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La violencia

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No lo sé con certeza, pero a veces pienso que las tragedias son diseñadas para que estemos conscientes de la realidad de la muerte como algo natural.

Mis madres, las Violetas, con el paso de los años eran afectas a filosofar sobre la muerte y decían que ésta es la conclusión definitiva e irrevocable. Es la clausura total que entristece, y que acongoja a los familiares más cercanos. Y cuánta razón tenían porque hasta la fecha sus hijos y nietos, a pesar del tiempo transcurrido, no hemos podido cerrar esa puerta de dolor que se abrió cuando partieron.

En la actualidad, la muerte cancela vidas promisorias, destroza anhelantes esperanzas. Hoy, la violencia y la muerte son ya parte de un drama cotidiano. La tragedia nos acecha a cualquier hora y en el lugar más inesperado. Ante su asedio, la certeza se oscurece y la fe titubea.

Sí, nos tocó vivir días difíciles, pero nadie nos prometió un mundo totalmente feliz. No obstante, crecimos con la convicción de que la felicidad y el éxito serían razonables en la medida de nuestro esfuerzo y sacrificio para lograrlo. Vivimos con la creencia de que encontraríamos reciprocidad en el amor a los nuestros y al prójimo en general.

Pero como todos los desengaños, lo que ahora sucede es de una inmensa brutalidad. Todos los días nos enteramos a través de los medios de comunicación que en una parte de México prevalece la violencia, el miedo, el horror, la crueldad y la muerte. En verdad, que complicado es hoy reconstruir la fe en los valores en medio de tanta violencia y tanta locura.

En ocasiones escuchaba a las Violetas en sus oraciones pedirle a Dios: “Dame luz, fuerza e inteligencia para educar y cuidar a mis hijos”. Y con tanta devoción pedían misericordia y se les “abriera” el entendimiento a aquellas personas que con sus acciones negativas causaban tanto dolor y sufrimiento.

No hay duda que el destino nos ha puesto a prueba. En el barrio, en las calles, en las carreteras, el flagelo de la violencia se fortalece a pesar de las acciones que se realizan para combatirlo. Se dice que los buenos están ganando, pero a veces los malos están mezclados con gente de bien que ya no se sabe con quién se está hablando. Por ello, no es extraño que se tomen actitudes de desconfianza entre nosotros mismos.

A nuestros celulares o teléfonos domiciliarios llegan voces groseras que nos amenazan y nos obligan a asumir medidas preventivas que perturban la tranquilidad personal y familiar.

El deseo de atemorizar, imponer, conquistar, despojar y de humillar y de tantas cosas más que se relacionan con mostrar superioridad frente a los demás, empuja a que la violencia se extienda a muchos ámbitos de la sociedad y sus instituciones.

Soy de los que pienso que la violencia no frena la violencia, sino que la incrementa, así actuaban las sociedades arcaicas. Ésta debe ser el último recurso para frenar la agresividad. Y si se utiliza, hay que ser contundentes y determinantes para que no se siga recurriendo a semejante alternativa. Entre menos se use, mejor, Si dura poco, también. Pero dejar que se convierta en una forma de resolver los conflictos ya se está hablando de una solución enfermiza que irá arrebatando la tranquilidad y civilidad en la medida que va avanzando con su empeño por destruir.

Dicen los que saben, que la violencia brota de la frustración, de la impotencia y de la incapacidad por enfrentar los problemas con una visión más civilizada y educada. Pero también, en el fondo, lo provoca el miedo, esa inseguridad que produce la sensación de peligro y de amenaza a la integridad física y mental de la vida. Y la respuesta al miedo y a la frustración es la agresividad.

Sin embargo, nos tranquiliza saber que a pesar del incremento de la violencia en nuestro país la sociedad y el Gobierno están trabajando permanentemente para crear y aplicar programas que lleven a reducirla.

En Campeche se están desarrollando acciones que tienen como objetivo prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia en el seno familiar, así como la aplicación de programas dirigidos a reducir los suicidios, y prevenir y combatir la delincuencia, entre otros importantes temas.

Por último, no se olvide que las escuelas son espacios donde repercute la realidad social. Que no nos sorprenda el por qué se ha incrementado la violencia escolar (bullying) cuando la sociedad sobrelleva un crecimiento alarmante de la pobreza, exclusión, disgregación familiar y la pérdida constante de los valores.

La educación no es sólo escolarización sino también un ámbito de acción socializadora. Y el principal recurso con que cuenta el docente es la convicción de que la violencia debe ser combatida a fuerza de palabra, respeto y solidaridad. Por lo tanto, la escuela debe redoblar los esfuerzos para una adecuada formación social del futuro ciudadano. Y nosotros, como integrantes de una sociedad, debemos renovar la voluntad para seguir trabajando por la paz y por el rescate de los valores que siempre han caracterizado a los campechanos.

Finalmente, el fútbol mexicano está de luto, mis aguerridas Águilas del América no lograron el bicampeonato pero eso no significa que dejen de ser el mejor equipo de México. ¿O no? Vamos por la revancha.

Rafael Martínez Castro

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