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De una llamada sobre Saramago

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Suena mi celular y escucho la voz de un apreciado amigo con quien comparto el gusto por la lectura. Presiento que algo lo apura pues, sin siquiera saludar, me suelta de inmediato el motivo de su acelerado ánimo. ¿Ya viste que en el Congreso citaron a Saramago? ¿Cómo lo ves? ¿Qué opinas?

Mi inmediata respuesta seguro lo dejó congelado. ¡No opino nada!

Desconcertado insiste suavemente…! Es que…algo tienes que decir tú que has leído toda la obra de Jose Saramago!

Con modestia le agradezco a mi amigo el titulo de lectora de la obra completa del Premio Nobel 2008. Igualmente, le explico, que entiendo su interés pero que en realidad fuera del escándalo mediático, provocado por parafrasear alguna idea de sus libros, no tiene caso darle más importancia de la que merece esa mención.

Le comento que es algo circunstancial. Que, por obvias razones, usar ese tipo de frases en cualquier escenario llama la atención. Pero que no tendría mayor trascendencia que ocupar un rato, algún espacio, en los periódicos.

Tras este comentario me pareció que, el tono de voz del amigo, bajó a un breve silencio en el teléfono.

Aproveché para comentarle que, quien conozca la verdadera historia de Saramago sabría que en sus años mozos tuvo verdaderas convicciones políticas por todo aquello que le tocó vivir y defender.

Y que esto, es lo que hace la diferencia entre quien se dedica a la política para vivir de ella y quien se aleja de la política por no ser compatible en sus ideales.

Que los lectores del mundo agradecemos que el escritor portugués se haya dedicado a escribir y que, al final de su camino, nos haya dejado ese sensacional legado literario que conocemos.

Por ello no se extraña que, no sólo en México, sino en otras partes del mundo sus ideas escritas y sus parábolas sean usadas como referencia de tipo político.

¡Y qué bueno!, que el nombre de Saramago se haya mencionado tanto en los últimos días porque significa, por un lado, que mantiene plena vigencia entre sus lectores y, por el otro lado, no dudo haya despertado la chispita en otras personas para buscar algún libro de ese gran autor o por lo menos de citado Cuadernos de Lanzarote.

Al terminar de decir lo anterior la voz de mi amigo en el teléfono me dijo: ¡Totalmente de acuerdo!…y… ¿Vas a escribir sobre esta conversación?

Por supuesto, le dije, siempre tendré tiempo para hablar o escribir sobre nuestro admirado Saramago.

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