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Deseo frustrado; no hubo relax

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Después de un ritmo desenfrenado de trabajo, estrés, carreras y trasnochadas al terminar la temporada teatral, y por supuesto de convivir durante un tiempo maravilloso con un grupo de gente encantadora y disciplinada con las que trabajé, viene la nostalgia.

Ahora sigue toda la tarea que queda suspendida por tres meses: doctores, compromisos, compras y demás.

A fin de disfrutar cierta serenidad decidí darme como premio un relajante baño de tina con sales aromáticas, velas perfumadas, música ad hoc y una deliciosa copa de vino.

 

Le di el día libre a mi asistente estrella para no tener interrupciones… Grave error no contar con ella.

 

Abundan las ocasiones en que podemos transformar un momento cotidiano en una ceremonia o rito personal, sólo es cuestión de utilizar la imaginación.

 

Al fin empezaba a disfrutar mi ritual cuando el timbre de la puerta tocaba con insistencia. Quise dejarlo pasar pero era tanta la insistencia que me puse la bata para abrir; era el cobratario del periódico, me apresuré para traer la cartera y pagar.

 

Regreso para recuperar mi relax pero a los pocos minutos empieza a sonar el teléfono con tamaña insistencia que no me quedó más remedio que ir a contestar, al mismo tiempo que el celular sonaba también.

 

Después de tantas contrariedades regreso a mi tina, cada vez más fría y con el ánimo más encabritado, pero al momento escucho los gritos desesperados de mi nieto para que le abriera la puerta. Fúrica me salgo, quiero tomar la bata pero se cae la copa de vino justo donde doy la pisada y el vidrio se me clava. La sangre corre, y así cojeando me voy dejando la huella para abrir la puerta ¡Sorpresa, vengo a visitarte! ¿Qué te pasó?

 

Haz el favor de destapar la tina mientras me visto, y apaga la música y las veladoras, le digo.

 

Respiro hondo, me recuesto en la cama y le digo ven querido, cuéntame de cuánto son las penas que me vienes a contar.

 

Qué remedio si hoy no puedo ocuparme de mí, siempre queda el mañana si deseamos que nuestra vida sea rica, intensa y fabulosa.

 

Rosa María Lara de Rullán

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