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Carmen de la Fuente

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La literatura hispana ha perdido a una de sus creadoras, la generosa Carmen de la Fuente, dueña de una poesía profunda, autora de múltiples ensayos, ícono de las letras mexicanas, se ha marchado de este mundo terrenal para continuar su viaje en el firmamento y guiar con su luminiscencia, el brillo de la palabra. El pasado 13 de octubre emprendió un nuevo viaje….

La esplendidez de la vida me dio la oportunidad de conocerla, apreciar la claridad de su mirada, abrigar la delicadeza de su piel entre mis manos, escuchar de sus labios mensajes de sabiduría y extasiarme con el impulso de sus versos. Fuente viva de las letras, sensible, inteligente y generosa. No hay duda, su sensibilidad ilumina los paisajes más grises o las noches de tormenta; su lúcida inteligencia encumbra su sapiencia y con libertad, deja correr caudales de poemas en los libros.

Carmen de la Fuente nació en 1915. Vivió enamorada de Campeche, su mar, su gente y su riqueza cultural. Una mujer apasionada por las letras, insaciable de la poesía, la narrativa, los ensayos y la lengua española.

Doña Carmen entró con el pie derecho al mundo literario, como dramaturga ha publicado Neruda en el corazón, Entre pasiones, Morir por la patria, Resurrección de Quetzalcóatl, Netzahualcóyotl: la triple alianza. Gracias a su singular cualidad para seducir con las palabras, su mensaje y esencia está impregnada en las estrofas del Himno al Instituto Politécnico Nacional, mismo que se cantó por primera vez en el XXV aniversario de la fundación del IPN.

Su trayectoria como escritora, ha enriquecido el legado de la literatura contemporánea en nuestro idioma: De la llama sedienta (1952), Canto al hombre, Entre combate y tregua, Procesión de la memoria, Canto a Lázaro Cárdenas… son algunos títulos de las obras que coronan su extraordinaria vocación y disciplina en el terreno de las letras. El universo narrativo de esta poetisa, hilvana episodios reales y ficticios en sus versos. Escribió crítica literaria, ensayo, teatro, crónica y literatura infantil; además de poetisa, fue traductora, editora y docente en el Instituto Politécnico Nacional. Esta institución editó Viajera por un siglo, título genérico que en cuatro tomos rescata la mayor parte de su obra.

De Carmen de la Fuente hay mucho que escribir, tanto que decir, pero mucho más que aprender e investigar. Una mujer admirable, tenaz, porque aun cuando formó parte del cuadro femenino de profesionistas del Politécnico Nacional, sus méritos académicos y talento, la condujeron al universo de la literatura castellana y universal. Su sencillez transparenta el conocimiento y en su silencio, la abundancia del lenguaje, dos elementos presentes en los textos surgidos de la inspiración, ordenados por ideas directas del pensamiento que al enlazarse, expresan la profundidad del saber y la superficie de lo real.

Su inquebrantable deseo de trazar significados, crear figuras, esbozar escenarios y moldear en el papel, metáforas en las estrofas, siguen presentes en cada verso, cada línea se desborda en los sonetos o en las décimas para llenar páginas y páginas… quizá ella olvidó el número de obras publicadas, pero su familia, amigos y seguidores, recordarán siempre, que su nombre trascenderá más allá del tiempo; permanecerá en el pasado, vivirá en el presente y trascenderá en el futuro, como aquella luz del viejo faro de la bahía que ha visto partir por centurias a los marinos.

El amor por Campeche cristalizó en sus numerosos viajes, convirtiéndose en consejera y fundadora de Casa Maya de la Poesía (1975) encomienda que honradamente tiene en manos, el poeta distinguido Brígido Redondo desde hace varias décadas. Como él mismo afirmara “cercana a los cien años de vida, es una sobreviviente de esa generación grandiosa, mujer de enterezas rápidas y espíritu insobornable”

Carmen de la Fuente como mujer y escritora, es símbolo de libertad, su canto rebasa horizontes; la suntuosidad de su palabra, advierte el encuentro del lector-escritor para crear en la sintonía del canto de las sílabas, el coro de su amor por esta tierra campechana y la patria. De sus raíces, la pertenencia a su pasado, la defensa de su origen; por sus venas peregrina la pasión de la palabra, esa fuerza interior que mantiene unida al calor de la tierra, los colores de las frutas, el sabor de la cocina, la blancura del vestido y el rojo encendido de las tardes.

Doña Carmen, mujer nonagenaria, valiente, de espíritu insobornable y decisiones firmes, se ha ido, no para siempre. Su legado literario la hace presente, su humildad la engrandece; brillará en el firmamento universal, mientras sus recuerdos reposan en la serenidad de la bahía campechana, su mirada y su voz, en el corazón de los escritores, familias y amigos campechanos.

Descanse en paz. Carmen de la Fuente, ejemplo de lucha femenina.

Teresita Durán

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