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Unos 10 mil visitan a la Virgen de Chuiná

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AQUILES SERDÁN, Champotón.— El cuerpo se estremece, las rodillas se flexionan, tiemblan las manos y los dedos, suave y sutilmente, rozan la vestimenta. La señal de la Cruz se dibuja sobre el pecho y algunas lágrimas afloran, todo en un abrir y cerrar de ojos. No hay tiempo para más. Atrás, los fieles en espera de llegar hasta los pies de la imagen de la Virgen de Chuiná, presionan para agilizar la marcha.

La comunidad de Aquiles Serdán, mejor conocida como Chuiná, se convierte en estos días en el punto neurálgico de la fe y la devoción de los católicos, casi la Meca peninsular.

Chuiná es el sitio en donde cada año, durante la Semana Santa, se congregan cientos de miles de creyentes de Quintana Roo, Yucatán y Campeche, e incluso de otras partes del país, para agradecer a la Virgen los favores recibidos o pedir su bendición.

También, se presenta en los alrededores del templo y de la laguna, un ejército de vendedores de flores, veladoras, estampas religiosas, ruda, albahaca y agua de la aguada, considerada bendita, al igual que pollos rostizados, tacos, tortas, flautas, artículos inflables y etílicos, e igualmente pululan quienes ofertan el servicio más antiguo del mundo.

¿Cuál es la derrama económica que se genera? Es difícil estimarlo, porque no hay libros contables y los comerciantes no expiden facturas, y pocos dan nota de venta.

¿Número de visitantes? Imposible saberlo, aunque un acercamiento a la cifra podría hacerse con base en el número de autobuses que llegan a  la comunidad y el de vehículos, motocicletas, triciclos y bicicletas, más las personas que arriban a pie.

Así, se estima que 10 mil personas llegan durante los cinco días de mayor esplendor, sea por cuestiones religiosas o de otra índole, y si cada visitante eroga en promedio 200 pesos, se generarían ingresos por dos millones de pesos. ¿A dónde van a parar o dónde se quedan? Nadie lo sabe.

 

Mínimo desarrollo urbano

 

El nombre oficial de Chuiná, es Aquiles Serdán, y se ubica a poco más de 100 metros de la vera de la carretera federal Champotón-Escárcega, aproximadamente a 45 kilómetros de la cabecera municipal.

Cuenta con 886 habitantes, pequeñas viviendas, servicios de energía eléctrica, escuela primaria y jardín de niños, y, pese al paso de los años, muy poco ha cambiado en materia de desarrollo urbano, en tanto la agricultura y apicultura son sus principales actividades económicas.

Sin embargo, tomando en cuenta los ingresos que se estima genera la feria anual, Aquiles Serdán recibe en menos de una semana, diez veces más dinero de lo que se destina en promedio al año a las comunidades del municipio, incluso supera el presupuesto de cualquiera de las cuatro juntas municipales, pues Seybaplaya recibe al año un millón 605 mil pesos; Hool, 171 mil 980; Sihochac, 244 mil 872, y Felipe Carrillo Puerto, 259 mil 602.

 

Leyenda de la vieja, el perro y la laguna

 

Se dice que hace mucho tiempo existió en los alrededores de Chuiná una choza  en la que vivía una viuda y su hijo de un año de edad, quienes convivían con un perro viejo, que era tan holgazán, que su dueña constantemente lo maltrataba e insultaba.

Un día en que la mujer fue por agua a un pozo lejano, colérica, le lanzo un sinnúmero de maldiciones al animal y lo golpeó tan fuerte que lo dejó prácticamente moribundo. “Sería bueno que por una vez en tu vida hicieras algo productivo. Cuida al niño mientras yo regreso”, le dijo al can, que lanzó un lastimero ladrido.

Al llegar la tarde, hora en que las mujeres regresaban de sus quehaceres, la viuda llegó con un cántaro de barro en la cabeza, transportando agua del pozo, pero al entrar a su vieja choza se llevó la sorpresa de que el viejo perro estaba en la hamaca y con el bebé sobre su pecho. Además, el animal entonaba una melodía muy extraña, y al ver a su ama le dijo: “He cumplido con lo que ordenaste”.

La reacción de la viuda no se hizo esperar: con gran temor arrojó el cántaro que transportaba al suelo y tomó al niño en sus brazos, gritando que el Diablo había entrado al cuerpo del perro. Pero no solo esa sería su sorpresa, pues el agua del cántaro empezó a salir con abundancia.

Al día siguiente, los vecinos descubrieron la pequeña aguada a la que llamaron Laguna de Chuiná, que existe hasta nuestros días.

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