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Tiempo de reflexión y convivencia

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Así como el caudal de los ríos avanza, la vida transcurre día a día; el devenir del tiempo sigue sin detenerse. 365 días de esperanza, meses con sorpresas, anhelando salud, trabajo, paz, prosperidad… al fin llega diciembre, y con él un cúmulo de motivos para celebrar. Es el doceavo mes del año, tiempo de fe, alegría, recuerdos y nostalgia.

El ambiente luce con focos multicolores, estrellas radiantes, esferas, coronas de Adviento, campanas, pesebres, flores y regalos. La gente vive estos días con tanta prisa para terminar de adornar la casa, conseguir los obsequios, organizando novenas, posadas, convivios; adquiriendo recetas, ingredientes para los bocadillos y el plato principal del banquete, todo para agasajar a la familia, amigos e invitados.

Son tantas las tareas previas al festejo, que durante el mes de diciembre hay más calles atestadas, mercados, tiendas y plazas comerciales abarrotadas, y si coincide con un dependiente poco tolerante, ¡imagínese! La situación se complica cuando se dejan esas tareas de última hora, la desesperación se hace presente, la paciencia se esconde, brotan emociones negativas y hasta palabras desagradables. Cuando eso pasa, momentáneamente se guardan los buenos modales, el respeto se esfuma, los buenos deseos se convierten en maldiciones… ¿Por qué tienen que ser así las fiestas decembrinas? ¿Algún día podrá evitarse?

Durante todo el mes, predomina el consumismo, las cosas materiales ganan terreno en esta época. Según creencias, costumbres familiares y la religión, las personas participan en los festejos de manera diferente, sin embargo, ¿Cómo vivir las celebraciones sin derrochar tanto dinero?

Estoy convencida —apreciable lector— que también la situación económica es factor clave, gran número de ciudadanos no tienen trabajo, familias en condiciones de pobreza o con escasos recursos, ancianos solos, personas con discapacidad sin empleo, familias desintegradas o con niños enfermos, en fin, muchas personas sin dinero para los regalos, zapatos, vestidos y cena; las fiestas decembrinas no necesariamente tienen que ser costosas. Considero deben ser más espirituales que materiales, vale más la reconciliación entre hermanos que un reloj, el abrazo al amigo de la infancia que una caja de chocolates, la visita a los padres que un pavo o el saludo afectuoso al vecino que una botella de coñac.

Las posadas han iniciado, la víspera de la Navidad se avecina, se añora la llegada del 24 de diciembre, la noche se iluminará con la luz del Creador, las armaduras de las personas se aflojarán, para dar paso a los abrazos y saludos afectuosos. Toda una velada de sentimientos y buenos deseos. El espíritu de la Navidad es como un céfiro de alegrías —aunque a veces también de tristezas— pues, afloran recuerdos de quienes adelantaron su viaje; otras experimentan vivencias de sufrimiento ante la enfermedad de algún ser querido, la pérdida del padre, la pareja o los hijos. ¡No siempre la Navidad es sinónimo de fiesta! No importa, cuál sea el caso, lo mejor es tener voluntad y entregarse plenamente a la celebración del nacimiento de Jesús, un episodio que marca la continuidad de la fe en los creyentes cristianos, acrecienta el amor al prójimo. La Navidad es una bendición para los hombres y mujeres de todas las edades.

Durante los días venideros permita a su corazón ser generoso con los otros, comparta el pan con los que no tienen, confiera lealtad a los amigos, abrace a los pequeños, cuide a su padre, invite a comer a su madre, salude al anciano de la esquina, visite a su hermano, ore por sus seres queridos, eleve su mirada al cielo en busca de la estrella de Belén, su luz guiará el camino en búsqueda de nuevos senderos hacia la armonía.

Los meses pasaron muy rápido, nuevamente las familias tienen inspiración para convivir y compartir momentos de fraternidad, los amigos encuentran en estos días la ocasión para afianzar lazos afectivos, las parejas disponen de un ambiente propicio para reafirmar sus emociones y los niños corren, saltan de alegría en espera de piñatas y regalos.

Estimados directivos de este rotativo y amables lectores, gracias por aceptar este mensaje, por permitirme expresarles mi agradecimiento al abrir sus manos para recibir estas palabras, posar sus ojos en estas líneas y encontrar en esta página deseos sinceros y bendiciones para usted y su familia, una Navidad pletórica de paz, salud, tranquilidad y prosperidad en el año que se aproxima.

La Navidad es la gala de la buena voluntad, tiempo de reflexión, caridad y convivencia.

Teresita Durán Vela

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