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En autobús o bicicleta

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Sol y sombra

En autobús o bicicleta

 

La prisa con la que toda la gente vive estos iniciales días de diciembre, para evitar ser rebasados por las fechas principales que acompañan al fin de año, no deja espacio de tiempo para pensar en lo que ha pasado con el Pacto Por México.

Se sabe que un partido, de los 3 principales que se sumaron a esta iniciativa del Presidente Peña Nieto, decidió “salirse” del mismo. Es decir, cancelo su participación. La explicación que se “dio” fue algo así como el consabido “por no convenir a mis intereses”.

Es una verdadera lástima lo que ha sucedido. Lo digo porque, por primera vez en décadas, parecía volver aquel principio primigenio de la política: la negociación y el diálogo a favor de México.

Si bien recordamos, los partidos políticos son los representantes de las aspiraciones de sus afiliados y los que votan por ellos. Los partidos, son los que tienen estatutos que marcan el rumbo de su labor en beneficio de la que gente que representan.

Por ello, la validez del Pacto por México estaba avalada por las dirigencias nacionales de los partidos con mayor influencia en el país.

Como sabemos los partidos, a su vez, son representados en el Congreso Federal por sus legisladores que, usted lo sabe, se cuecen aparte.

El Presidente de la República en su afán de hacer “lo más pronto posible” los cambios y reformas que el país requiere para estar a la par del concierto internacional de países y, sobre todo, de agilizar el desarrollo y crecimiento nacional convocó a formalizar este Pacto que, en menos de un año, rindió sus primeros frutos con las diversas reformas aprobadas por el congreso.

El pacto nunca fue, ni siquiera pretendió serlo, un sustituto de los tradicionales acuerdos en la Cámara Federal. Por lo contrario, busco ser un anticipado espacio de diálogo, negociación y compromiso para el deshago de los temas más trascedentes para el país.

Finalmente, partidos y legisladores tienen un objetivo común: el bienestar de la gente. Porque, según se dice, al interior de la Cámara no hay partidos sino que hay hombres y mujeres, con voz y voto, preocupados por los mexicanos que son sus representados y los que, también votaron para llevarlos ahí.

Sin embargo se dijo que algunos legisladores del partido “que se salió” se sentían como “desplazados” por sus propias dirigencias que, en el marco del Pacto, adelantaban “el trabajo”.

Vaya usted a saber qué tan real era esta percepción, particular y obviamente, en los partidos de oposición.

El asunto, reitero, ha derivado en la retirada de unos de los actores principales del Pacto lo que, una de dos, precisará una revaloración y relanzamiento del mismo o devolverá “atribuciones” a los representantes camerales.

Es triste observar cómo se ha enturbiado el propósito del Pacto por México que, se reconozca o no, alcanzó algunos logros importantes para el proyecto de trabajo del Presidente Peña Nieto y sus reformas constitucionales.

Es triste ver cómo se hace a un lado, algo construido finamente con diálogo y consenso.

Porque, finalmente, aquí lo que importa es la sociedad mexicana; la que vota; la que requiere cambios y mejoría en su vida.

Metafóricamente el Pacto es como un tren que ayuda a llegar, más rápido, a un destino. Ahora, ya nos tocará ver cómo, el partido que se bajó del mismo, se querrá mover: En autobús o en bicicleta.

De verdad, lamentable lo sucedido.

Bertha Paredes Medina

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