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El “yo acuso” de Layda Sansores

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El atraco del siglo se concretó y la intervención de Layda Sansores que en defensa de la patria, aludió a un texto de la obra del Premio Nobel de Literatura, José Saramago, evidenció una vez más la ignorancia de quienes están al frente de la Presidencia de la República. Mismos que se encandalizaron por santurrones y píos. Allí quedó, ante el testimonio de los 110 millones de mexicanos que reconocieron la valentía de la senadora.

Los lacayos de Enrique I de Atlacomulco obedecieron ciegamente las órdenes del reyezuelo, ¿pero quienes son unas cuantas personas que se dicen representantes populares, para decidir por el pueblo? Cuando en una democracia el pueblo es el que tiene la última palabra.

Y los traidores de la patria no tomaron en cuenta a la plebe cuando se discutía y se votaba en lo general la reforma energética en el pleno del Senado de la República, pero “la nota” como dicen los colegas reporteros, la dio la senadora campechana Layda Sansores, con un “yo acuso” contundente contra Enrique I de Atlacomulco, que convirtió el Poder Legislativo en servidumbre de la Corte, que aún conserva la fascinación monárquica del AND tricolor.

Desesperados por detener la intervención de la senadora en la tribuna, entraron en acción los operadores de medios de comunicación tanto de la Presidencia de la República como del Senado para que el tema no trascendiera en los medios nacionales y, mucho menos, regionales o locales. Sin embargo, la noticia trascendió hasta nivel internacional.

En su intervención, la senadora Sansores San Román destacó el delito de “traición a la patria”, que es contemplado en el artículo 108 de la Constitución, así como en el artículo 123, Fracción I del Código Penal Federal, que dice “traición a la patria, quien realice actos contra la independencia, soberanía e integración de la nación mexicana, con la finalidad de someterla a persona, grupos o gobierno extranjero”.

De inmediato, la Iglesia en Campeche sostuvo: “Acuso a Peña Nieto de traición a la patria porque esta contrarreforma atenta contra nuestra soberanía y nuestra independencia… Acuso a Peña Nieto de corrupción, por su silencio cómplice, por encubrir la corrupción en Pemex y en su sindicato, porque no hace nada para combatirla.

Yo también acuso, como tantos millones de mexicanos a los que la senadora les ha dado voz y dignidad, y en su propia voz ha hecho posible que se escuche la indignación y el reclamo social del pueblo mexicano.

Acuso a Peña Nieto de farsante, porque dice que no habrá privatización. No aparece la palabra privatización en toda la iniciativa. Claro esta es una historia tramposa, engañosa, propia de delincuentes… Acuso a Peña Nieto de irresponsable, por no considerar que las grandes empresas trasnacionales no se van a confomar con llevarse las utilidades de nuestro petróleo.

Acuso a Peña Nieto de traición a la patria, por su servilismo, por su abyección, por su sometimiento a los países extranjeros por entregar el petróleo y la energía eléctrica, por no defender el derecho inalienable en México de mantener su energía”.

Este “yo acuso”, que ya también lo hicieron en su propio estilo por los ex candidatos presidenciales Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, que expone hasta su propia vida, así como por políticos destacados como Manuel Bartlett y Ricardo Monreal, pasará a formar parte de la negra historia reciente del país. Hasta la Cepal, organismo de la ONU, tiene dudas sobre la reforma privatizadora, y dice que México merece un análisis más profundo.

No hay duda el robo más grande la historia parece que se va consumando con la complicidad de los legisladores campechanos, que están a punto de informar, ¿dirán la razón de su dicho por hipotecar eternamente el futuro de la patria?

Nuestra mater patria es lo más sagrado que tiene el pueblo, y se ha mancillado con alevosía y ventaja, con una privatización directa. La historia juzgará a todos, será tarde cuando quieran arrepentirse de haber despojado al pueblo de la riqueza petrolera y la generación de energía eléctrica.

Es muy grave que el Estado abdique de su soberanía, a sus dos grandes sectores estratégicos como lo son los energéticos. Por eso traidores a la patria, y así se les recordará por los siglos de los siglos. Porque las reformas marcan la ruta de la corrupción.

La dictadura legislativa acató la orden perfectamente, sin una voz que osara ofender el casto oído del rey Enrique I de Atlacomulco, digno representante de la fascinación monárquica del Estado de México. Porque cambiaron artículos constitucionales sin consultar al pueblo, actuaron como dueños absolutos y plenipotenciarios, pasando por encima de la voluntad popular.

Son los traidores a la patria, los vende patrias, pandilleros, perversos, sometidos, los acéfalos mancebos, eunucos y entreguistas. Lo más sagrado del pueblo, la madre patria ha sido subastada. La patria vendida ya no nos pertenece. Por eso la rasgada de maquillaje de la diputada campechana, y el maquillaje impermeable del panista, son nimiedades ante el atraco del siglo. Debieron arrancarle la retina, como desgarraron el corazón sangrante de la patria. ¡Traidores!

Eudaldo Chávez Molina

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