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Evaluación para todos

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Soy un convencido de que en nuestro país era necesario, desde hace muchos años, efectuar las reformas que ahora propuso el Gobierno Federal, pero que aprobó el Congreso de la Unión previas modificaciones, en lo que fue posible, para que contuvieran parte del proyecto de cada partido político.

Que afectará la vida cotidiana de todos los sectores de la población, es inevitable. Que pocas veces tantos mexicanos hemos estado del lado de la inconformidad por el efecto de los cambios inherentes a esas modificaciones, también es inevitable.

La turbulencia en aguas que aparentaban estar tranquilas, o que cuando menos ya nos habíamos acostumbrado a convivir con ellas aunque en realidad estuvieran turbias y acumulando movimientos internos e imperceptibles con tendencia a desbordar diques, van a adquirir de manera natural su estabilidad por largo tiempo.
Algunas de estas reformas ya levantan ámpulas sociales, como las educativas, que están uniendo en muchos aspectos a la CNTE con el SNTE. Y habrá qué tener cuidado con ésto. No hay qué ser más papistas que el Papa.

Las evaluaciones docentes están demostrando que miles de profesores no están actualizados y que de esos miles algunos cientos ya no quieren hacerlo, por las razones que fueran.

Las investigaciones que a fondo se realizan están sacando a la luz pública que muchos docentes no cumplen con el perfil adecuado para impartir su cátedra, que cuentan con documentos curriculares apócrifos, y que no están titulados como profesionistas.

A mi juicio sería menos dañino para la paz social que a ese ciclo de enseñanza irregular se le dé plazo corto para que se cierre y se inicie después lo correcto, pero que no se intenten aplicar abruptamente normas que sin duda nos conducirán a mejor educación general.

Que se aplique el mismo criterio anunciado ya para los efectos de reformas con tendencia indudable hacia la generación de empleos suficientes y justos, hacia la menor evasión y elusión de impuestos, hacia telecomunicaciones más amplias y menos onerosas, hacia el abaratamiento de la energía eléctrica y de los combustibles, etcétera, ninguno de ellos inmediatos.
Pero que, además, así como justamente se evaluarán a los maestros, se evalúen a los candidatos a todos los puestos de elección popular, tarea que el INE debería imponer a los partidos políticos que los postulen.

Y no se trata de que sean profesionistas, sino que los postulados a legisladores demuestren conocer las leyes, normas y reglamentos a que estarán sujetos y que probablemente tengan qué modificar o anular; que los que aspiren a presidentes municipales o de juntas municipales, sepan lo indispensable sobre lo siguiente: gobierno y administración; hacienda municipal, leyes y reglamentos municipales; administración de recursos humanos y materiales, formulación de presupuesto de egresos y de ley de ingresos; transparencia e información pública, rendición de cuentas, participaciones estatales y federales, distribución de recursos económicos en su jurisdicción, apegada a fórmulas fiscales establecidas; otras u otros. Si así se hiciera mediante diplomados o cursos emergentes, no tendríamos a tantos funcionarios públicos ineptos e irresponsables.
Si así se hiciera, entonces creeríamos que son justas esas reformas aplicadas apresuradamente al gremio magisterial.

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