintero, y al Cártel de Juárez, de Amado Carrillo Fuentes, sus paisanos.

“Su consejo ha sido buscado no sólo dentro de su organización, sino por otros cárteles —dice el investigador policial—; lo consideran un caballero que cumple su palabra y es promotor de acuerdos, convencido de que contrario a lo que se piensa, plomo y droga no se llevan”.

Lo describe como “un barón de la droga” y “el padrino de padrinos”. Cuando había problemas con las autoridades o con otros cárteles, él intervenía. Ha sido un negociador permanente, asegura.

De ahí que se le atribuya el surgimiento de la Federación Sinaloense, la congregación de grupos del narcotráfico originarios de Sinaloa que fracasó en 2008 con la detención de Alfredo Beltrán Leyva, “El Mochomo”, por una supuesta delación de El Chapo Guzmán.

Desde entonces esas facciones se embarcaron en una confrontación que no acaba, pese al acribillamiento en 2009 de Arturo Beltrán Leyva “El Barbas” a manos de marinos, y la detención el 22 de febrero pasado de El Chapo Guzmán.

Esparragoza Moreno quedó en medio de esa guerra, entre sus lealtades a la organización y su relación familiar con los Beltrán Leyva. Su hijo mayor, Juan José, que habría sido asesinado, se casó con una hermana de los Beltrán, clan originario de la comunidad de La Palma, también en el municipio sinaloense de Badiraguato.

Pese a la cercanía manifiesta de El Chapo con El Mayo Zambada, avalada por éste en el encuentro que tuvo con el periodista Julio Scherer García, fundador de Proceso (edición 1744), Juan José Esparragoza no fue ajeno a la huida de Guzmán Loera del penal federal de Puente Grande en enero de 2001, al principio del gobierno de Vicente Fox. “Le dio cinco millones de dólares para esconderse”, dice la fuente.

Y afirma que El Azul se desplazaba en varias ciudades del Pacífico, entre Ensenada, La Paz, Culiacán y Guadalajara. La versión periodística de su muerte dice que ocurrió en un hospital de Guadalajara o del Distrito Federal.

El gobierno de Peña Nieto prefiere pasar por desinformado antes que decir cualquier cosa sobre el capo, a pesar de su largo historial delictivo. Entre la información oficial que existe sobre él está su ingreso a prisión en 1986, un año después de que fuera desarticulado el Cártel de Guadalajara, tras el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena. Esparragoza Moreno fue detenido y encarcelado por cargos de narcotráfico y portación ilegal de arma.

La PGR asentó que el acusado se asoció con Caro Quintero para sembrar, cultivar, cosechar, elaborar y traficar mariguana a gran escala. Según el proceso penal 20/86 del Juzgado Décimo de Distrito en Materia Penal del Distrito Federal, Esparragoza Moreno le hizo un millonario préstamo a Caro Quintero para financiar esas actividades.

Cuando se publicó su supuesta muerte, Esparragoza tenía 65 años. Según Ríodoce, murió cuando convalecía de un accidente automovilístico ocurrido hace unas dos semanas y en el que se lesionó la columna vertebral. “Quiso levantarse de su cama y fue en ese momento que sufrió un infarto”, publicó el semanario, que ubica el deceso en el Distrito Federal o en Guadalajara.

Jorge Carrasco Araizaga

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