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Seamos autocríticos

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Entender que el entorno social donde laboramos nos compromete a cambios profundos en actitudes, responsabilidades y hábitos, nos invita a abrirle paso a un valor al que habitualmente le rehuimos: la autocrítica. Atrevámonos a emitir todos los días un juicio de nuestros actos. Asumirla con amplio criterio e inquebrantable decisión de ser congruentes con nosotros mismos.

Visualizarla como un ejercicio permanente de hacer a un lado nuestra malentendida autosuficiencia. La autocrítica es un activo de la voluntad del cambio. Incentivemos nuestra autoestima hacia uno mismo, hacia nuestra manera de ser y de desenvolvernos. Es un clamor de la sociedad en la que hoy atestiguamos una creciente desintegración familiar, mayor descomposición social y, lo más lamentable, pérdida de la capacidad de asombro, ese rasgo sensible que humaniza la mirada y matiza la certidumbre del conocimiento.

Ante las diversas expresiones sociales, hagamos de la autocrítica un ejercicio responsable que enriquezca el debate público, desprovisto de posturas descalificatorias. Requerimos ascender al debate inteligente, edificante, que nos precie de ser una sociedad constructiva. Decir los cómos nos acredita planteando alternativas de solución. Habremos de asumirlo en busca de escalar a un marco de perfectibilidad para encarar con éxito los retos que nos rodean.

Vemos, por ejemplo, en la oratoria del santo padre Francisco un ejercicio autocrítico hacia adentro del Vaticano. Sus reflexiones, que en otros tiempos fueron tabú para la iglesia, han permeado entre millones de fieles y generado un espíritu de mayor esperanza.Él ha seguido su propio consejo.

Hoy ante los grandes cambios sociales, pero también como un proceso de revisión personal, estamos obligados a romper paradigmas. Es la base de la superación personal, entendiendo que la realidad no es estática, sino que se encuentra en un cambio constante. Por ello, la autocrítica debe ser un ejercicio reflexivo de nosotros mismos para aperturarnos con éxito y sin mayores complejos a lo demandante de nuestro tiempo.

Seamos más autocríticos en nuestros centros de trabajo, en nuestras casas, en el quehacer cotidiano, porque con este ejercicio crecemos, damos espacio a nuestra capacidad de reflexionar, así como de reconocer y corregir lo que está mal y así ascender a un estatus diferente: la razón de ser.

Gloria Soledad López Pacheco

 

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