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Navidad 2013

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Si digo que no me importa estaría mintiendo, porque la Navidad siempre ha representado para mí algo muy especial, está situada en los últimos días del año que termina, un año que para todos dejó muchas experiencias, para algunos muy tristes y amargas, para otros fue de ilusiones que se cumplieron, todos los deseos que se cruzan son de paz y amor y de muchas peticiones.

Este año he decidido no pedir, sólo voy a dar gracias.

Quiero agradecer el haber nacido en una familia que me quiere tanto, el ser hija única siempre fue un privilegio, y haber tenido dos hermanos aumentó ese privilegio, aprendí a jugar con muñecas de pasta y de aserrín, a volar papagayos en la Plaza de la Campaña en este Champotón que no termina nunca sus atardeceres de románticos pájaros que vuelan a dos luces, de campanas que llaman los domingos a la primera misa, de los vientos del norte que acurrucan a las personas grandes, y a los niños pequeños en las casas tranquilas, al chocolate caliente y las galletas de limón de los primeros años.

A las mañanas de primavera que ya sumaron tantas, a la luz del sol en el verano, al aire con olor a mar, y a flores y a tierra mojada en época de lluvias, al único hombre que me ha aceptado como soy desde hace más de medio siglo.

Quiero agradecer la sonrisa de mis hijos pequeños, y sus lágrimas que los hicieron fuertes en momentos de grandes decisiones que se van repitiendo en cada nieto que me abraza, el haber encontrado mi razón de ser en una hoja de papel en blanco. Y muy adentro de mi alma llevar el recuerdo de mis padres que están conmigo en cada momento de mi vida.

Sí, quiero agradecer a ese niño de amor que nace cada año y nos bendice, el que insista regalando tantos bienes a este pueblo nuestro que a veces se atreve a pedir más.

Aracelly Castillo Negrín

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