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Víctor Manuel Collí Ek

 

Derechos humanos

 

Si midiéramos de pies a cabeza a todas las personas que viven con menos de dos dólares diarios en el planeta y transformáramos esa cantidad en distancia, obligando a alguien a recorrerla sin parar, se cubrirían cuatro viajes a la Luna. Lo que significaría un viaje de 54 años.

O visto de otra manera, si en lugar de caminar la distancia, mencionáramos los nombres de todas esas personas sin parar, tardaríamos 195 años.

Estas dos figuras me impactaron al leer el libro: “The State of Economic and Social Human Rights” (Cambridge University Press, 2013), que trata como su nombre lo indica, sobre la discusión, pero principalmente sobre la realidad de estos derechos.

Los derechos económicos y sociales encuentran su origen en dos instrumentos internacionales, que han servido de modelo para su desarrollo a nivel nacional: primero, la importante Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU de 1948, en especial los artículos 22-26; segundo, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

¿Qué derechos son estos? Derecho al trabajo, la seguridad social, educación, un adecuado estándar de vida, comida, al vestido, un hogar, cuidado a la salud.

Dos temas puntuales.

¿DE QUIÉN ES LA OBLIGACIÓN DE SATISFACERLOS? — Cuando uno piensa que la respuesta es sencilla: “el Estado”, nos encontramos en un libro de enorme actualidad, que realmente no lo es tanto. El gran reto para los defensores de los derechos económicos y sociales no es sólo esclarecerlos y justificarlos, sino, fundamentalmente, determinar quién tiene la obligación de promoverlos y cómo estos sujetos obligados pueden ser motivados a ello.

La discusión en la actualidad no es menor. Pensar al Estado como responsable, por un lado, y por el otro pensar que los países que han sostenido estas ideas como Holanda, consideran insostenible el Estado social (El País, José Esteve Pardo, 24 de octubre de 2013), entonces ¿la responsabilidad es del Estado o no?

Esta paradoja es latente en México, nuestro Estado parecería que sí es responsable, sin embargo determinadas circunstancias nos hacen plantearnos, ¿qué tan responsable se considera?

México no ha ratificado el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el más importante sobre este tema. Esta deficiencia ya ha sido denunciada, no sólo la sociedad civil, el Senado y la Corte han solicitado esta ratificación.

UN PASO ADELANTE. — El tema de la responsabilidad conlleva al de su satisfacción y justicia. Supongamos que convenimos en un responsable, ¿cómo crear un ambiente para una mejora real de los derechos? Existen algunas vías a considerar.

Durante esta oportunidad que he tenido de realizar una estancia de investigación en Washington D.C., en noviembre-diciembre de 2013, soy testigo al analizar diversos documentos, por ejemplo que, Open Society Justice Iniciative con sus muchos años trabajando en diversos niveles —internacional, regional y nacional— para defender derechos humanos ante los tribunales, nos da un consejo importante, al intervenir en el panel sobre “cómo fortalecer el litigio frente a los Comités de Derechos Humanos de Naciones Unidas”. Nos dice que se debe fortalecer el diálogo cruzado entre los diferentes organismos encargados de defender derechos humanos, para conocer sus avances y aprovecharlos, en especial las instituciones públicas.

Una propuesta interesante en concreto es pensar la existencia de un comité específico del Congreso nacional y estatal —como en el caso del Reino Unido con el “Joint Committee on Human Rights”— para monitorear permanentemente la compatibilidad del derecho nacional y estatal, la jurisprudencia creada por los tribunales, con las disposiciones internacionales en materia de derechos humanos. La especialidad de este organismo es esencial, porque la información es vasta y cada una relevante. El momento es adecuado, por la vocación hacia los derechos que permea en toda la sociedad mexicana de nuestro tiempo.

Como vemos, el tema de los derechos en general y de los económicos y sociales está lejos de acabar, tenemos tareas pendientes, pero igual hay caminos andados que podemos aprender y adoptar.

 

* Investigador de la Universidad Autónoma de Campeche. Actualmente en una estancia de investigación en diversas instituciones académicas en Washington D.C.

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