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Simulaciones

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“Nada que un hombre haga lo envilece más que el permitirse caer tan bajo como para odiar a alguien. Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando. Soñar con la libertad, soñar con la justicia, soñar con la igualdad y ojalá ya no tuviera necesidad de soñarlas”.

Luther King.

 

Concluye un año y bajo la injusticia de los días heridos sangra un pueblo que decepcionado por la cancelación de su futuro no espera nada, mas que el cese de los agravios, los reclamos, porque Tenabo tiene prisa por avanzar, pero es más grande el afán del engaño y la simulación.

En vísperas de un año que se pinta con el negro del pesimismo de la conciencia de los inconscientes, se lanza un falso mensaje del fariseo del pueblo, el atracador del erario, del que lanza la puñalada en la persecución de los campesinos.

Además, en forma cínica e inmoral los cubre de besos como el Judas que vendió a Jesucristo, convirtiéndose en el ícono de la falsedad de sus palabras, y emulando a Judas en la venta de su dignidad, pero a nombre del pueblo asalta la razón de los sometidos.

Fue un mensaje sin esperanza, frío y ácido que en vez de unificar criterios dispersó ideas desfasadas para dar paso a fácticos deseos empolvados de hipocresía, que a pesar de todo transparentó la maquiavélica intención del falsario mesías de fin de año, escupido bajo la austeridad vergonzante de la ornamentación navideña.

Tal vez un remordimiento de conciencia que no tiene lo obligó a intentar la reconciliación con un sector al que más ha ofendido, pues en nombre de los campesinos se han dado una serie de injusticias, amenazas y atracos a sus derechos.

Pero allí están buscando creer en algo y en alguien, el hambre los hace a veces soportar humillaciones, cuando con las dádivas oficiales se intentan curar heridas sangrantes. A flor de piel está la hipocresía, es la hora de la mentira, de la ofensa y de la ensoñación inútil.

El falsario que cree que con migajas materiales puede revertir el repudio de un pueblo, que también actúa con profundo sentido para hacerle creer que lo quiere, aunque también por la espalda le da la puñalada más profunda.

Y es que los antiguos agravios ni los rescatará ni los registrará el escribano de la corte, aunque el pueblo grite que requiere respuestas que ya no puede esperar. Aunque le hagan creer que el dinero todo lo compra, y que todos tienen un precio, existen honrosas excepciones, y el pueblo lo sabe.

En Tenabo el retrato de la injusticia solamente se retoca y se maquilla bajo el estigma de la fascinación monárquica, bajo el hechizo de la insinuación burguesa. Persiste el trauma del mestizaje, donde muchos creen que por siempre y por decreto de la corte el pueblo tiene que someterse a los designios del dictador, un soberbio empedernido que cree que su autoritarismo es para siempre.

La mediocridad que los persigue no da para más cuando existe un pueblo que clama justicia ante un Gobierno que no los escucha, por eso sigue creciendo el índice de gente agraviada por las distorsiones a la ley que hacen quienes debieran respetarla.

Sin embargo, se respira la urgencia de comprar conciencia y de entregar títulos de nobleza, porque ante el repudio del pueblo les urge dictar al escribano lo que quieren escuchar de los bufones, que ya no lo divierten ni con sus canciones de campaña.

Aún hay mujeres y campesinos afligidos por el abuso de las autoridades y la arrogancia de los funcionarios, que se sienten y actúan como súbditos del monarca. Son los que reciben el dictado de sus inconsciencias, porque tienen prisa por prostituirse.

Qué pena que en este fin de año, cuando deben prevalecer la cordialidad, el diálogo, la fraternidad, y la concordia, se haya recreado el tiempo de guerra. Qué pena que se engañe a los que tienen hambre con un mensaje disfrazado de optimismo, cuando el rostro de la indignación de un pueblo está presente. Y qué pena que mienta en nombre de Dios.

Pero así es la idiosincrasia de los mediocres, de los improvisados, de los que a diario quieren que les digan te preparaste varios años, y con una derrota sean los mejores políticos del patio, porque así se los hace creer su escribano. Y de eso está muy contento el Gobierno, porque están cambiando el rostro inmaculado de este pueblo, por el de un pueblo sumiso y entregado.

Aunque no quisiera, tampoco aprobaré que Tenabo sea declarado capital de la simulación y el saqueo. Ya es una costumbre muy tradicional, pero prefiero disputarles a otros pueblos del Estado el título de Pueblo Mágico, porque con esos artificios y entuertos desaparecen bajo el hechizo los dineros del pueblo. Salud para que esa pompa de soberbia se esfume en el primer sorbo.

Felicidades de corazón en este advenimiento del Creador, y que el año nuevo los nutra de enjundia, coraje y dignidad, para luchar contra las injusticias. Con la esperanza de que despierten de su letargo, pensando que se puede vivir con dignidad, siempre de pie.

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