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Gobernaquía

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Durante mucho tiempo se ha enseñado en las aulas que la forma de gobierno de nuestro país es una República soberana, democrática, representativa y federal, conforme a esto, deberíamos contar con un gobierno caracterizado por la rotación efectiva del poder, direccionada al bien común, producto de la unión libre y soberana de cada uno de los estados del país y donde todos los gobernantes federales, estatales, y municipales, fueran producto de la elección libre, directa y universal de los ciudadanos. Y aquí viene la pregunta ¿es realmente esto lo que tenemos en México? La respuesta colectiva y que casi puedo oír sonar al unísono es NO y ¿por qué?

Para responder esto vayamos por partes ¿Existe rotación efectiva del poder? No, porque los gobernantes suelen ser los mismos, tanto de forma partidaria como personal, los mismos que suben, bajan y regresan a los mismos cargos una y otra vez ¿Está direccionada al bien común? No, se limita a buscar el beneficio personal de quienes se encuentran en la cúpula del poder y para muestra ahí tenemos el caso Elba Esther, Granier, Yarrington y recientemente el escándalo de Oceanografía, entre tantos otros, que ahora han salido a la luz más por política que por sentido de justicia.

¿Existe unión soberana de cada uno de los estados? Claro que no, ahí tenemos el caso de una votación de la reformas que en todos los estados que coinciden con el ahora color presidencial, se hicieron de la misma manera, en minutos, a escondidas y limitando la capacidad de voto de quienes constituyen la oposición y en la cual tristemente Campeche no fue la excepción, ¿Nuestros gobernantes federales, estatales, y municipales, son producto de la elección libre, directa y universal de los ciudadanos? Por supuesto que no, pues son de todos conocidas las miles de formas de inducción al voto que prevalecen en cada elección y las campañas ilegales y legaloides, que bajo el nombre de “guerra sucia” vemos cada período electoral.

¿Pero entonces, cuál es la forma de gobierno real que tenemos en nuestra querida patria? Pues a falta de una definición aceptada por la academia y la doctrina, yo diría que estamos en una “gobernaquía”, una forma de gobierno basada en la tiranía y la anarquía, donde se gobierna con base en infundir miedo y necesidad al pueblo, y sin ningún elemental sentido de justicia y ya no hablemos de virtudes más elevadas como el honor o la sabiduría, las cuales son del todo desconocidas por nuestros gobernantes, quienes olvidaron hace mucho, que un liderazgo político implica primordialmente una visión que tenga un sentido para los gobernados, no para los gobernantes.

Y es por esto que existe tanta inconformidad de parte del pueblo, porque las acciones gubernamentales si bien tienen hartas justificaciones políticas, económicas, históricas, jurídicas y de cualquier otra índole, lo cierto es que éstas sirven sólo al Gobierno, pues carecen de total sentido para la comunidad y es por esto que lo que escuchamos a diario es la inconformidad por las obras y acciones gubernamentales en todo nivel. Tenemos, tan sólo por poner un ejemplo, a las reformas fiscales que obligan, entre muchas otras cosas, a tributar vía electrónica a toda la población, cuando en las comunidades rurales que abarcan la mayor parte de nuestro país, la tecnología es inexistente, sin embargo, esta “modernidad” que les sonó del todo lógica a nuestros gobernantes es por demás un absurdo y una obligación imposible para muchos mexicanos.

Y si miramos a nuestro Estado tenemos ahí también y tan sólo como botón de muestra, la famosa reconstrucción de las murallas que tanta inconformidad genera en la población, la cual de por sí ha manifestado su oposición generalizada a la realización de tales obras y en relación a lo cual, en vez de escuchar al pueblo y replantear los actos de gobiernos, se avientan el tiro de crear un “impuesto adicional” para financiar tal obra, a expensas de los inconformes, y respecto a lo cual por supuesto que de inmediato surgió una gran cantidad de quejas, que en lo personal he escuchado de primera mano de empresarios para quienes sin duda tales acciones gubernamentales no sólo carecen de sentido, sino que les generan más cargas y perjuicios y por tanto profunda molestia y desagrado.

Y ya no hablemos de las acciones municipales de limitar los horarios de trabajo de los comercios, de quitar sus enseres de trabajo a los vendedores ambulantes y de su plan de austeridad que se direccionó a recortar personal, en vez de bajar el sueldo de los funcionarios municipales que en algunos casos en nuestro Estado son realmente insultantes, todo lo cual repito, se encuentra justificado por la ley, por la razón y por la situación económica para los gobernantes claro, pero no así para el pueblo, al cual ni se le escucha, ni se le atiende, ni se le respeta, porque el problema real es que no tenemos un Gobierno, tenemos una “gobernaquía”, y porque la diferencia entre un Gobierno y una “gobernaquía”, no son las condiciones externas de la población, del territorio o de la economía, la diferencia real es que en un verdadero Gobierno el que comanda es un líder, en la otra suele ser un tirano…

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Marcela Polanco Collí

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