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La princesa Elena

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Carlos Monsiváis fue luz y maravilló. Elena Poniatowska es luz que maravilla y da esperanza. Es cierto que compartió el estrado con el hombre considerado en su momento (por Televisa) como un peligro para México. También es cierto que nunca esconderá sus principios ideológicos izquierdistas que vislumbra una sociedad más justa equitativa y democrática. Pero más cierto todavía que no está exenta de la polémica en sus obras y en su vida misma.

La han calumniado como activista de Venezuela en México, que su premio se lo debe a extinto Hugo Chávez, etc. Le han inventado miles de cosas por el simple hecho de ser mujer con dignidad, una dignidad que no vende ni esconde. Sí, es cierto todo eso y más.

Con el Premio Cervantes de España 2013 en literatura, Elena se encumbra como la princesa heredera de algún reino menospreciado de Europa. Título real que alguna vez rechazó con su familia al llegar a nuestro continente y nacionalizarse como una mexica, maya, zapoteca o cualquier mestizo de nuestra patria.

Rechaza el premio que le confiere su libro “La noche de Tlatelolco” porque ella considera que los premios son de celebración, y al engendrar ese libro que narra el episodio más negro de nuestra historia, no celebró absolutamente nada. Con este acto de rechazo su sensibilidad humana floreció en una sociedad regida por un presidencialismo absoluto, la de Luis Echeverría, desafiando el poder con dignidad.

Mónica Lavín en su programa semanal “Palabra de autor”, la entrevista en su casa unas semanas antes de ser elegida como la ganadora del premio Cervantes. En la intimidad de su hogar abre su corazón como lo hace en cada una de sus historias, y navega en un mar de recuerdos que nos ayudan a conocerla y entenderla mejor: la publicación de su primer libro por un editorial independiente e izquierdista, que a la postre le daría el premio Xavier Villaurrutia que rechazó categóricamente, el problema de plagio o mal copiado de textos, su ilusión de ser bailarina profesional, su relación con Carlos Monsiváis, su vida al lado de su extinto esposo astrofísico Guillermo Haro y de su familia, sus trabajos de entrevistas a figuras encumbradas a mediados del siglo XX, su último libro con los trazos y dibujos del Fisgón titulado “Sansimonsi”, que es un gato parrandero, mujeriego, religioso y cantante. Y muchas anécdotas más.

Feroces detractores de su vida y obra intentan minimizar sus logros por el simple hecho de ser amiga y confidente del personaje más polémico de México en nuestra actualidad: El Peje. No le perdonan haberlo flanqueado varias veces en el Zócalo. ¡Ojo!, ella no confunde populismo barato que pregona el Pejelagarto tropical con la justicia socialdemocrática.

Ténganlo seguro. Elena es la princesa con luz que maravilla y da esperanzas. Yo vivo por Elena. ¡Oh, sí!

Qué tal durmió mi Ángel XIV. Se definió la madre de todas las batallas “la reforma energética”. PRI, PAN y PRD, cortados con la misma tijera de la corrupción.

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Miguel Chi Can

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