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La opinión que vale

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No son los gobernadores de otros estados quienes con sus opiniones legitiman el trabajo del mandatario de Campeche, Fernando Ortega Bernés. Quizá validas sean algunas declaraciones de líderes sociales como testigos; la versión de los políticos con cautela se valora, pero son los beneficiarios quienes con sus vivencias prueban que lo hecho valor supremo tiene.

De la crítica adversa de políticos se deduce que conforme a sus intereses se manejan; confiables no son tampoco, aunque utilizan todo a su alcance para marcar su inconformidad sin fundamento, en la mayoría de los casos.

Cierto, muchos protestaron insistentemente por los perjuicios provocados por las obras urbanas, como la construcción del megadrenaje, cuya ejecución torturante e interminable parecía: polvo durante el día, ruido de la maquinaria, lodo por las primeras lluvias, el paso limitado de los vehículos por el funcionamiento de un carril convertido en doble sentido; el retraso de los transportes por el lento avance de la circulación.

Hoy cambiaron de opinión: sus rostros serios se han transformado con sus sonrisas; la inconformidad marcada, hoy son palabras de gratitud; los insultos por la desesperación e impotencia ya no se escuchan más, porque las obras y sus resultados son más elocuentes con sus beneficios.

Son vecinos, comerciantes, que a la vera del drenaje viven; son ellos, quienes sus rechazos  diluyeron con el paso del tiempo; sólo ellos, directamente, quienes de las bondades de una obra magna ahora festinan, porque con recursos estatales y federales se resolvió el añejo pedimento de un drenaje  que los salvara de inundaciones implacables que las lluvias cada año provocaban.

Son ellos y nadie más que ellos, cuyas ventas decayeron, y sus clientes se alejaron obligados por la construcción de tan magna obra. Ahora la normalidad se observa como si el pasado no existiera Se aprendió bien que toda obra sus perjuicios son pasajeros; pero después sus beneficios son cuantiosos. Afortunados estos ciudadanos por contar con un sitio donde la inversión fue cuantiosa y cuyo privilegio otros lo desean.

Pero son también los turistas y visitantes, quienes en su caminar por la ciudad contemplan los lienzos de murallas majestuosas con historia. Son testigos fieles de una ciudad cada vez más bella y admirada por sus fuertes remozados y monumentos restaurados; todos los discursos sin palabras que trascienden hasta la imaginación, para vivir las escenas de piratas.

Son los visitantes. Ellos, los que con sus opiniones definen el parámetro puntual del impacto e impresión prodigado por los baluartes  que ahora lucen imponentes, donde millones de pesos se han invertido para rescatarlos en parte; aunque se destruyó más, por decisiones equivocadas que mutilaron más evidencias de la historia: rescatarlas cuesta mucho; por lo mucho, es de valor incalculable.

Son los turistas, cuya afluencia en ascenso augura buenos tiempos, atraídos por las bellezas naturales y culturales, por la mejoría en el Centro Histórico, por las obras urbanas que embellecen: en suma todo contribuye para que el paseante, viajero o visitante, con sus cámaras fotográficas, capten cada día las imágenes que compartirán en sus países. Quizá sin saber o sabiendo, coadyuvan con la promoción de Campeche, cuyo tesoro ha dejado de ser escondido para aflorar su imagen atractiva y sin par.

Son ellos, andantes extranjeros, cientos y miles quienes caminan por las calles empedradas de nuestra legendaria ciudad, donde la tranquilidad se respira y la singular seguridad es vigente todavía.

Pero son también los jóvenes estudiantes quienes sustentados por las becas, su preparación no se detiene: son evidencias reales y tangibles, al igual que los activos campesinos con su producción ascendente y variada, acrisolan que el desarrollo cuesta, pero se alcanza.

Rogelio May Cocom

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