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De una noche de teatro

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¡Aquí y ahora!

Para Rosita con mi amor y sufrimiento.

Quien escribió esta obra —“Mujeres frente al espejo”—, el señor Mauricio Pichardo, bien sabe de lo que trata. Desarrolla un tema muy común en un universo de superficialidad (con una excepción) en el que viven cinco mujeres de diferentes edades, educación y estatus social.

Si juzgamos por la respuesta del público: risas y más risas, podríamos pensar de que se trata de una comedia ligera, simple, como a las que nos tiene acostumbrado la televisión comercial; es más, esta obra obtuvo el Premio Nacional de Comedia del 2008. Como ya fue reseñada, por anónimo cronista del diario TRIBUNA, en excelente estilo, humildemente me referiré a comentar la forma en que el autor, utilizando los monólogos, en un giro inesperado, nos da a conocer el leit motiv de cada uno de los personajes, lo que cambia la percepción primera que seguramente la mayoría del público se había forjado de cada uno de los personajes.

Desde el aparente superficialismo de la joven, hasta la tragedia que representa la pérdida de un seno por una enfermedad maligna, pasando por el cinismo de la “vampiresa” enfrentada con el anónimo amante que cobra realidad en la esposa del mismo, en un giro inesperado, por lo menos para mi, hasta el temor y la preocupación de aquella señora ante lo inevitable de los cambios producidos por el envejecimiento, ante un concepto de vida basada en la apariencia física solamente.

Cada una en su monólogo nos da la razón o explicación del por qué de sus conductas, siendo el de la joven modelo el más impactante entre ellas a excepción, obviamente, de la mujer que busca el soporte de una cirugía reconstructiva ante el insufrible dolor de la mutilación física y anímica.

Con esos datos, con la crónica excelente del anónimo escritor, creo que se cumple a cabalidad la apreciación de la obra y su puesta en escena. Quiero entonces referirme brevemente a las intérpretes y el trabajo que significó días y días de ensayos en horas que debiendo ser de reposo y de gratificación familiar, fueron materialmente sustraídas para poder cumplir con su vocación y amor por el teatro.

Además hay que recordar que todas las intérpretes son lo que en mi tiempo de juventud, se les reconocía como intérpretes de teatro experimental.

O sea, no son “profesionales”, señalando esto último solamente como un grado más de valor al que hay que aportar al amor de estas señoras y señoritas. La dificultad de atreverse a subir a un escenario e interpretar un papel, el que fuera, merece todo nuestro respeto y reconocimiento.

En ese grupo actoral se combinan mujeres con mínima experiencia en el teatro, hasta reconocidas señoras que han dejado muestras de su calidad y que en esta obra en la que parecía que se diluía su experiencia, en un giro interesantísimo y muy teatral, el autor la revive para que con su experiencia de años en la interpretación nos impresione profundamente con la representación del dolor de la traición. Esta actuación me recordó gratamente su papel en una obra de Tenesse Williams: “De repente en el verano pasado”. Muy bien por María Alma. Precisamente “las tablas se aprecian y se agradecen”.

Algunos comentarios escuché respecto a que en alguna escena en aras de la comicidad, se derivó o se cayó en lo caricaturezco… eso yo no lo sé, lo que sí escuché fueron muchas risas y más risas y todos sabemos que es más fácil hacer llorar que…

Y para lo último, but not at least, Rosa María Lara de Rullán tuvo el tino de escoger muy bien a sus actrices, entender a cada una y apropiadamente designarles el papel que mejor les ocuparía. El manejo corporal que solicitó y obtuvo fue muy bien entendido, hasta en la escena del bailecito alrededor del pene. Otra aplaudida decisión: en ese grupo de experimentadas supo mezclar nuevos valores (o valores en potencia) y que al parecer le resultó bien.

¿Qué más puedo decir de Rosita? Nada queda más que agregar a mi admiración de antaño y hogaño, mi cariño, de siempre, aunque ahora sí me hizo sudar la gota gorda al agradecerme antes de hacer este intento de crítica, y por lo tanto sufrí, sobre todo ante la excelente crónica del TRIBUNA, ya que yo también soy solamente aficionado y nunca me habría atrevido a esto que intenté con mucho cariño y espero ya no volver a fallar.

P.D. No se puede olvidar el diseño de escenografía y música. Todo muy ad hoc.

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