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El trabajo más difícil del mundo

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Rafael Martínez Castro

 

Soy un payaso

En homenaje a los payasos campechanos.

 

Creo que no existe alguna duda en que el trabajo más difícil del mundo es hacer reír, por eso ser payaso no es ningún juego. Este oficio es una carrera tan difícil como lo podría ser cualquier carrera universitaria, ya que pase lo que pase, se necesita invariablemente las carcajadas de un público, y para ello se requiere muchas horas de práctica, valentía y talento.

 

A continuación, compartiré con mis distinguidos lectores de TRIBUNA de Campeche una charla que tuve en días pasados con un extraordinario amigo que hoy se gana la vida trabajando como payaso en fiestas infantiles o en eventos que organizan diversas autoridades, que le ha permitido recorrer una buena parte de la geografía estatal. Créanme que valoro y respeto el trabajo de otros payasos, pero para no herir susceptibilidades de alguno de ellos a este personaje lo llamaré Garrik. Él está de acuerdo, y logro sacarle una risa por la ocurrencia del nombre. No le explico el por qué.

Garrik no le dijo a nadie que se había quedado sin trabajo. Ni siquiera a su esposa, y mucho menos a sus hijos. No tenía la culpa de que la empresa sin decir “agua va” decidiera prescindir de varios trabajadores, pero no podía evitar sentirse en cierto modo culpable, fracasado, y le daba vergüenza reconocerlo. Por eso, después de cobrar una irrisoria cantidad de dinero como finiquito, Garrik siguió saliendo de su casa a la misma hora, con ropa de trabajo, aunque en lugar de ir al trabajo ahora salía a buscarlo en secreto, echando solicitudes como si fueran serpentinas o confetis.

Garrik pasó semanas desesperado por continuar ocultando su situación mientras que nadie, ninguna empresa, le llamaba como le habían prometido. Pero un día de tantos le tocó acudir a una reunión de padres de familia en el colegio de su hijo, y platicando entre ellos escuchó a una de las madres anunciar el cumpleaños de su hijo, y también que andaba buscando un payaso para amenizar la fiesta.

Sin pensarlo siquiera, a Garrik le salió como resultado de la necesidad saltar como un resorte y decir con firmeza que conocía a un payaso chistoso y divertido, y de inmediato proporcionó el número telefónico de su hermana.

El propio Garrik se haría pasar por un payaso procurando, eso, sí, que nadie lo reconociera en un medio tan pequeño como es San Francisco de Campeche.

A los pocos días, la mujer le llamó, acordaron un precio y con el cincuenta por ciento de adelanto Garrik compró material para elaborar su propio traje.

Ahora se ríe de lo que vivió en su primera experiencia como payaso, pero la necesidad lo llevó a actuar bien, tuvo buena aceptación en aquel primer cumpleaños, que pronto fue recomendado para divertir en otras fiestas, siempre oculto tras su disfraz, cambiando un poco la voz para que nadie se diera cuenta. No duró mucho el ocultarse pues al poco tiempo en una reunión familiar en casa de su mamá, con la ingesta de botanas y bebidas “espirituosas” fue descubierto su secreto ante el asombro de su esposa e hijos.

Lo he visto trabajar, es responsable, preocupado, crítico e irreverente, etc. Garrik se muestra siempre como el payaso comprometido con su entorno que muchas veces lo lleva a descomprometerse consigo mismo. Se mofa de todo y de todos, tiene una observación del hombre aguda y exagerada, contempla la vida y se burla, es gracioso y en este estado se reconoce a sí y eso también le da risa.

Es un incansable promotor para lograr la integración de los payasos en actividades culturales de Campeche. Manifiesta que se debe valorar a los payasos como artistas escénicos. Que sería ideal una vinculación de trabajo con las autoridades que tienen bajo su responsabilidad actividades culturales y artísticas.

Está convencido que San Francisco de Campeche es interesante, incluso formidable en muchos sentidos. Que de vez en cuando nos hace falta relajarnos un poco de tanta violencia que existe en el mundo, ignominias y desconciertos. Una bebida cualquiera y una charla con los amigos pueden ser los momentos en los que se descansa. Se puede también caminar a ciertos lugares como los parques públicos.

Estos espacios son generalmente los lugares en los que se concentran los espectáculos y donde acuden una buena parte de la población, principalmente niños. Ahí existen las condiciones idóneas para trabajar porque la finalidad única del payaso es hacer reír al público. Ahí pueden estar los payasos para divertir a los niños y servir a Campeche.

Dime, Rafael, ¿Quién no se detiene en un parque a observar el show de algún payaso? Cualquiera que haya vivido una experiencia como ésta, sabrá que sería inhumano detener un acto tan filantrópico. El payaso que trabaja en la calle siempre se muestra alegre, simpático y sonriente.

Tú sabes que la risa es una forma excelente para lograr la relajación, abrir nuestra capacidad de sentir y de amar y qué mejor que relajarnos recurriendo al juego de palabras y los dobles sentidos.

Si tú me preguntas qué se esconde detrás de la sonrisa del payaso, te responderé que hay un mundo, una vida, tristezas, frustraciones, logros y equivocaciones. Somos payasos y nos gusta hacer feliz a los demás, aun cuando no estemos felices porque puede existir la lágrima, la queja, la disconformidad con uno mismo, no con ser payaso, sino con ser hombre. Cuando terminamos de trabajar nos encontramos con nuestra realidad, a la dura vida a la que tenemos que regresar.

Nos despedimos con un fuerte abrazo y apretón de manos, pero antes me autorizó Garrik elaborar un artículo sobre esta charla para que nos haga el favor de publicar TRIBUNA de Campeche.

Observé al amigo cuando se alejaba, pero también admire al payaso, al artista que se encuentra detrás del disfraz y que refleja su gran capacidad actoral del humano, pues es capaz de ocultar sus necesidades para formular propuestas y hacernos reír a carcajadas. Seguramente no se puede ser payaso todo el tiempo, pero cómo le gustaría a Garrik que así fuera.

Vaya, pues, al payaso Cebollita, mi reconocimiento por su humor picaresco y muy campechano. Amigo, gracias por tu amistad.

Por último, hoy se tiene una deuda impagable con mis aguerridas Águilas del América. ¡Nos vamos al Mundial Brasil 2014! Misión cumplida.

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