Inicio»Opinión»El venadito

El venadito

0
Compartidos
Google+

Desde Champotón

El venadito

 

Esta es la historia de una hacienda de tantas que existieron en la región de Yucatán.

Se cuenta que a un pordiosero le dio por dormir todas las noches a las puertas del zaguán de la casa de don Rodrigo Jesús de la Plata y Albornoz, quien al enterarse de lo que sucedía con el menesteroso, lo mandó a retirar despectivamente en repetidas ocasiones, pues don Rodrigo era considerado como un hombre duro, insensible y de poco corazón.

Una de aquellas mañanas, en que era costumbre echar al pordiosero, Gaspar, el criado de confianza de don Rodrigo, le comentó con asombro lo que la gente contaba una noche antes, pues decían: “Vimos durmiendo en el lugar acostumbrado al pordiosero y hoy amaneció en el mismo sitio un hermoso venadito, que hasta ahora, a pesar del alboroto de toda la gente que lo observaba, continúa echado en el zaguán de la casa, como si estuviera en la suya”.

Don Rodrigo Jesús de la Plata y Albornoz escuchó asombrado aquello y vistiéndose rápidamente, salió al frente de la casa y vio exactamente lo que le habían informado.

Para terminar con aquel alboroto, don Rodrigo mandó pasar al animal al interior de la casa.

Pasó el tiempo y se decía que aquel ciervo, era el alma del pordiosero que, habiendo recibido malos tratos de don Rodrigo, la noche del ocho de diciembre, en que se celebraba una fiesta religiosa en la que cambiaba de lugar a la Virgen, el pobre mendigo le había hablado a la Madre celestial y que ésta, conmovida por el sufrimiento del hombre, había llevado su alma al cielo y en su lugar dejó al pequeño ciervo.

Desde ese día, el carácter de don Rodrigo se suavizó, dedicando sus bienes a ayudar al prójimo y se decía que aquel hermoso animalito no se separaba nunca de él.

Los criados, incluso Gaspar, escuchaban que por las noches, a solas, don Rodrigo y el venadito platicaban.

Al morir don Rodrigo, una mañana del nueve de diciembre, se cuenta que al entrar Gaspar a la alcoba de su patrón, llevándole el desayuno, lo encontró en su lecho, ya muerto, con una expresión de tranquilidad en el rostro y como siempre, a sus pies, el venadito también muerto, como si no quisiera separarse de él.

Dicen que el ciervo fue el ángel que envió la Virgen para la ayuda espiritual de don Rodrigo.

Addy Noemí Hernández Navarrete

Noticia anterior

En autobús o bicicleta

Siguiente noticia

Campechanos distinguidos