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Hool entre pobreza, marginación y olvido

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HOOL, CHAMPOTÓN.—  Pobreza, marginación y olvido envuelven a la Junta Municipal de Hool a 70 años de su fundación, y solo el palacio, el parque y la iglesia reciben en ocasiones mantenimiento por la festividad anual. Sus habitantes, muy serios, hablan poco o de plano callan. Creen que el destino es el responsable de sus penurias.

Con las huellas de 90 años de edad reflejadas en las arrugas de rostro y manos, nostálgico y por momentos sonriente, Bonifacio Coj González accede a opinar a las puertas de su casa, ubicada en la calle Madero, frente al parque.

Apoyado en un bastón, relató que toda su vida ha vivido aquí, dedicado a las faenas del campo. Lo peor, estima, son las calles en mal estado y el pésimo servicio de transporte urbano. Cuando tenía seis años, recuerda, miles de devotos arribaban en ferrocarril y carretas a la fiesta anual, y ahora llegan en vehículos particulares y autobuses, la mayoría rentados.

Con población promedio de 800 habitantes, Coj González afirma que el pueblo no crece, y que en las últimas semanas los dejaron sin módulo policiaco, al trasladarlo a Quetzal.

Sigue la gente en labores del campo, y busca emplearse en la temporada de corte de caña, porque acá no hay trabajo. Apenas se gana para medio comer. Actualmente algunas mujeres y hombres laboran en la maquiladora de ropa en la Junta Municipal de Seybaplaya, con la ventaja de que un camión de la empresa los lleva y trae.

De pronto el nonagenario extiende el brazo e invita a entrar a su humilde vivienda, donde su esposa Soledad Caamal de González, de 85 años, sonríe. En una esquina se aprecian dos escalones en forma de altar, con al menos cinco figuras de santos. A los costados, cuadros y adornos religiosos.

Mientras la señora se dirige a la cocina a continuar su trajín doméstico, don Bonifacio retoma la plática. Con Soledad procreé 13 hijos. Algunos se fueron a Quintana Roo, Carmen y Veracruz, en busca de mejores condiciones de vida, y los otros se emplean en lo que pueden, porque en Hool no hay dónde trabajar. No hay progreso.

En los patios de algunas viviendas siembran hortalizas y en otros chile habanero, lo que permite a mujeres principalmente ganarse unos pesos. La apicultura es mínima.

Hace unos años las autoridades anunciaron que a orillas de la aguada construirían cabañas para rentar a los turistas durante la festividad anual. Todo quedó en proyecto, elaborado por jóvenes lugareños. No se sabe qué pasó, expresa, y sonríe.

Lo más deprimente de Hool, considera, son sus calles. O están empedradas o medio pavimentadas, mientras la obra pública es mínima. De las fuentes de empleo, mejor ni hablar. Simplemente no hay.

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