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Barbas, puras barbas

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Hay una nota en las redes que ha de estar sacudiendo a millones de personas que habitan en este planeta.

Pero antes: si es usted una persona muy recatada o muy escrupulosa, evítese la molestia de  leer este articulejo porque su final pudiera incomodarle.

Empezaré literalmente hablando desde el principio, o sea, desde Adán hasta Fidel Castro, pasando por todos aquellos que han tenido la dicha o la desdicha de rasurarse casi todos los días o dejar de hacerlo.

Parece ser que —según la leyenda— fue Quetzalcóatl quien dijo: “Vendrán seres barbados de ultramar…”, profetizando así la llegada del conquistador y sus tropas. De allá que muchos historiadores coincidan en que los mexicanos somos —de un modo o de otro— descendientes de Cortés y La Malinche.

Desde luego que en esta lista no se incluye a los emperadores aztecas, pues si el papá de Cuauhtémoc no alcanzó a mezclarse con una española, el papá de Acamapichtli menos.

Pero ¿a qué se debe todo este rollo? Al hecho de que al fusionarse las dos razas fue disminuyendo el número de lampiños y a la par fue creciendo el de barbones.

¿Y eso qué? ¿Cómo que qué? Pues la famosa nota que menciono arriba dice lo siguiente: “Estudios recientes demuestran que hay más bacterias en la barba masculina que en la popó”.

Díganme si no es para preocuparse. Pero ¿por qué el hombre no se rasura la barba?

Aquí le van —las que según yo— son las seis únicas razones: por flojera, porque siente que le queda bien, porque cree que le da un toque más viril, porque su esposa le pide que no se la quite (aunque esto es más común cuando se trata del bigote), porque le da un aire de intelectualidad o porque le duele gastar en las cada vez más caras y menos rendidoras hojas de afeitar.

Bueno, como quiera que sea, ahí queda la maligna frase y también las rimas que habrán de quitarle el sueño o las barbas a más de cuatro. Y dicen así…

 

Si esto no es puro borlote

y la noticia es formal,

ya me imagino el caudal

que ha de haber en el bigote.

 

Pero ojalá sea ficción

todo esto que les digo:

para que esta conmoción

no agrave la situación

ni llegue al sur del ombligo.

Manuel Ayuso Barrera

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