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Galimatías políticas

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Los embrollos son colosales en todos los niveles de la política mexicana. Desde la polémica desatada por el relator de la ONU, Juan Méndez, cuando lanzó el exabrupto de que en México la tortura es generalizada y luego, ante el justificado y respetuoso reclamo protocolario correspondiente, reacio a reconocer su error, revira con otra sandez al declarar que el Gobierno mexicano se muestra renuente al escrutinio  internacional.

Pero luego, pretendiendo justificarse menciona los señalamientos de mecanismos de Naciones Unidas sobre la crisis de derechos humanos detectada por el Comité contra la Desaparición Forzada, que concluyó que en México persiste “un contexto de desapariciones generalizadas en gran parte del territorio (…) muchas de las cuales podrían calificarse como desapariciones forzadas”.

¿Es incapaz este señor investido de poder internacional de admitir que en este caso que él mismo menciona se indica primero que ese contexto se da “en gran parte del territorio nacional”, y luego termina con una frase no concluyente de que “muchas de las cuales podrían …”? La ONU, de la que México es puntual contribuyente para su sostenimiento y también respetuoso de sus compromisos globales, debería ser más escrupulosa en la selección de sus relatores o visitadores.

De la ONU misma se acaban de dar recomendaciones al Gobierno mexicano para que no cierre el expediente de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y que prosiga con la investigación correspondiente: ¿de qué forma señores, con base en qué y hasta cuándo?

A nivel nacional se da también este tipo de exabruptos, pues un visitador de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos llegó a Ciudad del Carmen a investigar las causas y las consecuencias reales de una reciente explosión en una plataforma petrolera, pero lo hizo en un día no laborable y entonces se quejó de la negativa de Pemex a dar informaciones al respecto, porque el guardia de turno obviamente no le dio explicaciones, primero porque no sabía y luego porque no debía.

Y en nuestro Estado tampoco cantamos mal las rancheras, pues el candidato del PAN a la gubernatura convoca a los otros candidatos de la oposición a unirse a su partido, porque “solos no tienen la mínima posibilidad de derrocar a la primera fuerza política de la entidad” , es decir, que ¿el PAN solo sí podría?. En principio yo le diría que en vez de proponer mafufadas se ilustrara más, pues se derroca a quien está en el poder, no a quien pretende estar. Y abunda este señor en sus desatinos cuando menciona como “novedosas” propuestas la de habilitar una línea telefónica para atención médica, una campaña de esterilización de perros, …:¡ Dios mío, a qué nivel de política ha descendido el PAN!

Por su parte, la candidata de Morena justifica su oposición a la firma de civilidad propuesta por la autoridad electoral “porque la civilidad no se decreta, sólo se ejerce…”, pero confunde una propuesta o invitación a firmar ese documento con un decreto, figura jurídica para la cual ese órgano electoral está desautorizado legalmente.

Ante este sombrío panorama de nuestro futuro le doy la razón a Catón por el título de su columna periodística: “De política… y cosas peores”, porque efectivamente hay cosas peores que la política.

Fernando Almeyda Cobos

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