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“El Príncipe”

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“No pueden haber grandes dificultades cuando abunda la buena voluntad”.

Nicolás Maquiavelo (1469-1527).

 

“El Príncipe” transcurridos 500 años.

Nicolás Maquiavelo por lo que le tocó vivir y por la forma de escribir “El Príncipe”, es el teórico-político del “hombre sin amo” que en la Italia del siglo XVI expuso sus ideas, basándose en el principio de la justificación de los medios por el fin en analogías del mismo asunto: las causas del auge y decadencia de los estados y los medios de los cuales —para bien o para mal— se valen los gobernantes.

 

El uso de medios inmorales para fines políticos y la creencia de que el Gobierno se basa en gran parte en la fuerza y la astucia, imbuían en Maquiavelo la concepción de la sociedad y la política italiana como ejemplo de un Estado en decadencia, cuya disolución social recibía el calificativo de época “de bastardos y aventureros”, que justificaba la expresión aristotélica que “cuando el hombre se aparte de la ley y la justicia, será el peor de los animales”.

 

Tales referentes se observan de manera clara en quienes cuya única finalidad estriba en conservar y aumentar su poder —olvidando la responsabilidad encomendada— haciendo uso de la inmoralidad, que ciertamente puede traer ventajas momentáneas pero que éstas suelen también ser acompañadas por la mala reputación que da el hecho de prostituir el arte de la política. Es innegable que en esto quedan encasillados todos(as) los que por el desprecio que propician y dan a las leyes y a sus compromisos, sólo parecen importarles sus inconfesables intereses personales.

 

Pese al cinismo que pueda atribuirse a los juicios de Maquiavelo, es de subrayar el aprecio que daba al Gobierno liberal sujeto a las leyes, lo que de alguna manera amortiguaba la contundencia de sus opiniones políticas, pues al expresar su patriotismo afirmaba con absoluta sinceridad que el deber para con la patria es irrenunciable y supera a todos los demás deberes.

De ahí se desprende que en el ejercicio legítimo del Poder Ejecutivo otorgado al Presidente Enrique Peña Nieto, con la resolución de transformar las estructuras institucionales que vivifican al país, no tenga cabida detenerse en pretextos de justicia o de injusticia, de glorias pasadas o de infamias y menos de gustos o disgustos mesiánicos, cuando es imprescindible ante todo y por encima de todo mantener la tenacidad, la integridad y la libertad en la nación, con la altura de miras que traiga como consecuencia la materialización de los razonables reclamos que existen en las grandes mayorías con el anhelo de justicia en el desarrollo social.

 

“El Príncipe” es —sin duda— teoría política discutible que precisamente por ello mantiene vigencia, lo que habría que valorar en una sintetizada reflexión es la pertinencia de hasta cuánto, dónde y cuándo es posible su aplicación sin perder de vista que hoy se cuenta con el buen juicio de una sociedad cada día más politizada, más participativa y que, sin olvidar sus obligaciones, es más exigente en sus derechos.

 

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Jorge Manuel Lazo Pech

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