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El fin del camino

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Al final del camino: algunos quedaron igual, otros lograron más adeptos, incluidos están los que sólo se movilizaron poco quizá por su escasa organización y nula estructura; unos se desprestigiaron por el perfil de sus candidatos, y también destacaron los que avanzaron por sus propuestas, proyectos viables derivado de un conocimiento amplio de las necesidades del Estado, resultado de una campaña intensa omisa de agresiones, mentiras y argucias, entre una sociedad cansada de discursos beligerantes y de la violencia amarga.

Diferente a otras campañas cuando el PRI ha sido el único blanco de ataques de los demás, en esta la confrontación se dio también entre algunos partidos y surgieron verdades que dañaron a algunos candidatos que, creyéndose limpios de su pasado, enfocaron también sus ataques hacia el más connotado, al cual por las encuestas publicadas indudablemente ganará las elecciones del próximo 7 de junio: Alejandro Moreno.

Tras las campañas y la jornada electoral las aguas volverán a su cauce, y el ganador, cuya inteligencia y conocimiento ha mostrado durante sus 23 años de trabajo arduo, como ha dicho, gobernará para todos: para los que perdieron, para los que atacaron sin reserva, para los que dudaron de su arraigo y avance, para los que no votarán, para los resentidos que finalmente deben aceptar la realidad para continuar con la convivencia necesaria y para la gente que le tuvo fe desde el inicio de su carrera política.

Por la evidencia, es conocido que muchas familias campechanas durante las campañas se dividen por sus preferencias hacia determinado candidato, algunas más llegan a discusiones acaloradas, otras expresan su interés en algún partido, sin llegar a las ofensas; hay quienes se distancian y prefieren no abordar tema electoral alguno entre sus familiares, para evitar fricciones que inhiban la convivencia.

Pequeño es nuestro Estado —en población no en extensión territorial—, donde con legítimo derecho todos los partidos con esfuerzo prologan su vida y registro, pero las divisiones internas a la hora de seleccionar a sus candidatos los debilitan a causa de intereses oscuros. Desprovistos de la unidad, las campañas para convencer al electorado y llegar a cargos de elección popular se vuelve guerra muchas veces sucia, sin faltar el “fuego amigo”. Al final, ganen o no, venganzas y odios deben ser sepultados para potenciar la paz y un buen gobierno.

Reiteradas veces en periódicos nacionales, regionales y locales, el eco es insistente: los partidos han perdido credibilidad, y la sociedad con inteligencia trata de poner su mirada en el hombre más ecuánime, congruente y responsable, con visión y metas factibles de alcanzar y con iniciativa para empujar al Estado hacia horizontes prósperos.

El campo de batalla fue todo el territorio campechano, y no todos llegaron hasta lo más recóndito, pero alguien lo hizo y sin duda recibirá votos. Las actas de escrutinio dirán que el ganador será el que trabajó más y no perdió tiempo en confrontaciones verbales infructuosas, ni en la búsqueda de mentiras para presentarlas como verdades, tampoco en ataques hirientes sin evidencias.

Rogelio May Cocom

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