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El ejemplo empieza en casa

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Tuve un domingo de contrastes. Como es costumbre, me levanté a buscar mi TRIBUNA para desayunar tranquilo y estar al día en las noticias. Leí la homilía del ausente padre Sebastián Korczak, hablando de la Santísima Trinidad y de la tarea tan grande que Jesús dejó a sus discípulos de evangelizar y llevar su palabra de amor, con humildad, a todos los rincones del mundo.

Sin embargo, como desde hace un par de semanas está en boca de todos los campechanos el conflicto entre la congregación Salvatoriana y el obispo, decidí darme una vuelta por la Catedral para ver y diferenciar entre la homilía matutina y la que ofrecerían ahí. Vaya que fue grande mi sorpresa cuando sin decir agua va, nuevamente a través de un personero, el obispo hizo pública otra de sus cartas de “apoyo” de esta comunidad que tanto ha dañado y dividido.

Fue la misma cantaleta. Que el obispo ha sido atacado, difamado y calumniado, para luego hablar de misericordia y obediencia. Ante un hecho en el cual el obispo fue exhibido mintiendo públicamente —y varias veces—, ¿por qué seguir mintiendo diciendo que lo atacan? Los videos de los hechos están a la vista y, por lo mismo, dudo que se le difame y calumnie como pretende hacer creer. Después de esa ventaneada pública, es inadecuado hacerse al mártir. La mayoría de los campechanos coincide en que debería ser humilde y ofrecer una disculpa pública.

Y no tiene caso que siga insistiendo en martirizarse y flagelarse diciendo que lo calumnian, porque en los hechos él sacó arbitrariamente al padre Korczak de los colegios, y montado en su soberbia, pidió su salida de Campeche. ¿Acaso eso es congruente con las doctrinas de Jesucristo expresadas en el Nuevo Testamento? Desde luego que no, y menos aún con las posturas que el Papa Francisco ha recomendado a los obispos reflejar en todo momento.

Me dirá usted, amable lector, que soy muy duro al llamar soberbio al obispo, pero considerando el buen trabajo que el sacerdote polaco realizó en ambos colegios, el apoyo, agradecimiento y cariño que le guardan ahí los padres de familia, la feligresía que rescató en la iglesia de San José Obrero, las instalaciones de primer mundo que dejó en ambas escuelas, ¿había alguna razón para correr al padre Korczak? Desde luego que no, por el contrario, había demasiadas para reconocer y agradecer el trabajo que hizo en Campeche, pero que al obispo no le importó.

Y la solución al problema tan grande que el obispo ha creado en la iglesia de Campeche la puede encontrar en el mismo Nuevo Testamento, pues precisamente la acaba de recitar en el evangelio de la semana pasada: humildad y misericordia. Dos características que tenía el padre ausente, pero que en este “pastor” no las vemos por ningún lado.

En ese evangelio que nos viene recetando desde hace varias semanas con motivo de la Cuaresma, Semana Santa, Pascua y Pentecostés está la respuesta. Hay que ser humilde, pero como lo fue Jesús, o como lo son todos esos a los que pide obediencia. No predicar de dientes para afuera y luego irse a refrescar en ese palacio de Santa Lucía a bordo de una suburban con chofer. Desde luego. Seguimos esperando que reconozca su error: mintió.

Estoy seguro que a donde quiera que vaya el padre Sebastián Korczak seguirá con la tarea que narró en su homilía, evangelizando y llevando la palabra de amor de Jesucristo, y no tardaremos en enterarnos que en alguna otra ciudad levante una nueva capilla, escuela, iglesia, preparatoria… algo levantará, como innegablemente lo hizo aquí. Los campechanos sabemos y lamentamos que perdimos a un buen hombre.

Dudo mucho que el obispo José Francisco González González pueda igualar la obra que hizo Korczak. De hecho lleva más de un año aquí y no encuentro motivo para agradecerle algo que haya hecho por esta comunidad. Y si sigue leyendo sus misivas en la iglesia, creo que la gente dejará de asistir. Después del circo que vi el domingo en verdad dudo regresar, por lo menos a Catedral.

¿Misericordia y obediencia? El ejemplo empieza en la casa. Que empiece el obispo por obedecer los mandatos de Jesús y los del Papa Francisco. Tal vez así algún día le llegue la misericordia.

 

Correo electrónico: [email protected]

Twitter: @sansopelochas

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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