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El valor de la palabra escrita

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En la entrega anterior decía yo que seamos como seamos, ordenados o no, hay algo que no debe perderse: nuestra función como padres.

La tutela de los hijos conlleva una serie de obligaciones y entre ellas creo que la más complicada es la de educar.

Para nadie es nada nuevo que la educación comienza en casa, continúa en la escuela y se refleja en todos los ámbitos.

Tampoco es novedad decir que nada enseña mejor que el ejemplo.

Pero el quid del asunto es que ser un padre ejemplar, aparte de ser difícil, resulta bastante aburrido.

Pero si no actuamos como debe de ser: ¿en dónde quedaría la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace? En verdad no es nada fácil.

Enfoquémonos nuevamente en el aspecto educativo:

  1. a) Existe en nuestros días un alto porcentaje de alumnos con déficit de atención: ¿Consecuencia de tantos distractores electrónicos?
  2. b) Existe también un alto porcentaje de jovencitas —casi niñas— embarazadas. No sé qué piense usted, pero yo he caído en la cuenta de que: a mayor educación sexual, mayor proliferación de casos.

Otra vez los medios vuelven a ser factor, porque parece que en ellos no se da educación sexual, sino incitación sexual. (Nomás cheque los comerciales de “alta sensibilidad”).

Ojalá no sea tarde para retomar el valor de la palabra escrita. Infundir en nuestros hijos el interés hacia los buenos libros que, a pesar de todo y contra todo, jamás perderán su esencia formativa e informativa.

Para no perdernos más y reiterando la importancia del legado gráfico, quiero dejar tres poemitas que espero puedan servir de algo en los jóvenes estudiantes. Éstos dicen así:

 

LEE BASTANTE

Un alumno —por saber—

preguntaba preocupado:

¿Cuánto debo de leer

para verme realizado?

 

“Mucho hay que leer en la vida

(con ahínco y con fervor).

Para el saber no hay medida

y entre más sepas, mejor.

 

ESTUDIA CON FE

No estudies para “pasar”

(cualquiera lo puede hacer)

Si en serio quieres triunfar

estudia para aprender.

Sólo así podrás luchar

en el campo del saber,

que es donde hay que demostrar

lo que uno puede valer.

 

LAS RAZONES

DEL ESTUDIO

Se estudia para aprender.

Se aprende para aplicar.

Se aplica para servir.

Se sirve para ganar.

 

Se gana para alcanzar

confort en el existir;

o al menos para lograr

ser útil en el vivir.

(continuará).

Manuel Ayuso Barrera

 

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